viernes, 6 de marzo de 2020



EDUCACION PARA LA PAZ

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia

NOTAS PARA UN CONVERSATORIO


1.     El conflicto armado en Colombia ha dejado más de 8,7 millones de víctimas y más de 6,5 millones de personas desplazadas. Ha sido una guerra que ha permeado desde nuestra manera de pensar hasta nuestra manera de sentir; naturalizando o legitimando en muchos casos de la vida pública y privada el uso de la fuerza, la agresión o cualquier tipo de violencia para tramitar los múltiples conflictos que se presentan en la cotidianidad.
2.     Ante el gran reto de la construcción de una paz estable y duradera, necesitamos como sociedad romper con estereotipos y paradigmas que han alimentado la cultura de la guerra y propiciado que nos veamos los unos a los otros como enemigos, olvidando que todos somos colombianos independientemente de nuestro lugar ideológico o de procedencia; generando brechas profundas entre el campo y la ciudad; avivando las diferencias sin reconocerlas como necesarias dentro de una democracia.
3.     Es el momento de transformar estas dinámicas y hacer la transición hacia una cultura de paz, donde quepa la diferencia y la oposición; donde sea posible el encuentro y diálogo entre las zonas rurales y urbanas, y, sobre todo, donde empecemos a reconocernos como habitantes de un mismo país, con la responsabilidad de aportarle a la construcción de su paz.
4.     En palabras de Vicenç Fisas, “la guerra y cualquier forma de violencia organizada son fenómenos culturales, y, como tales, se aprenden y se desaprenden. Dicho en otros términos, tanto la guerra como la paz son frutos culturales, resultados de decisiones humanas y de empeños sociales. La paz, a fin de cuentas, no es otra cosa que la síntesis de la libertad, la justicia y la armonía; tres elementos vivos y dinámicos que no dependen de la biología. Pueden o podemos educarnos para una cosa o para la otra, por lo que el ideal de ilegitimar moralmente la violencia es un reto cultural de rimera magnitud”.
5.     Cotidianamente hemos escuchado la frase “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”. En el momento actual que atraviesa la sociedad colombiana, y para generaciones futuras, es fundamental conocer los múltiples y diversos esfuerzos de negociación que se han dado en nuestra historia con actores armados al margen de la ley. Reconocerlos nos permite dimensionar la magnitud de la influencia de la historia de la guerra en el desarrollo de nuestras generaciones.
6.     En Colombia, los esfuerzos por la paz, ha tenido varios procesos de negociación con actores armados al margen de la ley. Estos sirvieron como insumos y aportaron lecciones aprendidas para la negociación entre el Gobierno y las FARC.

7.     Algunos de los aprendizajes fueron:

8.     La mayoría de estos acuerdos presentaron un marco legal para un proceso de desarme, desmovilización y reintegración, donde el objetivo fue sacar a un grupo de personas de la lucha armada; pero no tuvieron en cuenta aquellos asuntos que facilitaron históricamente la reproducción del conflicto armado.
9.     En estos procesos se consideraron temas de reincorporación política como proyecto político colectivo; no obstante, algunos fracasaron debido a condiciones tales como la estigmatización, falta de garantías para la oposición y falta de condiciones para el ejercicio de la política en términos de apertura democrática.
10.                       Dentro de estos procesos se identificaron dificultades en términos de reincorporación económica y social, debido a la falta de apoyos y  seguimientos a los procesos.
11.                       Faltó un enfoque de perspectiva comunitaria en materia de reincorporación, que permitiera la armonización con los procesos locales y promoviera espacios de reconciliación y convivencia.
12.                       Fueron procesos que tuvieron poca o nula participación de las comunidades y de las diferentes regiones del país, lo cual generó poca apropiación y legitimidad.
13.                       En procesos pasados faltó el reconocimiento a las víctimas; además de mecanismos robustos, de verdad, justicia y reparación.

¿Qué es Educación para la Paz?

14.                       Los procesos de construcción de paz se componen de diferentes aspectos sociales, económicos, políticos, educativos, culturales y ambientales, que buscan la transformación de un contexto social y/o político determinado que se encuentra en conflicto armado o crisis.
15.                       Dentro de un proceso amplio de construcción de paz, se entiende al campo de la Educación para la Paz como uno epistemológico y de metodologías, que aporta las herramientas necesarias para aprender a abordar los conflictos humanos de una manera positiva y, por tanto, evita la expresión violenta de los conflictos, que son inherentes a la naturaleza humana.
16.                       Así mismo, la Educación para la Paz corresponde a un enfoque de análisis teórico del cual se desprenden muchos tipos de pedagogías y perspectivas para crear una cultura de paz.
17.                       La Educación para la Paz responde a nuevas formas educativas, es decir, nuevas prácticas para abordar los contextos sociales donde hay o ha habido varias expresiones de conflicto y violencia (directa, estructural y cultural, según Johan Galtung 1990).
18.                       La disciplina como campo teórico y práctico surgió en años posteriores a la Primera y Segunda Guerra Mundial, cuando las y los educadores buscaban herramientas para prevenir futuras guerras y se enfocaron en enseñar para la paz; para la no repetición de la guerra. En este sentido, distintos teóricos y pedagogos han desarrollado pedagogías para la paz cuyo fin último es la puesta en práctica de metodologías que pueden enseñar a las personas y a la sociedad a transformar la cultura de la violencia hacia una cultura de paz.
19.                       El término cultura de paz hace referencia a “un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos basados en el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la no-violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación” (Resolución No.53/243, Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, Asamblea General de la ONU).
20.                       Por tanto, el campo de la Educación para la Paz concibe la paz no solo como la ausencia de guerra y/o violencia, sino también como un proceso positivo, dinámico y participativo en el que se promueven el diálogo y la regulación de los conflictos, en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos (Ibídem. Resolución No. 53/243 ONU).
21.                       Las pedagogías que le apuestan a la transformación y construcción de una cultura de paz fomentan cambios en la forma de relacionarse las personas y colectivos, mediante prácticas de justicia social que incluyen relaciones justas, de tolerancia, inclusión, respeto de los Derechos Humanos en todas las esferas, mediación, encuentros interpersonales e interculturales, entre otros ámbitos que dignifican la existencia humana y permiten la convivencia pacífica y democrática. 
22.                       Así mismo, integran la propia experiencia con la realidad, estimulan la transformación y superación de las violencias transmitidas de generación en generación, y fomentan vías pacíficas y creativas para transformar conflictos, analizarlos dialogar, debatir con respeto, cooperar, arbitrar, reconocer intereses y necesidades propias y de las y los demás; entre otras muchas prácticas y capacidades.
23.                       Educar para la paz, en otras palabras, significa proveer a las personas y a los grupos sociales de la autonomía suficiente para que puedan discernir y razonar acerca de la realidad que los rodea y, finalmente, decidir con toda libertad la defensa de los derechos propios y de las y los demás; la aceptación de diferencias y divergencias de una manera no-violenta, donde además se reconozca y valore la diversidad y las particularidades de los distintos territorios en nuestro país. Igualmente, significa tener en cuenta de manera diferencial y prioritaria a grupos étnicos y mujeres, que, como ya ha sido expuesto por la Corte Constitucional de Colombia en repetidas sentencias y autos, han sido las poblaciones más afectadas por el contexto del conflicto armado.

