miércoles, 6 de abril de 2016

PARTICIPACION DE LA SOCIEDAD Y DIÁLOGOS REGIONALES EN EL PROCESO DE CONVERSACIONES DE PAZ CON EL ELN

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz – CPSPP-UN




El anuncio hecho por el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), del inicio de la fase pública de las conversaciones de paz después de una larga y accidentada fase exploratoria que arrojo un acuerdo y una agenda de trabajo, ha sido recibida con alegrías, expectativa y no pocas inquietudes por el conjunto de la sociedad colombiana. En general la idea que existe es que es un acuerdo procedimental con poco contenido sustancial en materia temática, lo que llena de grandes interrogantes, sobre la manera como se van a desarrollar las conversaciones, el alcance de las mismas y el tiempo de duración, si como se ha dicho el proceso de paz es uno y las mesas son dos.

Lo primero que hay que saludar es que el tan esperado anuncio se haya dado y ahora el país pueda enrumbarse hacia una paz integral, si las partes logran disponer su voluntad y encontrar el camino de acuerdos para poner fin a la guerra. Lo segundo es hacer explicito que es la voluntad política de las partes en su decisión de llegar a acuerdos con objetividad y realismo, así como la celeridad para implementar y ejecutar los procesos los que define la extensión del procesos de conversaciones. Lo tercero, tener presente la especificidad del ELN y la singularidad de su proceso para que este pueda desarrollarse con autonomía y sin imposiciones y, cuarto, señalar que de todas maneras habrá necesidad de hacer coincidir aspectos de lo acordado en las dos mesas, pues es uno solo el país y una sola es la paz de Colombia.

Este ensayo, busca hacer aportes a los aspectos metodológicos, en relación con la participación de la sociedad civil y los diálogos regionales, desde la experiencia y el acumulado de aprendizajes de los procesos de paz desarrollados por el ELN. Estoy absolutamente convencido que si las conversaciones se desarrollan sin prevenciones, se construyen las confianzas y las seguridades que requiere cada proceso y se disponen las voluntad de las partes involucradas, el mismo va hacer grandes aportes, no solo a la terminación del conflicto, sino a la construcción de la paz en las rutas de implementación de acuerdos y de ampliación de la democracia.

1.      Sobre la participación de la sociedad civil y la sociedad en general

El hecho que el Ejército de Liberación Nacional sea una organización societal, que funciona como un partido político en armas, hace que por su naturaleza exista un peso especifico de la importancia de la participación de la sociedad civil en el desarrollo de las conversaciones y que sea esta la razón por la cual el punto uno de la agenda convoca su participación. Pero, ¿Qué entiende el ELN por sociedad civil y en que puede consistir esa participación?...

Primero, tratemos de dilucidar el concepto de sociedad civil en el ELN y luego nos centramos en los aspectos pertinentes a la participación y los mecanismos que puede desarrollar esta, atada a las tradiciones de la organización. Para el ELN, la sociedad civil la constituye todas las formas de organización de la población civil, que desarrollan en los territorios resistencia y oposición, a las formas de dominación social, política y económica, que persisten en el mantenimiento del status quo. No es por lo tanto la población dispersa, ni la ciudadanía indiferente, lejos de toda agenda reivindicativa y política. De esa concepción no hacen partes, ni las elites políticas, ni los gremios económicos, los que constituyen las clases dominantes; se trata de la sociedad civil de los de abajo, de las llamadas clases subalternas y, es en primera instancia, a esas formas organizativas sociales a las que se les convoca a participar desde las necesidades de sus contextos territoriales y desde sus agendas de derechos.

No obstante esta primera consideración, en el acuerdo se explicita en forma más amplia el concepto pues a lo que se hace referencia allí es a la participación de la sociedad, en la construcción de la paz y eso convoca a todos los sectores de la sociedad, incluyendo las elites económicas (industriales, banqueros, agricultores, ganaderos, comerciantes, entre otros) representadas por los gremios empresariales y económicos y, las elites políticas (representadas en fuerzas, movimientos y partidos políticos). El carácter incluyente y pluralista señalado en el acuerdo apunta a hacer efectiva la posibilidad que el más amplio espectro de la sociedad participe en la formulación de las propuestas y de las rutas para hacer efectivos los acuerdos a que se llegue en las conversaciones.

Señalemos acá que la participación de la sociedad se da me manera amplia y pluralista y que ella convoca a los movimientos sociales y políticos y a los sectores económicos que hacen presencia en los territorios, así como a los gobiernos locales, los que deben hacerse participes de las elaboraciones que se hagan y de las responsabilidades que se asuman frente a las mismas.

Pero,  cuál es el carácter vinculante de la participación de la sociedad civil o de la sociedad en general en relación con la produccion de propuestas, con respecto a la agenda entre el gobierno-ELN y las posibilidades de llegar a un acuerdo de finalización del conflicto. ¿Van a ser recogidas esas propuestas y van a ser incorporadas al acuerdo final? O ¿son insumos para que el ELN negocie, a nombre de la sociedad con el gobierno nacional?...el ELN, cuenta, como ellos mismos lo señalan,  con un arsenal político y metodológico construido y sostenido de manera colectiva durante años que contiene según informan, y es muy posible que así sea,  compendios de metodología y protocolos para la participación de la comunidad que hacen parte de su patrimonio y son un importante recurso para los diálogos.

Ellos mismos se preguntan si los representantes de las comunidades son voceros de las mismas frente a la mesa de conversaciones Gobierno-ELN o, son negociadores con los mismos poderes y atribuciones de las otras partes, lo que significaría ser el tercero en la mesa o, son más bien la representación y vocería de las comunidades para exponer y defender los intereses de las mismas para que el gobierno y el ELN lleguen a acuerdos. Hasta hace algunos años, la concepción del ELN era el de asignar a las comunidades el papel de acompañantes, facilitadoras, componedoras, veedoras del dialogo y la negociación y como aliadas de la paz y testigas de la voluntad y de la decisión de finalizar la guerra y de la aplicación y del cumplimiento de los acuerdos que en todos los casos tendrán que favorecerlas a ellas mismas, más que a las partes.

Es posible que en este proceso la sociedad representada por las comunidades o las formas organizadas de la población civil, jueguen un papel decisivo como formuladoras de propuestas, estructuradoras de agenda y gestoras de procesos regionales de paz, adicional a su condición de acompañantes, facilitadoras, componedoras, veedoras y verificadoras de la implementación de acuerdos. El ELN ya había “teorizado” sobre las posibilidades de que las comunidades jugaran el papel de facilitadoras, mediadoras y verificadoras del proceso y, le había asignado a cada una de estas categorías unos atributos de contenido e identidad en el marco de su desempeño en el desarrollo de los diálogos regionales.

Independientemente del camino que se decida para la participación de la sociedad en general, de la sociedad civil en especifico y de las comunidades en particular en el proceso de conversaciones Gobierno-ELN, la participación social es definitiva y es necesario establecer con toda claridad los procedimientos y alcances de esa participación para que las conversaciones no se diluyan y se concreticen en la elaboración de propuestas y de procesos que posibiliten las trasformaciones necesarias para que la paz pueda ser posible en los territorios. La participación de la sociedad debe llenar de certezas el proceso, no puede crear expectativas que no se cumplan sobre problemas que no se resuelven.

Seis ideas básicas que podrían tenerse en cuenta para la participación de la sociedad en el desarrollo de los diálogos Gobierno-ELN:

Primera. La participación de la sociedad debe darle cavidad a todos los sectores de la sociedad que habiten los territorios en el marco de un pluralismo amplio e incluyente. La paz es para todos, debe construirse en el marco del más amplio pluralismo de intereses.

Segundo. La sociedad debe estar representada por líderes y lideresas  naturales, sociales, empresariales y políticos, de amplio reconocimiento y las mayores calidades humanas, poseedores de un sentido práctico de los procesos, que sean auténticos constructores del proceso de paz. Líderes y lideresas revestidas de la mayor autoridad ética y moral, defensores naturales de las comunidades y sus derechos. Seguramente muchos de esos líderes procederán de las formas organizativas regionales y de las plataformas nacionales. Lo ideal es que lo local-regional este representado.  

Tercero. La participación de la sociedad debe dirigirse en dos sentidos; primero, garantizar que el proceso se desarrolle con rigor, eficiencia y celeridad y, segundo, que las propuestas sean viables y focalizadas hacia cambios necesarios y esenciales para los territorios, que comprometan acciones de beneficio de la mayor cobertura social posible.

