martes, 29 de septiembre de 2026

 


MÁS ALLÁ DE LAS PLAZAS, HAY QUE LLENAR LAS URNAS, CON NECESIDAD DE CAMBIO

 

El actual proceso electoral colombiano se desarrolla en un contexto de alta polarización política, profundización de las desigualdades sociales y una disputa abierta por el sentido mismo de la democracia. 

 En este escenario, la movilización social y la ocupación de plazas públicas han recuperado un lugar central como expresión de respaldo popular y como símbolo de fuerza política.

  Sin embargo, reducir la estrategia electoral a la capacidad de convocatoria en actos masivos constituye un error de diagnóstico que puede derivar en derrotas políticas significativas. En una democracia electoral, no basta con llenar las plazas: es indispensable, y aún más decisivo, llenar las urnas con convicción, conciencia política y voluntad transformadora.

 El progresismo colombiano enfrenta el reto histórico de convertir la movilización social en poder político efectivo, entendiendo que la transformación política es condición necesaria para la transformación económica, social y cultural que permita garantizar el bienestar colectivo y el ejercicio pleno de los derechos de todos los colombianos y colombianas.

 DE LA MOVILIZACIÓN SIMBÓLICA A LA EFICACIA ELECTORAL 

 Las plazas llenas cumplen una función importante: visibilizan apoyo, generan entusiasmo, disputan la narrativa pública y rompen la sensación de aislamiento político. No obstante, la experiencia histórica demuestra que la asistencia a movilizaciones no se traduce automáticamente en votos. Existen brechas profundas entre simpatía política, identificación ideológica y comportamiento electoral efectivo.

 El voto es un acto mediado por múltiples factores: miedo, desinformación, clientelismo, abstención estructural, precariedad económica y desconfianza institucional. Por ello, el trabajo político del progresismo no puede limitarse a la espectacularización de la política ni a la lógica del evento multitudinario. Se requiere una estrategia sostenida de pedagogía política, organización territorial, formación ciudadana y construcción de confianza, especialmente en los sectores históricamente excluidos del sistema político.

 Llenar las urnas implica disputar el sentido común dominante, construir conciencia sobre la relación directa entre decisiones políticas y condiciones materiales de vida, y demostrar que la política no es un ejercicio abstracto, sino una herramienta concreta para garantizar derechos, dignidad y justicia social.

 TRANSFORMACIÓN POLÍTICA y TRANSFORMACIÓN SOCIAL 

 Uno de los déficits históricos del debate público en Colombia ha sido la separación artificial entre política, economía y sociedad. El progresismo debe insistir en que no existe transformación económica ni justicia social sin transformación política. Las políticas públicas, la redistribución de la riqueza, el acceso a la salud, la educación, el trabajo digno y la protección del territorio son decisiones profundamente políticas.

 Posicionar este discurso resulta clave para que amplios sectores sociales comprendan que su bienestar no depende de soluciones individuales ni de promesas de seguridad autoritaria, sino de la construcción de un proyecto colectivo que reconozca derechos, redistribuya oportunidades y fortalezca lo público. El progresismo debe presentarse, no como una opción ideológica abstracta, sino como una alternativa real, viable y urgente frente a las necesidades concretas de la ciudadanía.

 LA CONFRONTACIÓN CON UNA DERECHA RADICALIZADA 

 El escenario electoral actual también exige una confrontación política clara y sin ambigüedades con una derecha radicalizada, autoritaria y de rasgos neofascistas que ha construido su hegemonía discursiva a partir del miedo, la estigmatización y la promesa de una seguridad excluyente. Esta derecha no ofrece soluciones estructurales a los problemas sociales; por el contrario, mercantiliza el temor, criminaliza la protesta, niega derechos y legitima la violencia simbólica y material contra quienes piensan distinto.

 Su estrategia política se sustenta en la descalificación permanente del adversario, la mentira sistemática y la desinformación como herramientas de control social. Frente a ello, el progresismo no puede caer ni en la ingenuidad ni en la reacción emocional. La respuesta debe ser política, ética y pedagógica: desmontar las narrativas del miedo con datos, argumentos y propuestas; confrontar la mentira con verdad verificable; y disputar el sentido de la seguridad desde una perspectiva de derechos humanos, justicia social y construcción de paz.

 EL RIESGO DEL TRIUNFALISMO ELECTORAL 

 Uno de los mayores peligros para los proyectos de transformación es el triunfalismo anticipado. Las encuestas favorables y las plazas llenas pueden generar una falsa sensación de victoria que debilita el trabajo organizativo, relaja la disciplina política y subestima la capacidad de reacción de los sectores conservadores. La historia electoral colombiana está marcada por sorpresas, reacomodos de poder y operaciones políticas de última hora.

 Por ello, es fundamental asumir el proceso electoral con realismo estratégico. Ganar elecciones no es un acto espontáneo ni un resultado garantizado por la popularidad momentánea. Requiere trabajo territorial sostenido, defensa del voto, vigilancia electoral, articulación social y una narrativa coherente que convoque más allá de los convencidos.

 CAMBIAR LA CORRELACIÓN DE FUERZAS 

 El objetivo del progresismo no debe reducirse a obtener triunfos electorales aislados, sino a modificar de manera estructural la correlación de fuerzas en la vía política de la nación. Esto implica consolidar una mayoría social y política capaz de sostener procesos de transformación en el tiempo, resistir las presiones de los poderes tradicionales y profundizar la democracia.

 La transformación que Colombia necesita no es cosmética ni gradualista en exceso; es una transformación insurgente en el sentido democrático del término: audaz, necesaria y orientada a desmontar estructuras históricas de exclusión. Esta tarea solo será posible si el progresismo asume con responsabilidad que la movilización debe traducirse en organización, la organización en votos, y los votos en poder político al servicio de la justicia social.

 IDEAS FUERZA A MANERA DE CIERRE

 En el actual proceso electoral colombiano, llenar las plazas es importante, pero llenar las urnas es decisivo. La transformación política es la puerta de entrada a la transformación económica y social que demanda el país. Posicionar al progresismo como alternativa real frente a las urgencias de la ciudadanía, confrontar con claridad a una derecha autoritaria basada en el miedo y evitar el triunfalismo son tareas ineludibles.

 Solo así será posible avanzar hacia una Colombia donde la política deje de ser un instrumento de dominación y se convierta en una herramienta efectiva de dignidad, derechos y bienestar para todos y todas.

 CARLOS MEDINA GALLEGO  Historiador- Analista Político

 

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