24.                       ¿Cuáles son los contenidos que desarrollan una Educación y Pedagogía para la Paz?

25.                       La Educación para la Paz con el fin de comprender desde una perspectiva holística, integral, los tópicos necesarios para una formación orientada a una cultura de paz; demanda formar en valores y actitudes que promuevan la desnaturalización de la violencia, los Derechos Humanos, la reconciliación, la multiculturalidad, la solidaridad y el respeto por el medio ambiente.
26.                       Las amenazas más graves a la paz no se limitan a las guerras; opresión, exclusión, explotación, miseria, entre otras, promueven culturas de violencia. Cualquier esfuerzo por lograr una cultura de paz debe dirigirse al reconocimiento permanente del otro(a), a la comprensión, cooperación y responsabilidad entre personas, y a educar para el diálogo, la empatía, la comunicación no-violenta y la solidaridad. Esto significa inculcar valores y actitudes que permitan transformar todo paradigma e imaginario que impulsaba a prácticas violentas.
27.                       Educar para una cultura de paz significa fomentar espacios donde las personas puedan expresar sus desacuerdos, discutir, deliberar, contrastar, actuar, transformar su mundo individual y colectivo, adquiriendo un compromiso social y un grado de conciencia que lleve a la reflexión de la importancia frente al cuidado del otro(a) y de lo otro. Se trata así de fomentar una actitud que asuma los conflictos como posibles escenarios de oportunidades en lugar de escenarios violentos; con valores, actitudes, comportamientos y modos de vida basados en la no-violencia y el respeto de los derechos y libertades fundamentales de cada persona.
28.                       Es por esto que la Educación para la Paz debe ser asumida desde una perspectiva holística y sistémica en la que todo está vinculado y conectado. Swee-Hin Toh  propone entenderla desde los principios de Los Seis Pétalos de la Educación para la Paz, que se centran en:

Ø Educar para vivir con justicia y compasión.
Ø Educar para promover los Derechos Humanos y las responsabilidades.
Ø Educar para construir el respeto cultural, la reconciliación y la solidaridad.
Ø Educar para vivir en armonía con la Tierra.
Ø Educar para cultivar la paz interior.
Ø Educar para desmantelar la cultura de la guerra.

Educar para vivir con justicia y solidaridad

Palabras claves: empatía, conciencia, responsabilidad, reconocimiento, comunicación no-violenta.

29.                       Es importante relacionar el principio de justicia, con la solidaridad. La solidaridad es un principio ético que guía las interrelaciones de la vida, desde sus micro-niveles hasta sus macro-niveles. La solidaridad significa ser capaz de expresar sentimientos auténticos por el sufrimiento de los y las demás, y realizar un proceso de conciencia y reflexión para luego transformar las condiciones que conducen a tales sufrimientos e injusticias.

30.                       En otras palabras, la compasión requiere voluntad de reconocimiento de la responsabilidad por las condiciones de violencia estructural de la sociedad (exclusión, opresión, necesidades básicas insatisfechas). Esto es posible a partir de la empatía, entendida como la capacidad de comprender las necesidades y sentimientos del otro(a) a través de la identificación con sus emociones; esto, a su vez, se logra mediante procesos de comunicación no-violenta o empática.

31.                       Educar para la solidaridad y la justicia pasa por fortalecer las capacidades de comunicación no-violenta; en palabras de Marshall Rosenberg, el propósito de la comunicación no-violenta o empática es crear calidad de conexión humana para poder determinar los sentimientos reales de las personas y sus necesidades, con el fin de generar las condiciones necesarias para la cooperación y el bienestar.

Educar para promover los Derechos Humanos y la responsabilidad

Palabras claves: D.D.H.H, responsabilidades, ciudadanía, Declaración Universal de los Derechos Humanos.

32.                       Una cultura de paz requiere ciudadanos conocedores de sus derechos y deberes. Educar para la promoción y la protección de los Derechos Humanos implica el conocimiento de los derechos de primera, segunda y tercera generación, que en primera instancia pasa por conocer la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el análisis histórico y contextual de los derechos civiles y políticos; los derechos sociales y económicos, y los derechos llamados de “tercera generación” o “Derechos de Solidaridad”.