Cuarto. Centrar la discusión no sobre el debe ser de las cosas (cambios estructurales), sino, sobre lo que es posible en este momento histórico (cambios necesarios), para facilitar los caminos hacia el logro de lo que debe ser en el futuro (cambios estructurales). Las propuestas deben centrarse en cinco o seis grandes temas cuando más. Temas estructurantes y articuladores de derechos de las comunidades. No se trata de elaboran listados de demandas sino agendas regionales y nacionales de construcción de paz. No son pliegos de peticiones, sino rutas de trabajo para la transformación y la construcción de paz en los territorios  que convocan el compromiso de las partes. 

Quinto. Los lideres y lideresas, no son elegidos para hacer parte del procesos de paz son escogidos y presentados por las comunidades como líderes naturales y como voceros de las mismas. En este sentido están en permanente comunicación con ellas para informarles de los avances de las conversaciones y de los acuerdos que se alcances allí. El número de cada mesa, para que sea funcional, debe ser cuando más de 30 personas, Cinco del gobierno, Cinco del ELN y 20 representantes de la comunidad. Esto no implica que no se pueda convocar para socializar y enriquecer las propuestas y aumentar su legitimidad un escenario más amplio a manera de Foro Regional.

Sexto. Las comunidades debe cumplir el papel de garantes, veedoras, verificadoras, implementadoras de acuerdos y de constructoras del proceso de paz regional y contar para ello con todos los respaldos, apoyos y seguridades institucionales.

Es absolutamente claro que la participación de la sociedad en los territorios, no parte de cero y que la construcción de agendas ya va adelantada, porque sobre ellos las comunidades han desarrollado infinidad de eventos de caracterización de las problemáticas y de formulación de propuestas, se trata es de reconocer esas agendas, sistematizarlas y colocarlas en perspectiva de paz y de futuro.  

2.      Sobre los diálogos regionales y las mesas regionales de paz
        
Para el ELN, el tema regional es esencial,  de ahí que en el punto tres, sobre  las transformaciones para la paz haga especial énfasis en lo regional señalando la necesidad de elaborar planes alternativos integrales con enfoque territorial, que constituyan opciones económicas y productivas que beneficien a las comunidades y que como lo plantea ese mismo punto se constituyan en programas transformadores para superar la pobreza, la exclusión social, la corrupción, la degradación ambiental, en búsqueda de la equidad.  

Partamos de señalar que para el ELN la base sobre la cual se sustenta la nacionalidad es la región, el municipio, el barrio, la vereda, la familia, la escuela, el tejido social, la organización política, el Estado y el país, y que la propuesta de diálogos regionales se erige sobre su convencimiento que es desde allí que se puede construir la unidad de la nación, la convivencia pacífica, la democracia profunda  y la justicia para todos.

Según lo señalan en sus documentos el propósito de los diálogos regionales comienza por crear sobre los territorios unas condiciones de mayor seguridad para la población, una efectiva garantía de la práctica de los derechos humanos y una atención humanitaria a las víctimas que los habitan: paz,  territorialidad, desarrollo, democracia, nueva gobernabilidad son según el ELN, los ejes centrales de la agenda a convenir en los diálogos regionales. Para ello consideran que es necesario buscar colectivamente la identidad de las regiones, su vocación económica, su cultura, su historia y su papel en la nación. En los imaginarios del ELN, los diálogos regionales permite abordar un dialogo nacional como suma de experiencias y de buen ejercicio de la democracia, punto dos de la agenda acordada. Recoge o desarrolla experiencias regionales como las constituyentes municipales, provinciales y departamentales, los procesos humanitarios y los programas de desarrollo construidos por las comunidades. 

Si el ELN, recurre a su historia y a su memoria como lo ha señalado, para hacer uso de los recursos metodológicos que ha construido en otros procesos, ajustados a las realidades del presente, las siguientes podrían ser afirmaciones a tener en cuenta en las discusiones que en materia de metodología para los diálogos regionales podrían servir de base:

Primero. Los diálogos regionales deberían ser lo más realistas y honestos posibles a la hora de prever resultados y alcances no vaya a ser que por ser tan ambiciosos e ilusos terminemos en el desencanto y la frustración.

Segundo. Los diálogos regionales deben servir para sentar al gobierno, la guerrilla y las comunidades a pensar y a proyectar la paz en los territorios con énfasis en los derechos de las poblaciones y los intereses económicos de la nación, con la mayor objetividad y el mayor realismo.

Tercero. Los diálogos regionales deben ayudar a desescalar el conflicto y a crear las condiciones para la finalización del mismo. Las partes pueden dialogar fuera del país en medio del conflicto, pero las comunidades no lo pueden hacer en los territorios. Se requiere desescalar el conflicto y avanzar hacia treguas y cese al fuego para que se ambienten los diálogos en los territorios.

Cuarto. Los diálogos regionales deben posibilitar un camino alternativo que haga posible transformaciones reales y positivas en los territorios, generando nuevas experiencias y nuevos escenarios de participación social. Los diálogos crean la necesidad de la paz, de participar en sus realizaciones y le da una mayor legitimidad a los procesos de implementación de acuerdos.

Quinto. Los diálogos regionales convalidan y potencian procesos locales y regionales de paz con protagonismo de comunidades que se erigen ante el gobierno y la guerrilla con autonomía e independencia: las comunidades como fuente esencial de las transformaciones y  los poderes locales.

Sexto. Los diálogos permiten lograr acuerdos humanitarios, sociales y políticos en torno a temas concretos y específicos de aplicación inmediata en lo local para beneficio de las comunidades y produce insumos a manera de propuestas objetivas y sistemáticas en la perspectiva de llegar a acuerdos amplios y globales en el dialogo nacional.

Séptimo. Los diálogos regionales permiten entender el fenómeno del conflicto nacional como expresión de múltiples conflictos locales y regionales, en la perspectiva de darles un tratamiento acorde a la situación nacional.

Octavo, Los diálogos regionales involucran de manera novedosa, creativa e incluyente actores locales y regionales que suelen estar por fuera de las dinámicas de reflexión y cambios y los convierte en auténticos protagonistas de construcción de paz. Atraen de manera tierna y constructiva a quienes desde muchos lados no creen en la posibilidad real y sincera de un cambio profundo para construir una Colombia para todos, justa, pluralista, solidaria, soberana y en paz.

Noveno. Los diálogos regionales, estructuran propuestas, organizadas en agendas, que deben dirigir en dos sentidos según la naturaleza de las mismas, las específicas a alimentar los planes de desarrollo alternativos y los procesos de concertación social para el desarrollo local y regional y, las generales, a nutrir la discusión y los acuerdos de la mesa nacional de Paz Gobierno-ELN.

a.      Sobre la organización de los diálogos regionales

Los diálogos regionales tienen tres momentos a considerarse:

Primero. La ambientación regional de los diálogos, los eventos preparatorios y de elaboración de propuestas. La escogencia de vocerías y de representaciones legitimas de las comunidades y de la sociedad general en la Mesa Regional de Paz.

Segundo. La instalación y el desarrollo de las reflexiones de la Mesa Regional de Paz cuyo trabajo consistirá en exponer las propuestas de las comunidades, organizarlas y proponer rutas para su implementación según la especificidad de las mismas y las posibilidades y condiciones especificas del territorio. Le corresponde también presentar propuestas y hacer recomendaciones a la Mesa de Conversaciones entre Gobierno Nacional y el ELN.

Tercero. Ayudar a construir acuerdos para el desarrollo regional y local y la estructuración de planes de desarrollo alternativos y focalizados sobre ejes centrales que garanticen el bienestar general de las comunidades, el desarrollo regional, la profundización de la democracia y la convivencia pacífica en los territorios.      

b.      Sobre las Mesas Regionales de Paz

Los más variados y distintos mecanismos pueden implementarse para el desarrollo de los diálogos regionales de paz (asambleas, foros regionales, cabildos populares, constituyentes locales, entre otras opciones) que pueden funcionar simultáneamente en todos los territorios, las propuestas que surjan allí deben ir a una Mesa Regional de Paz, que debe ser lo más representativa y lo más  operativa posible. El ELN considera que en esas mesas debe estar la insurgencia, el gobierno nacional, regional y local y desde luego las comunidades.

