LA PAZ
TOTAL EN COLOMBIA: AVANCES PARCIALES, FRAGMENTACIÓN ARMADA E INCERTIDUMBRE
POLÍTICA
Una lectura de abril y mayo de 2026
La política de “Paz Total” impulsada por el gobierno de Gustavo Petro
atraviesa, durante los meses de abril y mayo de 2026, uno de sus momentos más
complejos y decisivos.
A pocos meses del cierre del actual gobierno y en medio de una intensa
campaña presidencial marcada por la polarización política, el proceso de
negociaciones con distintos grupos armados ilegales presenta un balance
ambiguo: algunos avances humanitarios y territoriales conviven con profundas
dificultades jurídicas, operativas y políticas que ponen en duda la
sostenibilidad de los diálogos en el mediano plazo.
La Paz Total fue concebida desde 2022 como una estrategia integral
destinada a negociar simultáneamente con organizaciones insurgentes,
disidencias y resurgencias armadas, estructuras narcotraficantes y bandas
criminales urbanas, bajo el supuesto de que el conflicto colombiano ya no podía
abordarse mediante una sola mesa de negociación o exclusivamente desde una
perspectiva militar.
La Ley 2272 de 2022 permitió ampliar los instrumentos jurídicos del
Estado para establecer conversaciones políticas y procesos de sometimiento
sociojurídico con distintos actores armados.
Sin embargo, hacia abril y mayo de 2026, la política enfrenta tensiones
derivadas de la fragmentación de los grupos armados, la persistencia de
economías ilícitas, las disputas territoriales y las limitaciones
institucionales del Estado para garantizar implementación, control territorial
y seguridad para las comunidades.
LAS PRINCIPALES MESAS DE NEGOCIACIÓN
Durante este periodo, el Gobierno mantiene abiertas distintas mesas de
conversación y espacios sociojurídicos con actores armados de naturaleza
diversa.
ELN: ENTRE EL ESTANCAMIENTO Y LA DESCONFIANZA
La mesa con el Ejército de Liberación Nacional continúa siendo la más
emblemática y al mismo tiempo una de las más inestables. Aunque en años
anteriores se logró un histórico cese bilateral al fuego de un año y un acuerdo
de participación de la sociedad civil las conversaciones entraron en
crisis debido a incumplimientos, ataques armados y diferencias sobre el modelo
de negociación.
En abril y mayo de 2026 persisten dificultades relacionadas con: La falta
de confianza entre las partes; las disputas territoriales entre el ELN y
disidencias de las FARC en regiones como Catatumbo y Arauca; La presión militar
sobre algunas estructuras y la dificultad para mantener mecanismos efectivos de
verificación.
El ELN insiste en discutir transformaciones estructurales del Estado y
reformas económicas y sociales, mientras sectores institucionales y de
oposición consideran que la negociación se ha prolongado sin resultados
definitivos. A ello se suma la preocupación por la expansión territorial del
grupo durante el periodo de negociación.
El proceso con Comuneros del Sur, una disidencia del ELN, se mantiene en
medio de grandes dificultades jurídicas para avanzar.
EL ESTADO MAYOR CENTRAL (EMC)
La negociación con las disidencias agrupadas alrededor del denominado
Estado Mayor Central ha sufrido fuertes fracturas internas. La división entre
sectores cercanos a alias Iván Mordisco y otros mandos regionales (Calarcá)
produjo rupturas operativas y enfrentamientos internos.
En 2026 el gobierno mantiene conversaciones con algunos sectores
disidentes que aún aceptan mecanismos de diálogo, mientras desarrolla
operaciones militares contra otras facciones consideradas responsables de
ataques terroristas y expansión narcotraficante.
La situación se agravó tras hechos violentos ocurridos en distintas
regiones del país, incluidos atentados y acciones armadas registradas durante
abril de 2026, en el sur occidente del país en los departamentos de Cauca y
Nariño.
Las principales dificultades de esta mesa son: Fragmentación del mando
insurgente; falta de unidad política solida; dependencia estructural de la
económica del narcotráfico; autonomía regional de los frentes; Escasa capacidad
de los mandos para imponer decisiones sobre diálogo y paz.
Esto ha llevado a que la negociación funcione más como múltiples diálogos
territoriales que como una mesa nacional coherente.
SEGUNDA MARQUETALIA
El proceso con la Segunda Marquetalia continúa "formalmente
abierto", aunque con avances limitados y dificultades relacionadas con la
pérdida de cohesión de la organización por los golpes que ha sufrido está
resurgencia.
El debilitamiento militar y las disputas internas han reducido la
capacidad de interlocución política de esta estructura. Aun así, el Gobierno
sostiene canales de comunicación orientados a acuerdos humanitarios, reducción
de hostilidades y posibles mecanismos de reincorporación.
La incertidumbre sobre el liderazgo real de la organización y su
capacidad efectiva de control territorial sigue siendo uno de los mayores
obstáculos.
La segunda Marquetalia es el grupo de Iván Márquez, que
prácticamente está desmantelado. El resto de esa segunda Marquetalia está
agrupado en la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano que dirige Walter
Mendoza. En la práctica no hay diálogos con ellos
DIÁLOGOS CON EL CLAN DEL GOLFO
Uno de los hechos más controversiales de mayo de 2026 ha sido el avance
de conversaciones sociojurídicas con el Clan del Golfo, considerado el grupo
narcotraficante más poderoso del país.
El Gobierno anunció la creación de zonas de ubicación temporal para
aproximadamente 400 integrantes de la organización, en una apuesta por iniciar
procesos de tránsito hacia la vida civil.