33.                       Los contenidos de la Educación para la Paz se deben poder vivenciar; por esta razón es clave que más allá de enseñar cuáles son los DD.HH. y sus mecanismos de protección, estos puedan leerse a la luz de las realidades que los estudiantes viven.

Educar para cultivar la paz interior

Palabras claves: espiritualidad, conciencia, responsabilidad, emancipación.

34.                       Hay un creciente consenso frente a que las fuentes de valores y prácticas pacíficas no deben ser ignoradas, junto con sus dimensiones internas. Educar para cultivar la paz interior significa reconocer las diversas tradiciones, creencias y culturas que apuestan por trabajar la espiritualidad, lo cual les permite a las personas un autorreconocimiento de sus debilidades y fortalezas y cómo canalizarlas.

35.                       Esto supone una mirada hacia nuestro interior, para darnos la posibilidad de decidir y ejercitar el derecho de pensar lo que queremos, imaginarnos un mejor futuro y practicar la política en primera persona, sin más intermediarios que nuestra propia conciencia, para después coparticipar con nuestras y nuestros semejantes reconociéndonos como autoridad con capacidad creativa (autoridad en términos de conocimiento, no de poder). Y asumir que estos actos pueden transformar la realidad.

36.                       Desde este enfoque, se puede establecer que el reto de la educación y de la cultura de paz es darles responsabilidad a las personas para hacerlas protagonistas de su propia historia, con instrumentos de transformación que no impliquen la destrucción u opresión ajena, intransigencia, odio ni exclusión, puesto que ello supondrá la anulación del propio proyecto de emancipación y desarrollo (Fisas, s.f.).

Educar para desmantelar la cultura de la guerra

Palabras claves: violencia directa, violencia estructural, violencia cultural, transformación de conflictos, cultura de paz.

37.                       Educar para desmantelar la cultura de la guerra pasa por educar para la transformación de los conflictos de manera no-violenta, y por educar para una conciencia crítica frente a las distintas violencias existentes (directa, cultural y estructural). Se trata, así, de generar procesos que permitan parar la reproducción de la violencia como algo ‘normal’, y fortalecer capacidades que permitan transformar los conflictos, comprendiendo que existen múltiples maneras de ejercer violencia.

38.                       En palabras de Fisas, “el empeño en construir una cultura de paz pasa por desacreditar todas aquellas conductas sociales que glorifican, idealizan o naturalizan el uso de la fuerza y la violencia, o que ensalzan el desprecio y el desinterés por los demás, empezando por disminuir al máximo posible el desinterés y el abandono de los más pequeños, con objeto de que estas criaturas puedan vivir experiencias de cariño, respeto, implicación, amor, perdón y protección; para que después, de mayores, puedan transmitir estas vivencias a otras personas con mayor facilidad” (Fisas, s.f.).

Entender los conflictos y saberlos transformar

39.                       La teoría de la Educación para la Paz ha enfatizado en el objetivo de educar para una conciencia crítica y transformadora que ayude a identificar patrones conflictivos en las sociedades, y a desaprender conductas violentas que resultan a veces invisibles debido a tan normalizadas que se encuentran. Esto supone trabajar la perspectiva positiva del conflicto y generar estrategias y habilidades que ayuden a las personas y a las sociedades en su conjunto a abordarlo de manera no-violenta.

40.                       El marco pedagógico de la Educación para la Paz empieza por entender los conflictos, sus causas, actores y dinámicas, para poder vislumbrar vías alternativas para su transformación. Tal como lo plantea Johan Galtung, “educar para la paz es enseñarle a la gente a encarar de manera más creativa, menos violenta, las situaciones de conflicto, y darles los medios para hacerlo” (Galtung 1997). En tal sentido, la transformación positiva de los conflictos pasa indefectiblemente por fortalecer la capacidad de tomar acciones por parte de quienes sufren directamente el conflicto, a través de un proceso que se ha llamado “empoderamiento”.

41.                       Es decir que muchos conflictos desaparecerían o disminuirían en intensidad, si en el momento oportuno y en sus primeras manifestaciones se promueve tanto el uso y desarrollo de las capacidades para la convivencia como los medios necesarios para que las y los actores se acerquen a procesos de diálogo horizontal e intervengan movilizando a tiempo las fuerzas tradicionales, económicas, sociales, culturales e intelectuales del contexto; por esto es necesario el empoderamiento de grupos sociales que puedan ser vulnerables.







Una pedagogía de la Ternura

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia

NOTAS PARA UN CONVERSATORIO


1.     En el campo de la educación como un acto de amor he prestado especial atención a la forma en que se construye la educación desde una pedagogía de la ternura. La ternura es un estado espiritual que se comporta como una fuerza mágica, capaz de generar grandes transformaciones y sacrificios; es una sustancia invisible que unifica espíritus y esfuerzos, que genera entusiasmos individuales y colectivos, alimentando de vitalidad procesos de engrandecimiento humano.

2.     La ternura como sentimiento convoca lo colectivo, la búsqueda del bienestar común, la preocupación por el otro y por sí mismo, reconoce las virtudes y las dificultades, las potencialidades y las carencias, identifica las más sutiles diferencias y las respeta; la ternura es la expresión sentida del afecto en una época de crisis de valores en la que la misma vida está en juego.

3.     La ternura es un diálogo poético de seres que se atraen y se quieren, que se reconocen como iguales y buscan reconciliarse con la vida en lo fundamental y lo superfluo, es por tanto un abrazo amoroso y una caricia placentera, la mirada cómplice y el beso necesario, un sencillo apretón de manos que nos informa que el otro está presente y que se puede contar con él.

4.     La ternura es un encuentro de silencios, de reconocimientos y valoraciones, de unificación de criterios, de consensos y acuerdos, de dialécticas diferencias, de tolerancias y disculpas fraternas y sinceras, de comprensiones, compromisos y esfuerzos.

