PAZ TOTAL
EN COLOMBIA
(2022–2026):
Balance crítico de su diseño, implementación y resultados
La política de “Paz Total” del gobierno del Pacto Histórico constituye
uno de los experimentos más ambiciosos en la historia reciente de Colombia en
materia de resolución de conflictos armados.
Este ensayo ofrece un balance crítico de sus fundamentos normativos, su
implementación operativa y sus resultados empíricos, con énfasis en tres
instrumentos clave: los ceses al fuego, la figura de gestores de paz y la
suspensión de órdenes de captura. A partir de fuentes institucionales y
reportes recientes, se argumenta que, aunque la política ha logrado avances en
términos de apertura de diálogos y legitimidad internacional, presenta
inconsistencias significativas en su ejecución, especialmente en la verificación
de compromisos, la coherencia jurídica y el control territorial.
La principal conclusión es que la Paz Total ha sido una política con alta
legitimidad normativa, pero con limitada eficacia operativa.
Palabras clave: Paz Total, ceses al fuego, gestores de paz, suspensión de
captura, conflicto armado, Colombia.
1. ENTRE LA INNOVACIÓN POLÍTICA y la FRAGILIDAD INSTITUCIONAL
La política de Paz Total impulsada por el gobierno de Gustavo Petro
representa un intento de reconfigurar el enfoque tradicional de negociación del
conflicto armado en Colombia. A diferencia de modelos previos —como el
desarrollado durante el proceso con las FARC-EP—, esta estrategia se fundamenta
en la simultaneidad de diálogos con múltiples actores armados, tanto de
naturaleza política como criminal.
Este giro se institucionaliza con la Ley 2272 de 2022, que amplía el
marco jurídico de la política de paz, habilitando instrumentos diferenciados
para negociación y sometimiento. No obstante, esta expansión normativa ha
planteado desafíos sustantivos en términos de gobernabilidad, coordinación
interinstitucional y coherencia jurídica.
2. ARQUITECTURA NORMATIVA: Expansión de instrumentos y ambigüedad
regulatoria
La Ley 2272 de 2022 introdujo una arquitectura flexible que reconoce la
heterogeneidad de actores armados en Colombia. Este marco permite, por un lado,
negociaciones políticas con grupos insurgentes y, por otro, procesos de
sometimiento a la justicia para organizaciones criminales.
Sin embargo, esta flexibilidad normativa generó una ambivalencia
estructural: el Estado amplió su capacidad de interlocución sin desarrollar
simultáneamente mecanismos suficientemente robustos de regulación, verificación
y sanción. En consecuencia, la política operó en múltiples escenarios con
niveles desiguales de institucionalización, lo que debilitó su coherencia
interna.
3. CESE AL FUEGO: Entre la coherencia declarativa y la fragmentación
operativa
Los ceses al fuego constituyen uno de los pilares de la Paz Total. Su
propósito ha sido reducir la intensidad del conflicto y generar condiciones
para el diálogo. En términos parciales, algunos datos sugieren efectos
positivos: según el informe La paz ¿cómo vamos? (2025), se registró una
disminución del 3,2 % en violaciones al cese al fuego entre 2023 y 2024, así
como una reducción del 4,7 % en acciones hostiles.
No obstante, estos resultados deben interpretarse con cautela. La
implementación de los ceses ha sido heterogénea, con mecanismos de verificación
robustos en algunos procesos (como el del ELN) y notablemente débiles en otros,
especialmente en diálogos urbanos y con estructuras criminales.
Adicionalmente, la fragmentación interna de los grupos armados
—particularmente en las disidencias de las FARC— ha producido una “geometría
variable” de los ceses: acuerdos nacionales que, en la práctica, se suspenden o
incumplen en territorios específicos. Esta inconsistencia ha limitado su
impacto estructural y ha permitido la persistencia de dinámicas de violencia.
4. DINÁMICAS DEL CONFLICTO: Expansión armada y crisis humanitaria
Uno de los principales indicadores de la efectividad de la política de
paz es su capacidad para contener o reducir la violencia. En este punto, el
balance es crítico.
Según la Fundación Ideas para la Paz (2026), los grupos armados ilegales
alcanzaron más de 27.000 integrantes, lo que representa un incremento del 23,5
% en comparación con el año anterior. Este crecimiento evidencia una expansión
organizativa y territorial que contrasta con los objetivos de la Paz Total.
Asimismo, la Defensoría del Pueblo reportó que, durante la crisis del
Catatumbo en 2025, más de 64.000 personas fueron desplazadas y más de 16.000
confinadas. Este episodio constituye una de las mayores crisis humanitarias
recientes y revela la persistencia de disputas armadas en territorios
estratégicos.