La mesa de conversaciones debe definir cuantos diálogos regionales se van a hacer y cuál es la geografía que van a abarcar. Así como la agenda de realización de los mismos que puede ser simultánea, pues se producen en distintos territorios y con diferentes poblaciones. Igual debe definir el número de participantes en la Mesas Regionales de Paz y las metodologías para su desarrollo. 

Para el ELN debe quedar claro en todas y cada uno de los actores que los diálogos parten de lo local y regional pero que no se pueden sustraer ni agotar allí dando paso al Dialogo Nacional. A este respecto señalan que lo local y regional se desarrolla en el marco de una estrategia metodológica que constituye el punto de partida de los diálogos hacia lo nacional y el de retorno hacia la construcción territorial de paz.

c.       Sobre las agendas regionales

La Agendas Regionales tiene como punto de partida lo humanitario pero no se quedan allí. Debe tomar en consideración los puntos del Acuerdo Gobierno – ELN y enriquecerlos con la especificidad de ellos en lo local y regional. En el parecer del ELN deben ser temas realmente importantes pero también viables y posibles de resolver y concretar en el nivel que se está y que sean más para resolver conflicto y atender necesidades, que para enredar, radicalizar y alejar las partes. Son diálogos críticos y propositivos.

Si se revisa un poco las propuestas tomadas en consideración por el ELN para los diálogos regionales en Antioquia, Cesar, Sur de Bolívar y Medellín (2006),  hay unos puntos generales que pueden servir para estructurar agendas viables y que se acomodan bien al acuerdo. 1.  Acción Humanitaria y Derechos Humanos; 2. Democracia, participación y costumbres políticas; 3. Desarrollo integral; 4. Desarrollo rural, agrario y campesino; 5. Políticas sobre bienestar; 6. Sobre medio Ambiente; 7. Identidad Cultural y reconstrucción del tejido social; 8.  Comunidades étnicas, territorio y paz.

No obstante, cualquiera que sea la propuesta que se elabore para construir la agenda y desarrollarla debe surgir de las comunidades y las organizaciones sociales con la participación amplia de todos los sectores civiles relacionados con el territorio.

d.      Sobre los facilitadores de los diálogos y los acompañantes

Las partes son responsables de crear las condiciones para el desarrollo de los diálogos regionales y garantizar que estos se adelanten con normalidad y celeridad. El gobierno Nacional y el ELN, definen de manera explícita las posibilidades que tienen estos diálogos, donde se realizan y como se hacen en el marco del desarrollo de la agenda pactada.  

Los diálogos regionales,  requieren de la voluntad, el compromiso y la participación decidida de los gobiernos departamentales y municipales que deben ayudar a la convocatoria, facilitar los espacios y garantizar las seguridades del proceso. A la par del apoyo y acompañamiento de toda la institucionalidad del Estado, cuando los mismos los requieran en temas específicos.

Igualmente del acompañamiento de la comunidad internacional, la oficina de la Organización de Naciones Unidas en Colombia y de sus respectivas agencias, la Cruz Roja Internacional, las ONG de Derechos Humanos, La iglesia católica y las otras Iglesias y de la Comunidad Académica, entre otras organizaciones y organismos que puedan prestar su concurso a esos diálogos.


3.      Sobre el Dialogo Nacional de PAZ

Existe la posibilidad que en el ejercicio de construir la paz de abajo hacia arriba, de lo local- regional hacia lo nacional, sobre la base de los diálogos regionales y su producción se requiera un escenario de reflexión amplio que funciones con carácter nacional, que dé lugar a un Dialogo Nacional que funcione a través de una  Mesa Nacional de Paz, que acompaña la mesa de conversaciones Gobierno-ELN a manera de interlocutor legitimo, le aporte insumos para que diálogos se concreten en acuerdos específicos.

Las conversaciones entre el gobierno Nacional y el ELN debe fijarse una hoja de ruta, que establezca con la mayor objetividad la relación entre las expectativas que se tienen, la realidades existentes,  las posibilidades sociales e institucionales y los tiempos con que se cuentan para avanzar en los diálogos y concretarlos en acuerdos viables con sus respectivas rutas de implementación.

Si bien, la panorámica de estos diálogos parece compleja y difícil, sin dejar de serlo, la voluntad de las partes y la solidaridad de todos los sectores sociales crean condiciones para que los mismos puedan realizarse en tiempos prudenciales, que permitan confluir a los dos procesos. No se trata,  como se ha dicho anteriormente de empezar de cero, hay un trabajo amplio elaborado con anterioridad por las comunidades y las organizaciones a los largo de años que deben confluir allí, conjuntamente con propuestas de otros sectores que tienen  sus propios intereses y que es necesario tener en cuenta. Si el gobierno Nacional y el ELN se dejan ayudar y toman en consideración la experticia ganada por instituciones como las Naciones Unidades, la Cruz Roja Internacional, las iglesias, La Academia,  las ONG de derechos Humanos, los Laboratorios de Paz, La Mesa Social por la PAZ, La Asamblea Nacional por la Paz y otra decena de organizamos,  el proceso va a marchar a buen ritmo y de manera exitosa.

Sin que se abandone la singularidad del proceso del ELN, sus propias características y autonomías, bueno es que la organización que ha entendido que es una sola paz y son dos mesas, haga una revisión juiciosa y sin prevenciones de los acuerdos de la Habana y mire en que coincide y que se puede compartir con esa agenda, en lo ya avanzado my que se le puede aportar en su propio proceso de nuevo.    

       



domingo, 28 de febrero de 2016




Carta abierta al Gobierno Nacional y a las FARC
Sobre estrategia comunicativa y pedagogía de paz

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente – Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz

Apreciados amigos:

Los diálogos de la Habana han llegado a un nivel de desarrollo en materia de acuerdos y evacuación de agenda,  que requiere de los mayores cuidados de las partes,  para no generar innecesarias incertidumbres y desconfianzas en la nación colombiana, más cuando los mismos se aprestan a demandar del conjunto de la ciudadanía los mayores respaldos para el proceso de refrendación, cualquiera que sea el mecanismo que se acuerde para hacerlo.

El incidente del Conejo es negativo no importando la valoración que se haga porque no envía un mensaje unificado de las partes al país y se presta para que los opositores continúen su labor de enlodamiento de los logros y de desprestigio del proceso. Desde hace ya varios meses las partes debían haber definido conjuntamente una estrategia de comunicación unificada de mesa para dirigirse a la nación y contagiarla de los entusiasmos de los acuerdos y de las esperanzas de paz. No es solamente el comunicado conjunto,  cargado de la rigidez de la metodología de las conversaciones, es sobre todo, la instauración de unas líneas de discurso que le muestren al país la unidad de criterios en torno a los avances del proceso, den seguridad a la sociedad y llenen de confianza sobre los resultados y posibilidades que en materia de construcción de futuro ofrece un acuerdo de paz.

No resulta sano para el proceso que el gobierno, a través del presidente, el jefe de la delegación o el Alto Comisionado, cuestionen las actitudes de las Farc con un lenguaje poco diplomático y desobligante, igual en el caso de las FARC, en relación con las actitudes del gobierno, aunque debo reconocer que ha habido una mayor diplomacia de parte de las FARC al cuestionar el comportamiento del gobierno frente algunos hechos autoritarios que no ayudan el proceso.

Una única estrategia comunicativa para dirigirse al país.

Es necesario definir en la mesa una estrategia comunicativa para dirigirse al país que ponga el mismo peso, de significado y sentido, de lo que se dice, evitando falsas interpretaciones o lecturas sesgadas; se trata de que las partes unifiquen la voz dando especial realce al carácter positivo del proceso y a la pertinencia de lo acordado. Esto no quiere decir, que se ignore las diferencias que también deben ser puestas a consideración de la sociedad de manera clara, como expresión de lo que es en esencia la democracia.

Resulta útil para el momento en que se encuentran los dialogos que la delegación del Gobierno y las Farc, compartan los escenarios donde se le comunica al país los avances de la mesa, que lo hagan de manera conjunta en la Habana y en Colombia a través del diseño de una propuesta comunicativa que toma en consideración la presencia de ambas partes de manera simultánea en los escenarios de difusión. El gobierno tiene que avanzar en la persuasión de que los medios tienen una especial responsabilidad social y política con el país en materia de paz y, que demandar del ejercicio de esa responsabilidad no significa restringir la libertad de expresión. Los medios deben abrirse para que de manera directa a través de los distintos canales, emisoras y prensa escrita, Gobierno y Farc, informen de manera conjunta, la importancia de los acuerdos, aclaren las dudas que existen sobre cada uno de los puntos de la agenda y se proyecten de manera positiva los resultados de los diálogos sobre el conjunto de la sociedad.