5.     La ternura es el sentimiento hecho herramienta de trabajo en el modelado de la condición humana, es la arquitecta de la vida elaborando planos para la construcción de un hábitat de afectos en que una atmósfera de valores positivos nutra el alma sencilla que poseen quienes aspiran a la grandeza. La ternura es el arma espiritual con la que combatimos odios y rencores, egoísmos y envidias, autoritarios y déspotas, mediocres y pusilánimes, deshonestos y bárbaros.

6.     La ternura es reconocimiento de diferencias, capacidad para comprender y tolerar, para dialogar y llegar a acuerdos, para construir colectivamente aprendiendo de los que “no saben”, para soñar y reír, para enfrentar la adversidad y aprender de las derrotas y de los fracasos, tanto como de los aciertos y de los éxitos.

7.     La ternura es encariñamiento con lo que hacemos y lo que somos, es deseo de transformarnos y ser cada vez más grandes y mejores. Por esto, ternura también es exigencia, compromiso, responsabilidad, rigor, cumplimiento, trabajo sistemático, dedicación y esfuerzo, crítica permanente y fraterna. La ternura no es, no puede ser, meloceria y condescendencia, complicidad en la degradación, en la disminución de si mismo, en la deshumanización y la barbarie. No, la ternura es hedonismo altruista, entrega y dedicación, erotismo y lúdica, creatividad e imaginación, libertad galopante.

8.     La ternura es la FIESTA Y EL TRABAJO que llenan el tiempo y el espacio del hombre en su viaje a través de la cultura, en la construcción de su historia colectiva; es la comedia que nutre los momentos de alegría y, la tragedia en la que se enfrenta a sus limitaciones y carencias. La ternura es risa y llanto, ojalá siempre más risa que llanto, más alegría que tristeza, más éxito que fracaso, más primaveras que otoños.

9.     En la escuela, en el movimiento pedagógico, desde hace algunos años venimos hablando de una PEDAGOGÍA DE LA TERNURA desde una concepción más intuida que real, más soñada que práctica, por que aún contamos con grandes limitaciones metodológicas para materializar nuestros sueños. En gran medida eso obedece a que nosotros como maestros, como personas, tenemos grandes carencias afectivas, padecemos en hermético silencio nuestras crisis emocionales y sentimos aún la necesidad que sean los otros los que nos reconozcan como válidos.

10.                       Cuando converso con los maestros, en la intimidad de sus angustias existenciales, siento que vivimos una soledad colectiva de inmensas proporciones, una falta de afecto generalizada y, que hemos disminuido de alguna manera el amor que todo ser humano debe sentir por si mismo y por lo que hace, para poderse brindar con bondad absoluta a sus semejantes con el convencimiento de no estar perdiendo nada y estar ganando todo. No obstante, parece como si hubiésemos perdido la capacidad para arriesgar la aventura de la vida en el fragilísimo barco de nuestra precaria existencia, timoneando por nosotros mismos, sobre una cartografía de vida que se configura en nuestras propias urgencias y necesidades, en nuestros sueños e ideales, en nuestro deseo de ser y existir conforme a lo soñado y, en nuestro inclaudicable propósito de ser felices.

11.                       No es una tragedia ineludible; reconozco la existencia de cientos de maestros y maestras de este país, que han colocado al centro de sus preocupaciones educativas y personales, el afecto como recurso esencial de los procesos de la vida y aprendizaje y, que se han matriculado ellos mismos en un curso de dignificación afectiva, desde el que viene aprendiendo de la mano de los niños y las niñas, de su ancestral sabiduría, el sentido de la vida como experiencia amorosa, que se crea y se recrea, en el juego, en el placer que este proporciona y en el axioma incuestionable que la vida, como la letra, con risa y ternura entra.

12.                       Yo no se si a ustedes les guste, como a mí, la palabra alegría; siento por ella un respeto especial, un especial entusiasmo, y creo que este se remonta a mi infancia. Yo soy de la generación de la ALEGRÍA DE LEER, esa cartillita que traía en la portada una escuelita rural alegre, con niños brincones y banderas patrias y de cuyas páginas interiores poco me acuerdo y a las que seguramente todo lo que se hoy se lo debo.

13.                       Cuando pienso en la pedagogía de la ternura, en lo que estoy pensando es en la alegría de leer, de escribir, de sentir, de soñar, de jugar el juego de la comunicación, de las matemáticas, de las ciencias naturales, de la recreación estética, de la socialización, de los deportes, de la amistad, del enamoramiento, de los valores que ennoblecen, el juego de la democracia y el poder, el juego de la vida.

14.                       La escuela no puede renunciar a la alegría la que está íntimamente ligada al reconocimiento de nuestros logros y a la gratificación inmensa que nos produce saber que sabemos. Sabemos sabedores.

15.                       Tres temas centrales urgen desarrollarse en la sociedad actual: La TERNURA como el más importante alimento del espíritu humano; el MEDIO AMBIENTE como recurso de vida y bienestar del hombre y, la CONVIVENCIA como el espacio en que reconociendo que somos diferentes establecemos unas relaciones de respeto y tolerancia y nos movemos en torno a unas relaciones sociales democráticas que fundamentan en la búsqueda permanente de la paz.  




La educación como un acto de amor

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia

NOTAS PARA UN CONVERSATORIO


1.     Quiero hacer una conversación sencilla sobre las ideas esenciales que convocan el tema de educación, pedagogía, ciudadanía y paz. Ideas que seguramente cada uno de ustedes conoce y pone en práctica pero que resulta necesario recordar para que tenga el afianzamiento que deben tener en un periodo tan complejo y difícil como el que vivimos actualmente en el que las tres instituciones fundacionales de la sociedad se encuentran atravesando una profunda crisis que se extiende hasta el universo de nuestra espiritualidad. La Familia, la iglesia y la escuela atraviesan por un proceso de agudas y difíciles  crisis estructurales erosivas.

