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DE LAS PLAZAS, HAY QUE LLENAR LAS URNAS, CON NECESIDAD DE CAMBIO
El actual proceso electoral colombiano se desarrolla en un contexto de
alta polarización política, profundización de las desigualdades sociales y una
disputa abierta por el sentido mismo de la democracia.
En este escenario, la movilización social y la ocupación de plazas
públicas han recuperado un lugar central como expresión de respaldo popular y
como símbolo de fuerza política.
Sin embargo, reducir la estrategia electoral a la capacidad de
convocatoria en actos masivos constituye un error de diagnóstico que puede
derivar en derrotas políticas significativas. En una democracia electoral, no
basta con llenar las plazas: es indispensable, y aún más decisivo, llenar las
urnas con convicción, conciencia política y voluntad transformadora.
El progresismo colombiano enfrenta el reto histórico de convertir la
movilización social en poder político efectivo, entendiendo que la
transformación política es condición necesaria para la transformación
económica, social y cultural que permita garantizar el bienestar colectivo y el
ejercicio pleno de los derechos de todos los colombianos y colombianas.
DE LA MOVILIZACIÓN SIMBÓLICA A LA EFICACIA ELECTORAL
Las plazas llenas cumplen una función importante: visibilizan apoyo,
generan entusiasmo, disputan la narrativa pública y rompen la sensación de
aislamiento político. No obstante, la experiencia histórica demuestra que la
asistencia a movilizaciones no se traduce automáticamente en votos. Existen
brechas profundas entre simpatía política, identificación ideológica y
comportamiento electoral efectivo.
El voto es un acto mediado por múltiples factores: miedo, desinformación,
clientelismo, abstención estructural, precariedad económica y desconfianza
institucional. Por ello, el trabajo político del progresismo no puede limitarse
a la espectacularización de la política ni a la lógica del evento
multitudinario. Se requiere una estrategia sostenida de pedagogía política,
organización territorial, formación ciudadana y construcción de confianza,
especialmente en los sectores históricamente excluidos del sistema político.
Llenar las urnas implica disputar el sentido común dominante, construir
conciencia sobre la relación directa entre decisiones políticas y condiciones
materiales de vida, y demostrar que la política no es un ejercicio abstracto,
sino una herramienta concreta para garantizar derechos, dignidad y justicia
social.
TRANSFORMACIÓN POLÍTICA y TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Uno de los déficits históricos del debate público en Colombia ha sido la
separación artificial entre política, economía y sociedad. El progresismo debe
insistir en que no existe transformación económica ni justicia social sin
transformación política. Las políticas públicas, la redistribución de la
riqueza, el acceso a la salud, la educación, el trabajo digno y la protección
del territorio son decisiones profundamente políticas.
Posicionar este discurso resulta clave para que amplios sectores sociales
comprendan que su bienestar no depende de soluciones individuales ni de
promesas de seguridad autoritaria, sino de la construcción de un proyecto
colectivo que reconozca derechos, redistribuya oportunidades y fortalezca lo
público. El progresismo debe presentarse, no como una opción ideológica
abstracta, sino como una alternativa real, viable y urgente frente a las
necesidades concretas de la ciudadanía.
LA CONFRONTACIÓN CON UNA DERECHA RADICALIZADA
El escenario electoral actual también exige una confrontación política
clara y sin ambigüedades con una derecha radicalizada, autoritaria y de rasgos
neofascistas que ha construido su hegemonía discursiva a partir del miedo, la
estigmatización y la promesa de una seguridad excluyente. Esta derecha no
ofrece soluciones estructurales a los problemas sociales; por el contrario,
mercantiliza el temor, criminaliza la protesta, niega derechos y legitima la
violencia simbólica y material contra quienes piensan distinto.
Su estrategia política se sustenta en la descalificación permanente del
adversario, la mentira sistemática y la desinformación como herramientas de
control social. Frente a ello, el progresismo no puede caer ni en la ingenuidad
ni en la reacción emocional. La respuesta debe ser política, ética y
pedagógica: desmontar las narrativas del miedo con datos, argumentos y
propuestas; confrontar la mentira con verdad verificable; y disputar el sentido
de la seguridad desde una perspectiva de derechos humanos, justicia social y
construcción de paz.
EL RIESGO DEL TRIUNFALISMO ELECTORAL
Uno de los mayores peligros para los proyectos de transformación es el
triunfalismo anticipado. Las encuestas favorables y las plazas llenas pueden
generar una falsa sensación de victoria que debilita el trabajo organizativo,
relaja la disciplina política y subestima la capacidad de reacción de los
sectores conservadores. La historia electoral colombiana está marcada por
sorpresas, reacomodos de poder y operaciones políticas de última hora.
Por ello, es fundamental asumir el proceso electoral con realismo
estratégico. Ganar elecciones no es un acto espontáneo ni un resultado
garantizado por la popularidad momentánea. Requiere trabajo territorial
sostenido, defensa del voto, vigilancia electoral, articulación social y una
narrativa coherente que convoque más allá de los convencidos.
CAMBIAR LA CORRELACIÓN DE FUERZAS
El objetivo del progresismo no debe reducirse a obtener triunfos
electorales aislados, sino a modificar de manera estructural la correlación de
fuerzas en la vía política de la nación. Esto implica consolidar una mayoría
social y política capaz de sostener procesos de transformación en el tiempo,
resistir las presiones de los poderes tradicionales y profundizar la
democracia.
La transformación que Colombia necesita no es cosmética ni gradualista en
exceso; es una transformación insurgente en el sentido democrático del término:
audaz, necesaria y orientada a desmontar estructuras históricas de exclusión.
Esta tarea solo será posible si el progresismo asume con responsabilidad que la
movilización debe traducirse en organización, la organización en votos, y los
votos en poder político al servicio de la justicia social.
IDEAS FUERZA A MANERA DE CIERRE
En el actual proceso electoral colombiano, llenar las plazas es
importante, pero llenar las urnas es decisivo. La transformación política es la
puerta de entrada a la transformación económica y social que demanda el país.
Posicionar al progresismo como alternativa real frente a las urgencias de la
ciudadanía, confrontar con claridad a una derecha autoritaria basada en el
miedo y evitar el triunfalismo son tareas ineludibles.
Solo así será posible avanzar hacia una Colombia donde la política deje
de ser un instrumento de dominación y se convierta en una herramienta efectiva
de dignidad, derechos y bienestar para todos y todas.
CARLOS MEDINA GALLEGO Historiador- Analista Político
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