Este es un periodo que necesita que las partes proyecten a través de los medios una imagen cargada de identidades, seguridades y confianzas, que despierte los respaldos, compromisos y solidaridades ciudadanas, sociales y políticas que necesita con urgencia las etapas que se avecinan.

Que bueno sería poder contar en este periodo con un programa de televisión que se llamara algo así como La mesa de Conversaciones le habla al país sobre la paz, con una propuesta comunicativa y pedagógica que desarrollara el contenido de los acuerdos en amplitud y profundidad y en donde estuviesen las dos partes ayudando a su comprensión. O una serie de entrevistas a los jefes de delegación, o de las subcomisiones, en que ambos respondieran sobre preguntas pertinentes surgidas de todos los sectores de la sociedad.   

Una metodología unificada para hacer pedagogía de paz.

La pedagogía es una disciplina del conocimiento que centra su atención en las practicas de la enseñanza y esta, se desarrolla para que quienes se articulan a ella adquieran los conocimientos y comprensiones necesarias para que puedan desempeñar de manera cualificada distintos roles en la sociedad. Una pedagogías para la paz, consistiría en proporcionar los conocimientos necesarios sobre los acuerdos alcanzados para que ese conocimiento despeje todas las dudas e incertidumbre y le permita a la sociedad en su conjunto comportarse de manera coherente con los propósitos de paz, desde los distintos roles que juegan en la estructura económica, social y política de la nación.

De ahí la necesidad que la pluralidad de voces adquiera una unidad de criterios discursivos en torno a los cuales poder desarrollar las actividades pedagógicas que ayudan a construir la conciencia colectiva de paz y una subjetividad del sujeto Nación capaz de moverse colectivamente a un escenario, cargado de todo tipo de conflictividad, pero en donde el mecanismo de resolución se expresan en el dialogo amplio y democrático y en el acuerdo consensuado que compromete las partes según sus posibilidades.

La mesa de conversaciones debe propiciar una serie de encuentros en el país con diversos sectores donde las partes puedan socializar los avances de los acuerdos y la sociedad pueda resolver de la mejor manera sus dudas e inquietudes. No es al margen de las poblaciones y los territorios,  ni de manera cautiva, como se construye el entendimiento que se requiere de los acuerdos para que genere los apoyos que necesita. La presencia unificada de la mesa en distintos eventos ayudando a construir confianza envía un mensaje de tranquilidad a la población.

Es necesario comenzar de adentro hacia afuera;  que Las Farc y el gobierno se reúnan con los más altos oficiales de la Fuerza Pública y los comandantes de los Bloques y Frentes Guerrilleros, expliquen sobre los avances y resuelvan sus dudas;  que bueno sería ver a los generales, Mora, Naranjo y Flórez al Lado de Carlos Lozada y Pastor  Alape, con sus respectivos equipos haciendo un recorrido por las brigadas y los campamentos guerrilleros desarrollando pedagogía de paz.  O a Iván Márquez  y a Pablo Catatumbo con Humberto de la Calle y Sergio Jaramillo reunido con los partidos políticos, los empresarios, los ganaderos, los gremios económicos, la académica, los sindicatos, los movimientos sociales y los grupos étnicos que llevan más de un año pidiendo reunirse con la mesa de conversaciones. Que bueno sería verlos reunidos con la oposición del Centro Democrático escuchándolos y tomando nota de sus objeciones para darle cabida en el proceso.

Como seria de Útil que la subcomisión de género viniera a reunirse a Colombia con las mujeres de este país para llenarlas de certezas y encontrar su decidido apoyo al proceso de paz,  en razón de que representan más del 50% de la población y el 70% de las víctimas del conflicto armado.

Existen muchas dudas y un gran escepticismo en la población y,  eso no se resuelve con escándalos mediáticos y actitudes arbitrarias, sino con una estrategia comunicativa bien direccionalizada hacia los retos y propósitos de paz. La población quiere saber que va a pasar con el paramilitarismo, con la corrupción; si el gobierno va seguir incumpliéndole a los movimientos sociales los acuerdos a los llega, si la fuerza pública va a seguir tratando la protesta social con una estrategia de guerra, si se van a seguir judicializando y criminalizando a los líderes sociales, políticos y populares, si se va a seguir gobernando contra la paz; si las FARC van a seguir secuestrando y extorsionando, que va a pasar con sus armas, si van a hacerse un movimiento político con garantías y seguridades suficientes para que no vuelva a ocurrir lo de la UP o lo Rafael Uribe Uribe, Guadalupe Salcedo, Carlos Pizarro Leóngomez…entre muchos otros que le apostaron a la paz y se encontraron con la muerte.


La población está llena de preguntas y el propósito de una pedagogía de paz es resolver las inquietudes con la mayor franqueza y compromiso. El proceso esta andando una etapa decisiva. Ojala en la próxima ronda de conversaciones que se inicia la semana entrante tengan ustedes un espacio para pensar estas inquietudes.                                     

viernes, 19 de febrero de 2016


CAMILO,  LA PAZ Y EL POSTCONFLICTO
CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente –Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz- CPSPP-


Esta conmemoración se da en una coyuntura muy particular; el avance de las conversaciones de paz del Gobierno Nacional con la insurgencia de las FARC-EP y el desarrollo de la fase exploratoria de conversaciones con el ELN. El tema de la paz ocupa la agenda nacional y después de más de sesenta años de conflicto armado parece tener eco y resonancia en la insurgencia y en el gobierno nacional, el clamor nacional de paz hecho por distinto sectores de la sociedad colombiana, a través de diferentes eventos y las más diversas manifestaciones populares y sociales.

Convocar la figura y el pensamiento de Camilo Torres Restrepo, resulta no solo pertinente, sino necesario en esta fase de incertidumbres y búsquedas de imaginarios de unidad y posibilidades de organización política para abordar la fase de un posible postconflicto cargado de movilización social y política,  y posibilidades democráticas de que sectores tradicionalmente excluidos puedan convertirse en distintos territorios y a diferentes niveles en auténticas alternativas de poder, eso si y solo sí, pueden encontrarse en un proceso unitario en el que se reconozca y respete la diferencia, y se fijen propósitos comunes en el marco de procesos de corto, mediano y largo alcance en el que adquieran forma y realidad histórica las expresiones del poder popular y ciudadano en torno a agendas reivindicativas y plataformas políticas esenciales.

 Esta es una idea central del pensamiento de Camilo Torres Restrepo, en el periodo que precede a su incorporación al ELN, por la cual se movilizo en todo el país, encontrando importantes respaldos, pero igualmente, abrumadoras y desesperanzantes expresiones de dogmatismo y sectarismo político de las izquierdas tradicionales, que no permitieron que la idea germinara y se consolidara en un gran movimiento social y político de raigambre popular. El concepto de Unidad y la necesidad de un Frente Unido del pueblo, en torno a una plataforma de lucha social y política, fueron en su momento y sigue siendo aun un componente del pensamiento de Camilo, profundamente valido.

Han pasado cincuenta años y el desarrollo de la confrontación social y política ha dejado una estela de tragedia, terror y muerte del que la sociedad colombiana tiene la responsabilidad y obligación de salir, y la izquierda, los movimientos sociales y políticos, las distintas poblaciones y las gentes que habitan todos los territorios, el compromiso de construirse desde una perspectiva política que coloca al centro del proceso de reconstrucción del país la tarea central de trabajar por la unidad y la organización de los sectores populares en el marco de una práctica política renovada y vigorosa con el suficiente musculo unitario como para convertirse en alternativa de poder. La necesidad de organizar y potenciar la capacidad de participación y de construcción de escenarios de poder social y popular en el marco de una democracia renovada y trasformada por nuevos modelos de gobierno, gobernabilidad y gobernanza hacen parte de los imaginarios de Camilo que hoy es necesario recuperar para que los sectores populares protagonicen en los diversos territorios los procesos de cambio que se requieren para construirse en “dignidad” conforme lo soñó Camilo.  