2.     Nuestras familias se han trasformado en los relacionamientos y roles fundamentales, han dejado de ser el anclaje necesario para nuestra construcción como seres humanos en la formación de los valores y disciplinas esenciales que condicionan espiritual y moralmente nuestros comportamientos individuales y sociales. Hoy la familia adquiere las más distintas formas, no siempre organizada en relación con los elementos de consanguinidad y apellido, propios de la familia tradicional. Los roles de autoridad se han trastocado y,  cada vez, las mujeres juegan un papel más decisivo en los procesos que proveen los recursos necesarios para la subsistencia y en la instauración de los regímenes de autoridad patriarcal disminuida.

3.     La iglesia ya no hace los acompañamientos espirituales que fueron fundamento necesario y útil para la construcción de la cohesión social y sus roles cada vez se reducen a lo estrictamente necesario en el orden sacramental para su supervivencia. Han proliferado por todas partes nuevas iglesias y nuevos profetas que han hecho de la religiosidad un negocio y práctica política que vende resentimiento y odio contra los seres humanos.

4.     La escuela, atraviesa desde hace décadas una crisis profunda en relación con su misión social en razón de que quedó atrapada en prácticas escolares y programas que no llenan las expectativas y necesidades de los nuevos tiempos ni ofrece respuestas sociales y espirituales de construcción de futuro a los y las jóvenes estudiantes y a sus familias. Son escuelas para el analfabetismo moderno. Una vieja y poca sofisticada forma de sometimiento a la ignorancia que encuentra en los jóvenes una feroz resistencia a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y de las redes sociales.
5.     Todo este orden de cosas hay que cambiarlo y para ello es necesario reconstruir transformando las relaciones y finalidades primeras y últimas de la escuela. Las ideas que expongo a continuación no son otra cosa que insumos sueltos para que desde las condiciones en que ustedes desarrollan la labor educativa sean reflexionadas, asumidas o desechadas de acuerdo con sus decisiones colectivas

La educación como un acto de amor

6.     Debemos insistir permanentemente que la educación está constituida en lo esencial por actos de amor y el primero y más importante de todos es el que ubica al centro de sus propósitos al ser humano y a las posibilidades de su realización plena en el mundo de la cultura para que pueda desempeñarse a cabalidad en los distintos roles sociales, económicos, políticos, culturales, emocionales y afectivos que pueda desarrollar durante su existencia con el propósito primero y último de ser feliz.

7.     Desde esta premisa general es necesario afirmar que la educación tiene un primer y básico componente qué es el componente afectivo y emocional qué facilita las relaciones entre los sujetos de la enseñanza y el aprendizaje, en la construcción colectiva del conocimiento, en una “nueva” escuela que crea las relaciones emocionales que permiten compartir en unidad de propósito y fines el acto educativo. De ahí la necesidad de desarrollar la inteligencia emocional y afectiva de nuestra comunidad comenzando por los maestros y maestras.

8.     Pero, ¿qué es eso de la inteligencia emocional?... definámosla de manera sencilla como “la capacidad de controlar y regular las emociones  de uno mismo para resolver los problemas de manera pacífica, obteniendo un bienestar para sí  mismo y para los demás”; es una guía del pensamiento y de la acción[1].   Inteligencia Emocional es un importante factor del éxito escolar y del éxito en la vida, porque desarrolla en nosotros la capacidad “aprensible” para conocer, controlar e inducir emociones y estados de ánimo, tanto en uno mismo como en los demás. La Inteligencia Emocional tiene como sustento al carácter multifactorial de las inteligencias, es decir las Inteligencias Múltiples de Gardner.

9.     La inteligencia emocional desarrolla la habilidad del conocimiento individual, personal, su identidad, su autoestima. Es una inteligencia intrapersonal que consiste en potenciar el conjunto de capacidades propias que nos permiten formar un modelo preciso y verídico de nosotros mismos, así como utilizar dicho modelo para desenvolvernos de manera eficiente en la vida. Queremos una escuela que trabaje para que los seres humanos que la habitan permanente y temporalmente sean exitosos en un mundo de crecientes incertidumbres.

10.                       Esa inteligencia emocional intrapersonal determina en gran medida el éxito o el fracaso de nuestros estudiantes en el aula. Para los estudiantes es importante porque sin capacidad de auto-motivarse no hay rendimiento posible, no hay aprendizaje. Desde el punto de vista del profesor es también importante porque de ella depende que desarrollemos el curso de manera exitosa y llenemos los objetivos y alcancemos las metas que nos hemos propuesto.


11.                       Cualquier aprendizaje supone un esfuerzo. El control de las emociones es importante no sólo durante la clase, un examen, sino en el día a día. Cualquier aprendizaje de algo nuevo implica inevitables periodos de incertidumbre, inseguridad, confusión, frustración, tensión, esfuerzo y satisfacción. Los estudiantes que tienen limitaciones para manejar sus emociones, tienen limitaciones para mantener sus motivaciones y muchas veces se resisten a intentar actividades nuevas de aprendizaje, por miedo al fracaso. El propósito de la inteligencia emocional intrapersonal es mantener activa la motivación para el aprendizaje exitoso.

12.                       Desde el punto de vista de los profesores no podemos olvidar que en muchos países la docencia es una de las profesiones con mayor índice de enfermedades mentales como la depresión. Si nuestros estudiantes pasan por periodos de frustración y tensión, ¿qué no decir de nosotros, los profesores? A pesar de su importancia la inteligencia intrapersonal, está totalmente dejada de lado en nuestro sistema educativo. La inteligencia intrapersonal, como todas las demás inteligencias es, sin embargo, educable. Algunos sistemas escolares incluyen periodos lectivos en los que trabajan la inteligencia intrapersonal. Además hay asignaturas, como las lenguas, en las que se pueden incluir fácilmente actividades dirigidas a potenciar la inteligencia intrapersonal.