Las conversaciones, desarrolladas parcialmente en Doha, Qatar, han
generado fuertes controversias jurídicas y políticas debido a: Solicitudes de
suspensión de órdenes de captura; tensiones con la Fiscalía General ; presiones
diplomáticas de Estados Unidos; debate sobre el carácter político o criminal
del grupo; temor a interferencias electorales.
El proceso ha sido criticado por sectores que consideran riesgoso
negociar con estructuras eminentemente narcotraficantes sin un marco jurídico
plenamente consolidado.
No obstante, el Gobierno sostiene que la magnitud territorial y militar
del Clan del Golfo obliga a buscar salidas negociadas para reducir la violencia
en regiones históricamente afectadas (Córdoba, Choco y la región del caribe en
general)
LOS DIÁLOGOS URBANOS
La Paz Total también mantiene espacios sociojurídicos con estructuras
criminales urbanas en ciudades como Medellín, Buenaventura y Quibdó.
En algunos casos se han producido reducciones temporales de homicidios y
acuerdos de no agresión entre bandas rivales.
Sin embargo, estos procesos presentan enormes limitaciones:
Fragilidad jurídica; ausencia de ley clara de sometimiento; persistencia
de economías ilegales; continuidad de extorsiones y microtráfico; influencia
territorial de organizaciones mayores como el Clan del Golfo.
Las comunidades valoran algunas reducciones de violencia, pero persiste
la percepción de que muchas estructuras criminales aprovecharon las
negociaciones para fortalecerse y expandirse.
LOS PRINCIPALES AVANCES
A pesar de las dificultades, la Paz Total sí ha producido algunos avances
importantes durante este periodo pese al excepticismo critico de algunos
investigadores y analistas que aseguran que la paz total ha sido un fracaso
total.
1. APERTURA SIMULTÁNEA DE MÚLTIPLES DIÁLOGOS
Por primera vez en décadas, el Estado colombiano logró abrir canales de
interlocución con casi todos los principales actores armados del país,
incluyendo guerrillas, disidencias, grupos narcotraficantes y estructuras
urbanas.
2. REDUCCIONES TEMPORALES DE VIOLENCIA
En distintos territorios se registraron disminuciones parciales de
enfrentamientos armados, desplazamientos y homicidios durante periodos
específicos de cese al fuego.
3. PARTICIPACIÓN SOCIAL
Las mesas incorporaron mecanismos de participación de comunidades,
organizaciones sociales, iglesias y actores territoriales, especialmente en los
diálogos con el ELN. Está experiencia es un acumulado importante en un enfoque
de paz territorial.
4. POSICIONAMIENTO DE LA PAZ COMO EJE CENTRAL DEL DEBATE NACIONAL
La Paz Total logró reinstalar la discusión sobre salidas negociadas al
conflicto armado en el centro de la agenda pública colombiana. No obstante,
como todo proceso de paz, de esta magnitud y complejidad, también ha tenido
dificultades.
LAS GRANDES DIFICULTADES
Los problemas estructurales siguen siendo enormes.
FRAGMENTACIÓN ARMADA
El principal obstáculo es que el conflicto colombiano ya no está dominado
por organizaciones verticales y centralizadas. Muchos grupos funcionan mediante
redes regionales autónomas ligadas a economías ilícitas, otras organizaciones
han hecho de la violencia una forma de vida y de injerencia y control de las
dinámicas territoriales.
ECONOMÍAS ILEGALES
El narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y el contrabando
continúan financiando la expansión armada. En muchos casos, la lógica económica
pesa más que cualquier proyecto político. Se fue instaurando un modelo de
capitalismo criminal.
DEBILIDAD ESTATAL
La limitada presencia institucional en regiones periféricas dificulta
consolidar acuerdos y garantizar seguridad para las comunidades. No sé ha
podido establecer una presencia más integral de estado con programas de
desarrollo y bienestar.
AUSENCIA DE MARCOS JURÍDICOS CONSOLIDADOS
La Corte Constitucional limitó parcialmente las facultades del Ejecutivo
para negociar con organizaciones sin reconocimiento político, generando vacíos
legales sobre sometimiento y beneficios judiciales.
POLARIZACIÓN POLÍTICA
La Paz Total se convirtió también en escenario de confrontación
electoral. Mientras algunos sectores la consideran una apuesta necesaria para
cerrar ciclos de violencia, otros la presentan como una política improvisada
que fortaleció a los grupos armados.
UNA POLÍTICA ENTRE LA ESPERANZA Y LA INCERTIDUMBRE
Abril y mayo de 2026 muestran una Paz Total atravesada por
contradicciones profundas. El Gobierno logró abrir diálogos inéditos y
posicionar nuevamente la salida negociada como horizonte político, pero al
mismo tiempo enfrenta el crecimiento y fragmentación de actores armados cuya
lógica criminal y territorial supera muchas veces la capacidad estatal de
regulación.
El conflicto colombiano actual ya no responde únicamente a viejas
categorías insurgentes. Se trata de un entramado híbrido donde convergen
narcotráfico, control territorial, economías ilegales, poderes locales armados
y estructuras criminales flexibles.
La gran pregunta hacia el futuro es si Colombia logrará construir una
segunda generación de procesos de paz capaces de combinar negociación política,
sometimiento judicial, presencia estatal efectiva y transformación territorial,
o si la Paz Total terminará convertida en un experimento parcialmente
inconcluso, condicionado por la transición presidencial de agosto de 2026 y por
la persistencia de un conflicto armado cada vez más fragmentado y complejo.
CARLOS MEDINA GALLEGO Historiador- Analista Político
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