Camilo se le ha dimensionado desde su condición de sacerdote – revolucionario y especial admiración se ha mostrado por su disposición para la lucha, incluyendo la lucha armada, como la forma de oponerse a la violencia institucional a través de la contravionlencia, en un contexto de estrecheces democráticas y agudas persecuciones, asesinatos, masacres, desapariciones y desplazamientos generados por los ajustes requeridos para el desarrollo del modelo político y las urgencias del capitalismo emergente en nuestro país. Siendo hijo de la violencia, no era de su naturaleza el ejercicio de la misma. Lo que era propio de su condición humana era su capacidad para hacer uso de la que Albert Einstein llamo la más poderosa y creativa de todas las fuerzas de la naturaleza, el amor humano, que en Camilo adquiere una condición revolucionaria y profundamente humanista al hacerse amor eficaz.

Camilo no solo es de la generación de la violencia y el conflicto social, sino, también lo es de la segunda postguerra y de la guerra fría, de las luchas de liberación y descolonización, de la oleada revolucionaria de América Latina despertada por la revolución cubana; es en síntesis un hombre de su tiempo. Pero su esencia, el material de que esta hecho,  es de humanismo y de amor. Su condición cristina y revolucionaria, se unieron para conducir sus prácticas a la entrega absoluta y a las incertidumbres de la lucha armada en las consignas del ELN.

El 10 de Febrero de 2015,  la Comisión de Historia del Conflicto y las Victimas (CHDCV) entrego el informe final, 12 ensayos y dos relatorías que colocan a disposición de la nación las distintas explicaciones de los orígenes, causas, determinantes y consecuencias del conflicto social, político y armado en nuestro país. No hay  una única historia, no hay una única verdad. Gran parte de las explicaciones que se dan desde los distintos horizontes teóricos e interpretativos, muestran la complejidad de fenómenos que Camilo en su momento tuvo que sortear, enfrentar y pensar en sus posibles soluciones.

El país fue resolviendo parte de las agendas de lucha de la década de los sesenta, en mi percepción de manera insuficiente, creando un déficit de atención social que se hizo inmanejable con el paso del tiempo y los gobiernos. No logro construir ni un Estado ni una institucionalidad lo suficientemente fuerte como para dar albergue a una sociedad civil fuerte, organizada y capaz de generar, legal y legítimamente, los cambios que requería el país. El proceso de modernización del Estado y la sociedad siguió la desafortunada ruta de la violencia y la guerra y, contó con unas elites políticas y económicas, mezquinas y corruptas, que no les importo desangrar el país, si sus intereses se veían afectados. 

Hoy se requiere de una nueva lectura de los procesos y conflictos  que ayuden a potenciar el imaginario de rutas de solución; recuperar las autonomías del pensamiento social y político para pensarse en contextos reales y formular para sus problemas,  con suficiente autonomía,  políticas públicas pertinentes. Esa es una preocupación Camilista. 

La corta e intensa vida de Camilo Torres Restrepo entre 1947 momento en que ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia y,  1966 cuando muere en Patio Cemento en las filas del Ejercito de Liberación Nacional, atraviesa cuatro etapas esenciales:

La primera etapa (1947-1954), es de búsquedas juveniles y decisiones de vida que lo llevan del Derecho al Sacerdocio, de las leyes a la teología y la filosofía. Es una época de formación y profundización de su espíritu humano en un contexto de compromiso religioso que va definir de manera sustancial su forma de concebirse en el mundo de lo social.

La segunda etapa (1955-1958), la constituye su proceso de formación científica en la Universidad de Lovaina y su preocupación temprana por involucrar a la Iglesia con las situaciones sociales a través de la comprensión de la naturaleza de los conflictos entendidos en las lógicas de la investigación sociológica, en esta etapa, hay un fuerte acercamiento a las realidades sociales resultantes del mundo urbano y rural y una defensa cerrada de un cristianismo ideal, que comienza a tomar distancia del cristianismo institucional que solo le preocupa el acompañamiento espiritual de sus feligreses, es en este periodo que madura su idea y legado del amor eficaz y sus reflexiones sobre el sentido de la caridad y la dimensión social de la solidaridad.  

La tercera etapa (1959-1963), se inicia con su regreso a la Universidad Nacional como Capellán Auxiliar y su particular compromiso con las comunidades estudiantiles y barriales a través de  MUNIPROC (Movimiento Universitario para Promoción Comunal), que tiene la particularidad de inaugurar la extensión solidaria en la Universidad y colocar a los estudiantes con las realidades de la pobreza y la marginalidad de un mundo campesino que se hace urbano. Es un periodo de profunda sensibilidad social e inmersión en las dinámicas y conflictos sociales, en su comprensión y estudio. Es en este periodo que se hace co-fundador del departamento de Sociología, maestro y funcionario público, decano del Instituto de Administración Social de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP),  impulsor de la Acción Comunal, miembro de la junta directiva del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria-Incora-, fundador de la Unidad de Acción Rural en Casanare,  entre otros cargos y responsabilidades que asume.

Pero es también en este periodo que se profundizan sus contradicciones con la institucionalidad y las jerarquías de la iglesia, que su cristianismo social se ahonda y consolida en franca oposición con la prácticas tradicionales de una iglesia subordinada al orden establecido y profundamente anticomunista, que arrastra la tragedia de haber sido protagonista principal de un devastador periodo de violencia dirigido en lo esencial a general los procesos de consolidación de un modelo de desarrollo económico de capitalismo dependiente que requería del cambio del mapa de tenencia, uso y propiedad de la tierra y que afectaría profundamente el mapa demográfico de la nación. Es en este periodo que se produce su mayor acercamiento a la comprensión de la violencia y al estudio del mundo rural.

La cuarta etapa (1964-1966), es de radicalización de su compromiso social y político. En este periodo se produce su mayor relacionamiento con las organizaciones políticas de izquierda y los sectores democráticos de los partidos tradicionales, una intensa actividad con las organizaciones sindicales, campesinas y populares. En octubre de 1964 reúne a un grupo de intelectuales y científicos de diversas corrientes ideológicas y políticas interesados en buscar un consenso en puntos mínimos de acción hacia un cambio de estructuras donde se comienza a elaborar una plataforma para un movimiento de unidad popular, que dará origen al proyecto del Frente Unido del Pueblo; se agudizan las contradicciones con las jerarquías de la iglesia, se produce su separación de la institución y inicia su carrera vertiginosa en torno al Frente Unido para lo cual se crea el semanario.

El 18 de octubre de 1965 viaja a las montañas de Santander donde se incorpora como combatiente al Ejército de Liberación Nacional, decisión que hace pública el 7 de enero de 1966, mediante una Proclama al pueblo colombiano. El 15 de febrero de 1966 muere en combate en Patio Cemento, corregimiento de El Carmen, municipio de San Vicente de Chucurí, departamento de Santander.

1.      Camilo, la violencia, el Frente Nacional y la Paz.

Camilo vivió un periodo muy “parecido” al que hemos vivido en las últimas décadas y,  al que nos aprestamos a vivir,  si el proceso de solución política integral, al conflicto armado llega a un acuerdo de finalización. Si se dan cuenta, las dos primeras etapas de la vida de Camilo, se dieron en el marco de la violencia interpartidista, el desarrollo de las guerrillas liberales, la dictadura Militar de Gustavo Rojas Pinilla, la amnistía y la desmovilización parcial de las guerrillas y el pacto de impunidad de las elites liberal y conservadora que se consolida en el Frente Nacional.

Las dos siguientes etapas se dan en el marco de lo que se denominaría hoy la “transición y el postconflicto” y se corresponden con las administraciones de Alberto Lleras Camargo y Guillermo León Valencia.

El Gobierno de lleras Camargo, denominado el gobierno de la restauración nacional, se fijo tres objetivos centrales en este periodo de transición y consolidación de las instituciones frentenacionalistas: encontrar un modelo político de colaboración bipartidista en todas las ramas del poder público, capaz de eliminar la confrontación burocrática entre las dos colectividades históricas; erradicar la persistente violencia política en las áreas rurales del país, primordialmente en los departamentos del Valle del Cauca, Caldas, Tolima, Huila y Cauca; y hacer los ajustes estructurales que posibilitaran superar la crisis sociales y económicas y ajustar el modelo a las necesidades del desarrollo capitalista.

El gobierno de Guillermo León Valencia, llamado equivocadamente, el presidente de la Paz, reivindicado por su nieta Paloma Valencia,  hoy senadora de la republica por el Centro Democrático, de quien se conoce su posición frente a los diálogos que actualmente cursan en la Habana entre el gobierno Nacional y las FARC, constituye el gobierno en que se desarrollaron los operativos que dieron origen a la operación Marquetalia y por esa vía a las FARC.  