13.                       La inteligencia emocional también desarrolla la inteligencia interpersonal que es la que nos permite entender a los demás. La inteligencia interpersonal es mucho más importante en nuestra vida diaria que la brillantez académica, porque es la que determina la elección de la pareja, los amigos y, en gran medida, nuestro éxito en el trabajo o en el estudio. La inteligencia interpersonal se basa en el desarrollo de dos grandes tipos de capacidades, la empatía y la capacidad de manejar las relaciones interpersonales.

14.                       La inteligencia interpersonal es importante para cualquier estudiante, porque es la que le permite hacer amigos, trabajar en grupos, o conseguir ayuda cuando la necesita. El aprendizaje es una actividad social en gran medida. La inteligencia interpersonal es todavía más importante desde el punto de vista del profesor, porque sin ella no podemos entender a nuestros estudiantes, sus necesidades y sus motivaciones.

15.                       La empatía no sólo nos  permite entender al otro, cuando me pongo como maestro en el lugar del otro y aprendo a pensar como él, puedo entender, entre otras cosas, la impresión que yo le causo y eso es crucial para un profesor, porque es lo que me permite ir adaptando mi manera de explicar hasta encontrar la más adecuada para ese alumno o grupo de estudiantes. Todos los profesores tenemos grupos de estudiantes con los que nos es más fácil el trabajo que con otros.

16.                       La educación como acto de amor tiene que construirse en torno a valores éticos y Morales, a relaciones de camaradería y solidaridad, de mutuo reconocimiento de derechos y de respeto en el que la autoridad no se impone de manera arbitraria si no se construye desde el afecto que convoca la actividad educativa. De ahí la importancia de la inteligencia afectiva como aquella que nos ayuda a construir relaciones de afecto en torno al propósito común de crecer como buenos seres humanos cargados de valores éticos y morales que definen de manera natural nuestra forma de comportarnos frente a nosotros mismos y frente a los demás. 

17.                       La educación como acto de amor debe proporcionarnos unas condiciones deformación superiores en las que el ser humano va ganando las seguridades y confianza necesarias en sí mismo y en su relacionamientos con los demás y entiende que su crecimiento y desarrollo está unido al crecimiento y al desarrollo de la comunidad familiar y social en que está inmerso.  Autoestima, Amor propio, Seguridad y confianza en sí mismo son base fundamental del proceso educativo en el que la escuela la familia y la comunidad deben trabajar. De ahí esa necesidad que existe de estrechar los lazos de compromiso de la escuela con la familia en la formación de los seres humanos y de llevar esas relaciones al universo del entorno social.

18.                       La familia es una escuela de aprendizajes múltiples que la institución educativa se encarga de potencializar y desarrollar al más alto nivel y ahí la necesidad de que el diálogo de los maestros con los padres sea un diálogo fluido y permanente cargado de propósitos comunes en torno a la formación y al crecimiento de esos pequeños-grandes seres humanos. La formación de valores, la construcción de disciplinas, la estructuración del carácter de los niños y de las niñas, se hace de manera temprana en una alianza estratégica entre la familia y la escuela.

19.                       La educación como un acto de amor, es fundamentalmente construcción de unas relaciones de autoridad y disciplina que no se impone, desde afuera, sino que opera de manera natural desde adentro, porque se erige desde el amor propio, la autoestima y el deseo de superación permanente. Pero ese acto de amor necesita estar alimentado por unas relaciones de comprensión y solidaridad que se construyen desde la formación de lo humano.


[1] El término inteligencia emocional fue utilizado por primera vez en 1990 por Peter Salovey, de La universidad de Harvard, y John Mayer, de la Universidad de New Hampshire. 

 

lunes, 27 de enero de 2020









Partido FARC, transformar la cultura política para seguir tras los sueños…

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz


Como analista del conflicto armado, pero sobre todo como defensor del proceso de paz y de lo que el acuerdo significa en las posibilidades de la trasformación de las causas estructurales del conflicto y la ampliación y profundización de la democracia, no deja de preocuparme la compleja situación por la que atraviesa actualmente la dinámica política  interna de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común FARC, como partido político en el ámbito de la institucionalidad democrática.

Sin el ánimo de entrar en discusión con nadie y solamente de llamar la atención sobre aspectos que son relevantes en la construcción exitosa del partido político FARC,  que,  a la larga,  es el único doliente “militante” del acuerdo de paz con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, y que en esta etapa de estancamiento y desmonte del gobierno, encabezado por el Presidente Iván Duque Márquez y la coalición liderada por el partido Centro Democrático, requiere de las mayores fortalezas y acompañamientos sociales, ciudadanos, políticos y académicos, me permito presentar algunas análisis e ideas que puedan ayudar a construir una atmosfera de unidad y desarrollo organizativo[1].    

1.      La implementación es un campo de disputa con repercusiones políticas

Un lugar de discusión y debate en el desarrollo político organizativo de las FARC, gira alrededor de los logros de la implementación del acuerdo que tiene distintas y contrapuestas miradas y que, va configurando de una u otra manera matices y grupos que se articulan en las identidades interpretativas y las abanderan y presentan desde sus propias perspectivas críticas del proceso.  La valoración del proceso de implementación puede conducir a errores según la manera como se presente,  como se resalte lo positivo o lo negativo de la implementación y no la implementación como un campo en disputa que es la mejor manera de leerlo; en el caso de algunos dirigentes de FARC, esa no ha sido la óptica y eso puede llevar a que unos engrandezcan los problemas y otros lo minimicen, no necesariamente mostrando la complejidad del proceso y, es ahí, donde puede haber diferencias que tratadas de manera inadecuada puede hacer un gran daño a la organización y generar como se están produciendo significativas disidencias política que no necesariamente retoman el camino de la guerra.