En términos de derechos humanos, la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos documentó 63 masacres en 2025, así
como un alto número de asesinatos de líderes sociales y firmantes del acuerdo
de paz. Estas cifras indican que la reducción de hostilidades no se tradujo en
una disminución sustantiva de la violencia estructural.
5. GESTORES DE PAZ: Funcionalidad política y debilidad jurídica
La figura de gestores de paz ha sido uno de los instrumentos más
controvertidos de la política. Su propósito es facilitar procesos de diálogo
mediante la participación de actores con capacidad de intermediación, incluso
cuando estos se encuentran privados de la libertad.
Desde el punto de vista jurídico, esta figura tiene antecedentes
normativos, como el Decreto 1175 de 2016. Sin embargo, su expansión durante el
actual gobierno ha generado cuestionamientos sobre su uso.
El principal problema radica en su progresiva desinstitucionalización: en
varios casos, la designación de gestores no ha estado acompañada de rutas
claras de sometimiento, compromisos verificables ni mecanismos de rendición de
cuentas. En escenarios urbanos como Medellín o Quibdó, esta situación ha
generado incertidumbre jurídica y ha debilitado la legitimidad del proceso.
6. SUSPENSIÓN DE ÓRDENES DE CAPTURA: Tensiones entre paz y legalidad
La suspensión de órdenes de captura es uno de los instrumentos más
sensibles de la Paz Total. Si bien la Ley 2272 de 2022 autoriza su uso para
facilitar negociaciones, la Corte Constitucional de Colombia, en la Sentencia
C-525 de 2023, estableció límites claros: la medida debe ser excepcional,
motivada y sujeta a control judicial.
En la práctica, este instrumento ha generado tensiones entre el Ejecutivo
y las autoridades judiciales. Casos recientes han evidenciado el riesgo de que
actores armados mantengan su capacidad operativa mientras se benefician de la
suspensión de captura, lo que debilita la credibilidad del proceso.
La tensión estructural es evidente: mientras la lógica política busca
flexibilizar la acción penal para facilitar la paz, el orden constitucional
exige garantías de legalidad, proporcionalidad y control judicial. La falta de
equilibrio entre estos principios ha generado inconsistencias en la
implementación.
7. COHERENCIA e INCONSISTENCIAS DE LA POLÍTICA DE PAZ TOTAL
Desde una perspectiva analítica, la política presenta elementos de
coherencia e inconsistencia que deben ser diferenciados.
COHERENCIA:
1. Reconocimiento de la complejidad del conflicto armado contemporáneo
2. Diversificación de instrumentos de negociación y sometimiento
3. Reposicionamiento de la paz como eje central de la política pública
4. Internacionalización del acompañamiento y verificación
INCONSISTENCIAS:
1. Desigualdad en los mecanismos de verificación de ceses al fuego
2. Expansión normativa sin fortalecimiento institucional equivalente
3. Ambigüedad jurídica en la figura de gestores de paz
4. Tensiones entre el Ejecutivo y el sistema judicial
5. Incapacidad para contener la expansión territorial de grupos armados
8. A MANERA DE CIERRE:
Legitimidad normativa sin consolidación territorial
El balance de la Paz Total no puede reducirse a una dicotomía entre éxito
y fracaso. Se trata, más bien, de una política que ha logrado avances
significativos en el plano normativo y político, pero que enfrenta serias
limitaciones en su implementación.
La principal lección es que la paz no puede sostenerse únicamente sobre
la voluntad política o la apertura de diálogos. Requiere, de manera
imprescindible, una capacidad estatal robusta que garantice control
territorial, verificación efectiva, coherencia jurídica y coordinación
interinstitucional.
En ausencia de estos elementos, la negociación corre el riesgo de
convertirse en una gestión transitoria de la violencia, más que en un proceso
de transformación estructural del conflicto.
CARLOS MEDINA GALLEGO - Historiador- Analista Político
REFERENCIAS (formato APA 7)
1. Corte Constitucional de Colombia. (2023). Sentencia C-525/23.
2. Defensoría del Pueblo. (2025). Informes de crisis humanitaria y
violencia en Colombia.
3. Fundación Ideas para la Paz. (2026). Dinámicas del conflicto armado en
Colombia.
4. Ley 2272 de 2022. Por medio de la cual se modifica la Ley 418 de 1997.
5. Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos. (2026). Informe anual sobre Colombia 2025.
6. Pares & Vivamos Humanos. (2025). La paz ¿cómo vamos? Radiografía
de los procesos de diálogo en Colombia.
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