Es en estos dos gobiernos de transición y posconflicto en que se van generando las condiciones para que se inicie la nueva fase de guerra que actualmente, se busca cerrar y que si no se hace de manera correcta será la puerta de entrada a un nuevo ciclo de violencia. Quiero señalar algunos elementos que nos permiten comparar los dos momentos y llamar la atención sobre los riesgos de un postconflicto mal desarrollado como lo fue el del Frente Nacional, pero lo quiero hacer en el marco de la vigencia del pensamiento de Camilo Torres Restrepo.  

2.      Sobre la participación de Estados Unidos.

La presencia de estados Unidos en los dos momentos ha estado acompañada de planes de guerra y planes de paz. Recordemos que el conflicto de la década del sesenta se da en el marco del impulso de la doctrina de la seguridad nacional y que para el caso colombiano se impulsa el Plan Lasso, como un plan de guerra contra las insurgencia y el avance del comunismo en el continente.

Desde 1959, el gobierno de los Estados Unidos envió unos "Equipos Especiales de Estudio", compuesto por expertos de contrainsurgencia para investigar la situación de seguridad interna de Colombia. De esos equipos y sus recomendaciones surgió la nueva política de contrainsurgencia que se instituyó como Plan Lasso en 1962 e hizo un llamamiento para las operaciones militares y los programas de acción cívica en las zonas violentas. A instancias de los Estados Unidos, el gobierno colombiano comenzó a atacar a las comunidades campesinas y agrarias, organizadas como movimiento agrario y autodefensas contra la agresión paramilitar en la década del sesenta, en un intento de controlar los territorios en las zonas catalogadas por el Senador Álvaro Gómez Hurtado como Republicas Independientes, las que recibieron la descarga de toda la capacidad orientada del Estado para su destrucción. Resultado de ese Plan se produce la Operación Marquetalia.

Se impulso de manera simultánea, durante la administración de John F Kennedy, La Alianza para el Progreso que tenía el doble propósito de detener el avance comunista y mantener la hegemonía norteamericana en los países de América Latina a través de programas que disminuyeran la conflictividad social y ajustaran la estructura estatal a los requerimientos del desarrollo del modelo capitalista. En el marco de este programa se busco el impulso de una reforma agraria y mejoramiento de la productividad agrícola, el desarrollar el sistema de libre comercio entre los países latinoamericanos, la inversión social, el desarrollo Políticas fiscales y monetaria, programas de vivienda social, salud comunitaria,  educación a nivel general  y programas de tecnología básica alternativa  dirigida a los bajos estratos ( tecnologías agrícolas, industriales, etc.), entre otros programas sanitarios y de bienestar social. Todo el programa era financiado a través de las organizaciones de la ONU y la OEA.

Este periodo que cerramos de manera similar cuenta con el Plan Colombia del que se conmemoran 15 años de guerra. Fue concebido como un plan para luchar contra el narcotráfico y termino siendo un plan contrainsurgente al unirse la lucha revolucionaria con las actividades del narcotráfico en la denominación de narcoterroristas, acuñada por los Estados Unidos. Un plan de guerra que se desarrollo no solo contra las FARC, sino contra los territorios, las poblaciones y los movimientos sociales y políticos y, cuyo componente social fue absolutamente precario. Ahora, como en el tiempo de Camilo, se pretende impulsar el mismo plan con la denominación de Colombiapaz, como un plan de re-construcción en la fase de Postconflicto, porque como lo ha dicho Obama si hemos sido socios en tiempos de guerra, vamos a seguir siendo socios en tiempos de paz.

En síntesis, el Gobierno norteamericano ha estado presente en los dos momentos financiando la guerra y subsidiando la paz.

3.      Sobre los problemas estructurales vigentes.   
  
Como se puede extrapolar de las iniciativas de la Alianza para el Progreso, el país atravesaba en su momento histórico por una crisis similar a la que atraviesa hoy en materia económica que lo obliga a redefinir la política fiscal y monetaria, a buscar la integración económica latinoamericana o mundial a través de los TLC y, a diseñar soluciones estructurales para la ciudad y el campo, en el camino de disminuir la pobreza y combatir el desempleo que Camilo ya avizoraba como crítico en sus estudios sobre la proletarización de Bogotá.

Los esfuerzos por resolver el problema agrario a través de la Ley 135 de 1961, de los cuales se hizo partícipe Camilo, se vinieron a pique y generaron mayor conflictividad campesina y guerra, por la postura mezquina de los propietarios de la tierra, su voracidad concentradora y la incapacidad del Estado y de los gobiernos de la época para someterlos. La ampliación de la frontera agrícola a través de los programas de colonización espontanea y dirigida, genero un mapa de tenencia y uso que no coincidió con el mapa de propiedad de la tierra y que constituye la esencia del conflicto agrario. Hoy está seriamente amenazadas las pocas ventajas que para los campesinos tiene la ley 160 en materia de Zonas de Reserva Campesinas y,  sobre todo, en la definición que los baldíos de la nación es para dar tierra a los pobres del campo, los que ahora se pretenden entregar al desarrollo agrario empresarial, aumentando la concentración de la tierra, ya extremada en las lógicas del despojo paramilitar.  

Hoy se ha llegado en la mesa de conversaciones de la Habana a un nuevo acuerdo político sobre el desarrollo rural integral que debe ser tomado en serio y desarrollado a plenitud. No solo se trata de transformar el campo y generar desarrollo rural empresarial, sino de permitir que se fortalezca la economía campesina, se salvaguarde el medio ambiente y se garantice la seguridad alimentaria de la nación. Las zonas de reserva campesina, no pueden ser consideradas como lo vienen haciendo algunos las nuevas republicas independientes, como tampoco los territorios de paz que se establezcan. La confrontación entre la ZRC y Las Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social (Zidres) de iniciativa empresarial no puede dar origen a un nuevo modelo de exclusión en el campo y a un nuevo ciclo de violencia. 

El concepto de paz con justicia social, recoge la necesidad que las transformaciones del postconflicto se inscriban en la garantía de los derechos fundamentales y humanos en un favorecimiento general de las poblaciones tanto en el ámbito de lo rural como en las complejas condiciones y conflictividades del mundo urbano. Acá en este momento es necesario revisar y ponderar en alta estima la plataforma del Frente Unido, que hizo las reclamaciones,  que en ese periodo de transición,  exigía con mayor vehemencia Camilo Torres Restrepo. 

Además de los conflictos agrarios y sociales que Camilo tiene que vivir, estudiar y enfrentar, está el conflicto político y el constreñimiento que sufre la democracia que se produce en el pacto del Frente Nacional, a través de la exclusión de las terceras fuerzas y un anticomunismo que se consumió todo tipo de inconformidad y protesta democrática y pacífica, que no está muy lejos de las políticas de seguridad y defensa que en los ultimos gobiernos han catalogado cualquier movilización social de amenaza terrorista, persiguiendo, judicializando y condenando a miles de luchadores populares, sindicales y políticos en el país, cuando no los han criminalizado.

Una de las características de ese periodo de transición, que vivió Camilo,  es que se reactivaron las luchas sociales y políticas, se incrementaron los conflictos agrarios, urbanos, sindicales, cívicos y estudiantiles y hubo una eclosión de fuerzas políticas de izquierda, que no pocas veces estuvieron acompañadas por intentos de organización armada, dada la tradición histórica del país en materia de luchas políticas y los impactos del momento histórico mundial cargado de levantamientos y revoluciones sociales y anticoloniales. Lo que hay que esperan en el postconflicto armado que se avecina es una nueva ola de movilizaciones sociales y luchas reivindicativas que deben ser tratadas de manera distinta a la de la represión, la violencia y la criminalización. Al igual de una transformación significativa de las prácticas políticas en una autentica ampliación y profundización de la democracia.       

Una situación muy parecida de dispersión de las fuerzas democráticas transformadoras a la que existe hoy, tuvo que vivir Camilo y de ahí, su discurso de unidad, la plataforma y la propuesta del Frente Unido. El posconflicto que se avecina, que ya comenzó, en su fase de transición, no puede cerrar la democracia y convertirse en un escenario de macartizacion y señalamientos a quienes se movilizan de la guerra hacia la política y aspiran a hacerse protagonistas esenciales de las luchas democráticas en los escenarios del ejercicio del poder político.