La implementación es un proceso que en términos del acuerdo está planteado por lo menos para una o dos décadas y, como todo proceso, está sujeto a conflicto y a contradicciones, a disputas y a incumplimientos. Por eso es necesario leerlo como un campo de disputa y unificar fuerzas y solidaridades en favor de la implementación y, evitar por todos los medios,  que surjan la “desilusión”, el sentimiento de “engaño” y de “traición”, que aniquilan toda iniciativa y conducen a reacciones equivocadas que se toman más desde las emociones que desde la razón práctica. 

El acuerdo señala un marco de actuación, siempre y cuando se den unas reformas políticas previstas en él. Ahora cuando las reformas no se dan en los términos en que estaban previstos desde luego que se da una afectación fundamental. Pero no se puede reducir los avances de la implementación, ni a los desarrollos normativos o a las políticas públicas y las disposiciones institucionales que permiten la implementación, sino que hay que hacer un esfuerzo de análisis más complejo, que incluye lo que podía llamarse “efectos imperceptibles”.  Cuál es el efecto de un acuerdo de paz, más allá de lo que diga el acuerdo propiamente dicho.  Hay un efecto imperceptible que, tiene una traducción en los resultados electorales.  En el país hay unos acumulados de descontento, de cansancio, de inconformidad, de falta de horizonte político diverso y alternativo que no se habían expresado de manera clara por el desarrollo del conflicto armado y que al disminuir esté, el acuerdo genera unas condiciones políticas nuevas que posibilitan fenómenos relevantes en el campo de la lucha social, institucional y electoral. La movilización social generada a partir del 21N, hace parte de esos efectos imperceptibles, la inconformidad social y ciudadana retorno a las calles y retomo sus propias agendas reivindicativas y de lucha.  

Desde luego la calidad de los procesos de implementación define la calidad de los entusiasmos y los compromisos en el ámbito de la lucha política y/o siembran los escepticismos en la misma. Es, por esta razón tan importante, necesario tener unas expectativas de éxito incluso en el marco de un fracaso significativo.

Siendo importante el acuerdo como elemento cohesionador para la lucha y la disputa institucional, lo que está de por medio, más allá del acuerdo, es la existencia o no de la organización como actor político transformador, que es donde se va a centrar la ofensiva institucional contra el nuevo partido y contra su dirigencia, dentro de una estrategia perversa de judicialización creciente y criminalización que busca inhabilitarlos de forma permanente a través del miedo y la muerte política. A esta ofensiva externa es contraproducente sumarle las rencillas y las enemistades internas trabajadas incorrectamente en el escenario de los desarrollos político-organizativos.      

Contra el miedo y el dolor interno

La decisión audaz de salirle al país, de fortalecer el proyecto político, construir tejido social, más allá de la base guerrillera, sin enfrentarse con las bases que se tenían en los territorios, ni presionar los movimientos sociales y los liderazgos que influenciaba FARC y, que no acompañaron a FARC electoralmente y, después del congreso, tomaron distancia en razón que esos territorios hay tantas estigmatización, odio y deseo de venganza, otros actores armados operando, que no les resulta fácil ponerse a consideración publica para ser reconocidos bajo la denominación de FARC.

La reflexión es que la posibilidad de conectar allí con las poblaciones se está perdiendo, porque no hay como responder a una cosa que es legítima que es el dolor, la zozobra, la incertidumbre de futuro, la falta de seguridad y en general todo lo que está pasando en los territorios después de la dejación de las armas y durante la implementación y, esa situación no se transforma en lo inmediato, sino que es de tiempo largo. Esas son realidades que no se pueden esquivar. 

El proceso implica la construcción de un partido político a través del cual se pueda tener acceso a los procesos formales del Estado en el sistema de partidos y en el régimen electoral, pero que no se queda allí, sino que se comprometa también en participar e influir en la formulación de políticas y debates públicos a nivel local y nacional, a través de movimientos sociales, asociaciones campesinas, movimientos de trabajadores y estudiantes, de viviendistas, ambientalistas y mujeres, entre otros grupos y movimientos,  así como la creación de sus propios medios de comunicación y educación y, proyectos de desarrollo territorial y social. Todo eso está por darse y no se va generar solo, requiere de un partido organizado, unido, solido, que sepa tratar sus contradicciones internas, que este abierto a la crítica y dispuesto a ser con otros.

Hay que derrotar el miedo y el dolor del incumplimiento y espantar el fantasma de la traición para que pueda llevar la luz suficiente que permita ver con claridad el estado actual de la organización y la realidad de los caminos por recorrer.
 
 Transformar la cultura política para seguir tras los sueños.

Todo el proceso de transición de la guerra a la política legal tiene grandes retos organizativos y demandan de la trasformación de la cultura política de las FARC, conforme se ha demostrado a lo largo de este periodo de conflicto y aprendizajes:

Primero, requiere de la democratización organizativa interna que implica la capacidad para pasar de las estructuras de mando verticales, a una horizontal de las relaciones que posibilite la participación de los integrantes del partido en la toma de decisiones, desde la complejidad de los distintos niveles de formación y liderazgo político. Este proceso debe incluir algún grado de transformación de liderazgos, ofreciendo la oportunidad a todos los miembros (incluyendo a los jóvenes y a las mujeres) de participar en el proyecto político en todos los niveles.[2] El florecimiento de distintos matices debe ser visto, no como un problema, sino como parte de la riqueza política e ideológica del partido y como un reto para mantener en la diferencia los criterios básicos de la unidad organizativa.  

