martes, 25 de marzo de 2025

 Radicalismos contemporáneos como expresión de un delirio colectivo: una mirada crítica a los extremos políticos, ambientales y de género


Resumen: 

El presente ensayo analiza la proliferación de radicalismos en el mundo contemporáneo como síntoma de una crisis cultural profunda que puede describirse, metafóricamente, como un proceso de delirio colectivo. En particular, se examinan las expresiones más visibles de este fenómeno en el ámbito político, ambiental y de género, prestando especial atención al surgimiento del wokismo, la cultura de la cancelación y el denominado femifascismo. A través de una revisión crítica, se argumenta que si bien estos movimientos emergen de demandas legítimas, su radicalización termina por socavar la deliberación democrática, fragmentar el tejido social y dificultar la construcción de consensos.

1. Introducción

En las últimas décadas, el mundo ha sido testigo de una transformación cultural acelerada que ha dado lugar a nuevas formas de pensamiento crítico, pero también a la emergencia de discursos radicalizados que tienden a rechazar el diálogo, la complejidad y la disidencia. Este fenómeno, que algunos autores interpretan como una consecuencia del colapso de los grandes relatos (Lyotard, 1979) y de la crisis de sentido en las sociedades postmodernas, puede describirse metafóricamente como un “delirio generalizado”: una pérdida colectiva de racionalidad que se expresa en conductas extremistas, intolerancia ideológica y un creciente autoritarismo moral.

2. Radicalismos políticos: el auge de la polarización y el debilitamiento de la democracia deliberativa

En el ámbito político, la polarización ha alcanzado niveles preocupantes. La expansión de liderazgos populistas de diverso signo ideológico ha erosionado las instituciones democráticas, debilitado la confianza pública y promovido una lógica binaria que invalida el consenso y la negociación. Mouffe (2005) advierte que esta lógica de antagonismo convierte al adversario en enemigo moral, lo cual imposibilita cualquier forma de coexistencia democrática.

Asimismo, la lógica de la posverdad (McIntyre, 2018), donde las emociones y las creencias prevalecen sobre la evidencia empírica, se ha instalado como una forma dominante de interacción política, especialmente en entornos digitales. Esta dinámica alimenta la desinformación, la simplificación del discurso y el rechazo de la racionalidad como base de la vida pública.

3. Radicalismos ambientales: entre la conciencia ecológica y el dogmatismo climático

El ambientalismo ha sido, sin duda, una de las respuestas más importantes a las consecuencias del modelo de desarrollo industrial. No obstante, su evolución reciente ha dado lugar a formas extremas que tienden a adoptar posturas rígidas y moralizantes, muchas veces incompatibles con el debate científico y la negociación democrática. Autores como Latour (2017) advierten sobre los peligros del “fundamentalismo verde”, una ideología que puede llegar a deslegitimar toda alternativa tecnológica o económica en nombre de una ética ambiental intransigente.

Este tipo de radicalización suele manifestarse en una culpabilización excesiva del individuo, en una moralización del consumo y en la imposición de un discurso apocalíptico que paraliza la acción en lugar de promoverla. En lugar de construir consensos, esta forma de ambientalismo excluye, divide y, en muchos casos, sabotea políticas públicas realistas.

4. Radicalismos de género: del feminismo emancipador al autoritarismo identitario

El feminismo, entendido como movimiento emancipador, ha sido fundamental en la ampliación de derechos y la lucha contra la discriminación estructural. Sin embargo, algunas de sus vertientes más radicalizadas han derivado en prácticas que niegan la complejidad de las relaciones de género y promueven una visión esencialista y conflictiva de lo masculino y lo femenino.

El término femifascismo, si bien polémico y no exento de connotaciones ideológicas, se utiliza en algunos círculos críticos para describir aquellas posturas que, bajo el discurso de la igualdad, reproducen formas de autoritarismo, intolerancia y victimismo estratégico (Gilligan, 2014). Esta perspectiva niega la posibilidad del diálogo, desestima el principio de presunción de inocencia y promueve la censura de discursos disidentes, aun cuando estos se expresen dentro de los marcos legales y éticos.

5. El Wokismo y la cancelación: una nueva forma de ortodoxia moral

En el centro de esta deriva se encuentra el fenómeno del wokismo, un término inicialmente asociado a la conciencia crítica sobre las injusticias estructurales, pero que ha sido resignificado para describir una actitud de vigilancia moral permanente, censura del disenso y purismo ideológico. Este fenómeno ha encontrado su principal medio de expresión en la cultura de la cancelación, que opera como una forma contemporánea de ostracismo digital, mediante la cual se busca excluir social, laboral y simbólicamente a quienes se apartan de los estándares éticos establecidos por ciertos colectivos.

Esta dinámica ha generado un clima de autocensura, inseguridad comunicacional y erosión del principio de pluralismo. Al sustituir el debate racional por la condena moral, el wokismo desactiva el espacio público como lugar de encuentro entre diferencias y lo transforma en un campo de purificación ideológica.

6. Contra la estupidez recuperar el pensamiento complejo y crítico .

Los radicalismos contemporáneos no son meros excesos aislados, sino síntomas de una crisis epistémica y cultural más profunda. En un mundo marcado por la incertidumbre, la aceleración y la fragmentación, resulta comprensible la búsqueda de certezas absolutas y de pertenencias identitarias. Sin embargo, cuando estas búsquedas derivan en formas de exclusión, dogmatismo y violencia simbólica, dejan de ser emancipadoras y se convierten en expresiones de un nuevo autoritarismo.

Frente a este panorama, se hace urgente reivindicar el pensamiento complejo (Morin, 1999), la deliberación racional y la pluralidad como pilares fundamentales de la vida democrática. Solo mediante la reapropiación crítica del lenguaje, la escucha activa y la apertura al disenso podremos superar esta fase de delirio colectivo y construir formas de convivencia más justas, inclusivas y sostenibles.

CMG- DIA
22 de Marzo 2025



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