El llamado de Camilo en las entrañas del Frente Nacional, a todas las fuerzas políticas y sociales democráticas es a refundar la política, darle mayor protagonismo a los sectores sociales y populares, convertirlos en auténticos sujetos de la política, dirigiéndolos hacia un procesos de transformaciones estructurales. La situación de hoy, no es muy distinta a la de ese momento y, harían bien las FARC, el ELN y las distintas formas de organización política de izquierda democrática, así como los movimientos sociales y populares, de hacer una relectura del pensamiento unitario de Camilo y de la idea del Frente Unido, en el camino de refundar la política y lo político, de construirse en alternativa de poder en un escenario de luchas democráticas, que esta antecedido de la experiencia de las democracias alternativas de América Latina, vistas como camino, más allá de las especificidades de sus propios conflictos internos.

4.      Reformas constitucionales de fondo.

La etapa vivida por Camilo también deja enseñanzas que se han repetido en los procesos de postconflicto anteriores a los que se avecinan y que se manifiestan en una incrementación de la violencia paramilitar e institucional, el asesinato de los protagonistas de los procesos (Rafael Uribe Uribe, Guadalupe Salcedo, Carlos Pizarro Leongomez… entre otro centenar) y un incremento del bandolerismo y la delincuencia, por un tratamiento institucional insuficiente y desafortunado de los procesos.

Esos reprochables incidentes de la muerte de los protagonistas no se pueden volver a producir, como tampoco el incumplimiento de los acuerdos y la utilización de cualquier pretexto para pasar por encima de los mismos deshaciéndolos desde el autoritarismo y la arbitrariedad del poder estatal.

El proceso deben llenarse de al menos cuatro tipos de seguridades, la seguridad física de quienes se normalizan para que se conserve a plenitud su vida y puedan ejercer la totalidad de sus derechos ciudadanos; la seguridad jurídica para que no se les persiga y se les abra permanentemente procesos judiciales o se les extradite; la seguridad política para que los acuerdos se cumplan a través de su incorporación a los fundamentos constitucionales y, se produzcan las aperturas en el sistema político, de partidos y electoral que los lleve en la lucha democrática a seguir persistiendo por las transformaciones estructurales del país  y a los planes y programas de desarrollo  nacionales, territoriales y locales: la seguridad social y económica, para quienes se van de la guerra puedan construirse en un nuevo proyecto de vida digna.

Comparar los dos momentos resulta motivador e interesante si de uno se extraen las enseñanzas para que el segundo no repita en equivocaciones lo que condujo a una nueva época de violencia y conflicto armado.

5.     CAMILO TORRES RESTREPO: Un pensamiento propositivo para la paz de Colombia


A las puertas de un proceso que esta por construirse hay que volver a retomar la senda transitada por Camilo que fue llenando de urgencias y profundas preocupaciones sobre la necesidad de construir a las clases populares, en un sujeto social, que cargado de reconocimiento e identidades propias que explicitan las condiciones de su realidad social e histórica, se erigen en sujetos de derechos, definen a través de programas y plataformas sus agendas reivindicativas y de derechos, y desde allí, se hacen sujetos político, convirtiéndose en comunidades organizadas, con capacidad de movilización, decisión y gestión política y social.

Hay una realidad concreta que da razón por los estados de pobreza, marginalidad, indigencia, desempleo y falta de oportunidades, para construirse en dignidad y hay una explicación amplia de los determinantes económicos que generan y agudizan esas realidades a través de las inequidades, la exclusión, la discriminación y todo lo que ello genera en materia de traumatismos sociales y anomias.

Pensarse en términos de las urgencias del presente, definir una plataforma de realizaciones para lo inmediato, posesionar en las comunidades el sentido de lo que significa la unidad como fundamento de poder, y la organización como posibilidad trasformadora, en poner en marcha, para estos tiempos lo que Camilo pretendió hacer para su tiempo. Desde luego, que esa es una tarea difícil y de las más altas responsabilidades y no puede realizarse si no se cuenta con una fuerza inteligente y comprometida dispuesta a colocar su proyecto de vida al servicio de la construcción de lo humano y su “dignificación”. Una tarea que requiere reconocerse como distintos y respetarse para poder construir unidad y organización, que son sin duda los dos mayores retos que tiene todo proceso de participación política que se fije como propósito transformar la sociedad.  

6.      Desideologizar el discurso, politizar la práctica.  

Esta etapa, si se me permite, debe desideologizarse, que no significa renunciar a las ideologías, a tener principios o a hacer parte de un proyecto ético y político que es capaz de pensarse en relación con el futuro y el bienestar de la nación; no, es una etapa para pensarse esencialmente en el escenario de la política que es en el que se construyen los procesos de cambio que requiere el país y en el que todos los sectores deben ser protagonistas de primera línea.

El 15 de Febrero del 2006,  en la conmemoración de los 40 años de la muerte de Camilo, uno de los más destacados y juiciosos constructores del Pensamiento Camilista, Orlando Fals Borda (qepd), hizo una ilustrativa disertación sobre los imaginario del Frente Unido del Pueblo propuesto por Camilo, que él acompaño, para señalar que: “El Padre Camilo Torres Restrepo…, creó el Frente Unido como un aparato político que él denominó “pluralista”. En esta forma logró armar una nueva utopía para el país. Esta utopía tenía ingredientes especiales, como aquellos derivados de convicciones religiosas y del examen de la realidad nacional y de las revoluciones latinoamericanas contemporáneas, en especial la cubana…, la utopía pluralista de Camilo Torres… Al trascender la realidad y pasar al plano de la práctica, su planteamiento tiende a modificar profundamente el orden de cosas existente, produciendo crisis sociales y personales, induciendo el examen crítico de la sociedad e impulsando el cambio subversor necesario” (Fals Borda. UN 15.02.2006) 
  
Ese  pluralismo utópico adquiere forma y sentido en el presente de Camilo, y vigencia en esta Colombia de hoy. Cómo podría no tener valor y sentido un planteamiento como el formulado en la Plataforma de Frente Unido del Pueblo, en donde se afirma: “El aparato político que debe organizarse debe ser de carácter pluralista, aprovechando al máximo el apoyo de los nuevos partidos, de los sectores inconformes de los partidos tradicionales, de las organizaciones no políticas y, en general, de las masas”. Una mirada que no se encasilla que transciende los reservados espacios de la izquierda para pensarse con la sociedad en su conjunto. La idea de Camilo adquiere sentido, no en cuanto que se queda como enunciado teórico que orienta desde el discurso el que hacer de los otros, sino en cuanto entiende y asume el cambio subvertor necesario, en la propia corporalidad de su territorio y en la práctica social y política que lo habita. 

Tal vez, sea injusto afirmar, que la gran tragedia que la izquierda colombiana y de sus liderazgos más reconocidos, es que trabajaron más con el discurso y la ideología, que con la realidad y con la práctica transformadora de la misma, que hicieron asistencialismo revolucionario, y asumieron con misticismo un compromiso sin una ruta que construyera en el presente como ejemplos, lo que debía ser el futuro. Llevados por una inapropiada forma de concebir la ideología generaron más fraccionamiento y dispersión, que unidad y dinámicas de trasformación. Si bien las ideologías guían el accionar político es la política como practica la que construye la realidad histórica.

 En Camilo, el pluralismo utópico es una herramienta para unir grupos diversos, y hacerlos mover hacia una misma dirección. Se presenta como una estrategia que busca cambiar las reglas del juego, y que al hacerlo quiere promover el cambio del orden social y político en que se desarrolla (Fals 2006). Pero, por su misma naturaleza diversa no busca crear sistemas cerrados y autoritarios, sino, sociedades libres y abiertas que persiguen la utopía del desarrollo humano y de la libre personalidad. Una sociedad en la que se encuentran diversas tendencias, pero que tienen las mismas metas valoradas, aquellas que hoy podríamos definir como provenientes de pueblos originarios. Con este fin se unen todas en un impulso común de creación que permite una amplia libertad de cruces ideológicos, y que ofrece alternativas para escoger las vías de acción con base en una moderna racionalidad. (Fals 2006)

La unida en la diversidad es el fundamento del pensamiento unitario de Camilo, pero es esa diversidad, ese pluralismo utópico, es el constituye la esencia de un autentico régimen democrático. He ahí un aporte fundamental a la paz en nuestra Colombia del Siglo XXI.