Segundo. Tal vez el trabajo más difícil y largo lo constituye el proceso de búsqueda de nuevos miembros de la organización entre las comunidades y la ciudadanía, militantes que interioricen los fundamentos políticos y programáticos de la organización, estén dispuesto a representarla y a liderar a nombre de ella procesos sociales y políticos, que vaya generando una disminución significativa de las resistencias, mayor aceptación y disposición para acompañar en las urnas sus aspiraciones políticas. Ese trabajo no da resultados de un día para otro, ni en coyuntura electoral, por bien elaborada y llamativa que sea la estrategia publicitaria, transformar la percepción del actor político construida desde su pasado como actor armado puede tomarse décadas, pero es el tiempo y el cambio significativo del lenguaje político, las estrategias de relacionamiento y de comunicación, la que comienza a dar resultados.

Tercero. Fundar una nueva práctica política después de años de haber vivido inmerso en las disciplinas de la guerra, no es fácil. Romper el ordenamiento de las estructuras militares y jerárquicas, hacia estructuras horizontales y democráticas es una de las tareas más urgentes y útiles para la organización, como lo es, igualmente, una renovación programática que logre interpretar en democracia las posibilidades y lógicas de los procesos de cambio, los recursos institucionales existentes para hacer la labor política y atender las demandas de la ciudadanía, las comunidades y los territorios, conforme a sus culturas, condiciones específicas, historias particulares y expectativas de calidad de vida.  

Cuarto. Modificar el lenguaje, las prácticas y las estrategias de relacionamiento con la institucionalidad democrática no implica renunciar a los ideales y a los propósitos que se defendieron durante décadas de lucha armada, si se entiende que ese era un medio y no un fin, y que los propósitos que condujeron a ese camino están por encima del medio en la propuesta política que se defiende. La organización tiene que superar el peso del síndrome de la “traición”, la sensación de “fracaso” y el sentimiento de “desmoralización generalizado” que suele producirse al enfrentar el rechazo social e institucional. Las militancias más sólidas del nuevo partido deben contribuir a mantener la unidad organizativa y la cohesión política, mas alla de las diferencias que puedan existir.  

Quinto. Una transformación exitosa se mide por el grado de sostenibilidad de la nueva organización con respecto a los aspectos organizativos y estratégicos y su permanencia en el tiempo. La historia del paso de organizaciones armadas a organizaciones políticas en nuestro país lo que han mostrado en lo esencial es que después de éxitos electorales significativos, las organizaciones se fueron diluyendo en otras organizaciones políticas hasta desaparecer, son los casos del Movimiento 19 de Abril(M-19), Esperanza Paz y Libertad (EPL) o la Corriente de Renovación Socialista (CRS). La puerta de entrada de las FARC, a la lucha electoral ha sido precaria, pero eso más que una derrota es un llamado de atención que es necesario atender sin angustia alguna.   

Sexto. También pude ocurrir, que algunas fracciones del grupo reincorporado frente al universo de obstáculos que van encontrando en el camino (incumplimiento de los acuerdos, persecución sistemática institucional, señalamiento social y comunicativo, asesinatos, falta de oportunidades para sobrevivir, estigmatización permanente…)  pueden volver a luchar o abandonar la lucha política por completo desapareciendo, o evolucionando hacia entidades políticas o delictivas. En la medida que las situaciones del postacuerdo se hace más difíciles, los procesos que fueron motivados con decidido compromiso y con esperanza de futuro pueden no consolidarse al caer en una especie de “trampa institucional”, que va lentamente deshaciendo los acuerdos, reduciendo sus alcances por el rechazo del sistema político existente que todavía no ha sido reformado en franco desconociendo de la importancia histórica de los procesos y su impacto en la sociedad. 

Séptimo. Para evitar este tipo de situaciones la nueva organización tiene que trabajar intensamente en el apalancamiento político de su vida institucional, estableciendo relaciones de participación en los procesos nacionales, regionales y locales en los espacios de gobernabilidad y gobernanza que se puedan alcanzar en los territorios y marcar las diferencias de comportamiento con las prácticas de gobierno tradicionales, lo que solo es posible a partir de la muestra de resultados.  
 
Si FARC resuelve los asuntos que tienen que resolver podrá sobrevivir al futuro como partido. Pero la primera urgencia que tiene la organización es leerse en el tiempo de la legalidad, de esa realidad institucional y política, compleja y perversa que es la colombiana y, desarrollar todos los esfuerzos necesarios, como proyecto ético y político, para poder sobrevivir como institución política en ese orden, que constituye por sí mismo la nueva maraña en la que va a tener que desarrollar sus luchas políticas y sociales detrás de la reformulación pragmática de sus sueños transformadores y para eso, no es útil el debate interno que aniquila, destruye y divide la organización.

A tres años de la firma del acuerdo, en medio de grandes dificultades, por las posturas del gobierno del NO, que se niega a la implementación del acuerdo en los términos en que este fue concebido y, utilizando un sofisticado sistema de simulación va deshaciendo cada uno de los puntos hasta reducirlos a su mínima expresión, la FARC, se mueve entre la resistencia política en el orden institucional y las dificultades para avanzar hacia la consolidación de su organización partidaria, duramente estigmatizada y atacada, preparando la segunda Asamblea Nacional de los Comunes, un largo e incierto camino les queda por transitar.

Que útil seria que instituciones y procesos como el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz (CPSPP) de la Universidad Nacional de Colombia, Defendamos la Paz y un grupo de notables, reconocidos por la organización ayudaran a desescalar el conflicto político interno de la organización y a que la misma encontrara una ruta exitosa para mantenerse de manera vigorosa y protagónica en el desarrollo de la lucha política democrática.


27 de Enero de 2020.  




[1] Algunas de estas ideas aparecen expuestas en el Libro FARC: El largo camino de la guerra a la lucha política democrática, que sale a la luz pública en el próximo mes de abril.
[2] Ver a este respecto. La transformación política de Grupos Armados y Prohibidos. Lecciones aprendidas e implicaciones para el apoyo internacional. Veronique Dudouet, Katrin Planta, y Hans J. Giessmann (Fundación Berghof)