La produccion de Camilo busca dar razón por las causalidades del conflicto y las necesidades de las clases populares, de ahí su preocupación por la pobreza como tema de investigación científica, sociológica y política, por las transformaciones del campo y el mejoramiento de la vida de las comunidades rurales, su particular compromiso con los sectores sociales que van configurando en la marginalidad las nuevas formas de habitar y demandar en derechos los espacios urbanos, acompañando las demandas en vivienda, servicios públicos, salud, educación, trabajo… elementos todos constitutivos de su concepción de la dignidad humana, la que une a la construcción de las responsabilidades y la demanda de obligaciones de las clases populares, en su cerrada convicción, de que nadie puede quedarse por fuera de las dinámicas y los procesos de cambio que requiere el país.  

7.      Construir los cambios con todos, desde  el amor eficaz. 

Si se logra sustraer de los radicalismos de la época, sus mensajes y proclamas,  y se centra su lectura en los argumentos, con que se construyen sus llamados, entonces podemos acercarnos a un Camilo preocupado por darle a los sectores populares un papel determinante en el cambio de su actitud frente a la vida en los procesos de dignificación de la misma. Sacar a Camilo de los radicalismos de la época  es conservar el discurso en sus raíces (Fals Borda), en su esencia más pertinente e histórica, en su validez trascendente, y esa es una tarea que debe fijarse todo Camilista autentico.

No es inútil en la Colombia de hoy, en ese camino que se construye con esfuerzo para pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la convivencia democrática, de la exclusión al pluralismo utópico, llamar la atención, como lo hizo Camilo en su momento, sobre la violencia institucional, los partidos políticos liberal y conservador, las izquierdas y los comunistas, los militares y las fuerza pública en general, las elites políticas y económicas…,  el desempleo, las mujeres, los campesinos, los pobres de las ciudades, los cristianos, los sindicalistas, y en fin sobre las necesidades y urgencias de hoy de lo que ayer Camilo llamo las clases populares.

No es fácil para el país, después de sesenta o más años de conflicto, apostarle con credibilidad a un horizonte de futuro que ofrezca una paz estable y duradera para unos, y para otros,  con justicia social y democracia. No resulta fácil, porque existe viva una memoria de engaños e incumplimientos, de inútiles sacrificios, de muerte y desconocimiento de responsabilidades, una memoria de injusticia y de impunidad. No obstante, esa desafortunada realidad no se puede perder la esperanza que podemos vivir en un país distinto construido por todos. Desde luego que la confianza, credibilidad y seguridad en los procesos se construye día a día, con auténticos hechos paz, desescalando los espíritus y las malas intenciones, los rencores, los odios y las trágicas cadenas de venganza. 

Camilo nos ha heredado una radiografía de la violencia y un pronóstico de su escalamiento hasta la deshumanización. Apenas, este 10 de Febrero del 2015, La Comisión Histórica del Conflicto y las Victimas (CHDV), ha entregado su informe y en no pocos párrafos se repite lo que Camilo en su momento había señalado sobre los orígenes del conflicto.

Camilo no deja de cuestionar esas lógicas de paz que restituyen los derechos de los ricos y dejan en iguales o peores condiciones a los desposeídos, una paz de ajustes, sin cambios sustanciales que favorezcan a los marginados, a los excluidos, a los más desprotegidos, por eso no duda en manifestarse contra el nuevo pacto.  

Este proceso de conversaciones y de acuerdos políticos, que avanza entre el gobierno nacional y la insurgencia, no puede repetir esta historia de tragedias e incumplimientos, la clase política tienen una responsabilidad con el país de refundar la política para ponerla al servicio de la construcción del interés público y del interés común, de la protección y defensa de los patrimonios estratégicos de la nación. Pero las bases sociales de los partidos políticos y de los movimientos sociales tienen que aprender a distinguir entre los líderes que se comportan como auténticos servidores públicos y los que como servidores se comportan como auténticos delincuentes. Ampliar y profundizar la democracia, es parte de los elementos centrales del pensamiento de Camilo, que se sintetizan en la necesidad de que el pueblo a través de sus mejores y más nobles representantes sea quien esté llamado al ejercicio del poder político.

Pero, también es una responsabilidad de las elites económicas comprometerse en la generación de una mejor y más justa sociedad, deben contribuir significativamente a generar mayor equidad y mayor bienestar; deben entender lo que significa el valor agregado que le da a la actividad económica una sociedad en paz. La finalización del conflicto no puede mantenerse en una sociedad en la que crece la pobreza y en donde la realidad no deja de burlarse de los estándares de medición de los tecnócratas y burócratas del Estado. Las elites económicas que participaron en la financiación de la guerra tienen una obligación moral con la financiación de la paz. Pero sobre todo, tienen que domesticar y someter al justo límite del reconocimiento legítimo social sus procesos de beneficio económico. No se trata,  como ya lo señalo Gaitán, de combatir la riqueza que genera bienestar y progreso, se trata de combatir y acabar, la riqueza que genera pobreza y violencia.   

Hoy se convoca un proceso de reflexión sobre el papel de la fuerza pública en el postconflicto, que no puede dejar de lado una reflexión sobre sus dignidades y valores brutalmente desfigurados en su privatización y la desfiguración de su función constitucional. No es fácil, no dejarse llevar por la tentación de la provocativa y si se quiere valida reflexión de Camilo sobre, la composición de la fuerza pública, de sus valores y de su papel en un momento tan importante para la institución como el que atraviesa en este instante del proceso de paz. Desde luego que en estos sesenta años de guerra los miembros de la institución se han transformado, se han formado profesionalmente y han fortalecido y consolidado su espíritu de cuerpo. Pero eso, no le resta validez a la reflexión que Camilo hace en el Mensaje que envía a los  militares a mediados de la década del sesenta.

Para Camilo Torres Restrepo, cuando la fuerza pública retome el papel que les ha sido asignado constitucionalmente, en materia de seguridad y defensa, se fijen como propósito la defensa de la nación, el territorio, la institucionalidad democrática y las leyes:

“El honor de las fuerzas armadas no será entonces mancillado por el capricho de la oligarquía y de los lacayos que tengan a su servicio las fuerzas armadas. No veremos más a generales de tres soles ser destituidos por haber hablado de reformas de estructura y de grupos de presión. No veremos más a generales que tienen un origen en la clase media echados por (corruptos) con escándalos públicos mientras que los superiores de la clase alta o relacionados con la oligarquía colombiana hacen (de la corrupción un negocio) que logran mantener oculto, corrupción que va directamente contra los intereses del país y contra la soberanía nacional”.(Mensaje a los Militares)

Son distintos los llamados que entraña el mensaje de Camilo en estos tiempos presentes a los militares: la necesidad de superar las diferencias sociales, étnicas y culturales al interior de la institución para que esta se construya en un orden de seres iguales, independiente de su raza, su condición social o cultural; una institución donde sus miembros cuentan con un universo de oportunidades para formarse, no solo en la carrera militar, sino como seres humanos y profesionales al servicio de su país; una fuerza pública al servicio de la nación y no de los intereses de las elites económicas y del capital; que cumple con funciones naturales de su condición de fuerzas armadas y militares que no es otra que la defensa de la nación, el territorio, la institucionalidad y la ley; el ofrecimiento y garantía plena de la seguridad ciudadana y la lucha eficaz contra el crimen organizado, nacional y trasnacional. Una fuerza pública que tenga lo justamente necesario para desempeñarse con eficiencia y sea tan grande como humana y técnicamente se requiera.

Camilo nos convoca a superar la estigmatización y el señalamiento que se hace al pensamiento crítico, a los líderes sociales, políticos y populares de enemigos de la institucionalidad, de la nación y de la democracia. Ampliar y profundizar la democracia requiere del reconocimiento de la diversidad, de la posibilidad del disenso, de la existencia de una oposición fuerte, de la desestigmatización de las prácticas de oposición y de su legitimación.   Esto demanda, que sectores de la fuerza pública, de las elites económicas y sociales y políticas superen la concepción anticomunista, antisubversiva y el señalamiento a sus contradictores. 

Hay en este planteamiento de Camilo, una percepción profundamente democrática y creativa de los comunistas, más allá del sentido de sus estructuras partidarias o de sus imaginarios totalitarios. Expresa la validez de la agenda comunista en lo que se refiere a su preocupación altruista por el bienestar de lo humano;  combatir la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la falta de vivienda, la falta de servicios para el pueblo, encontrar soluciones eficaces y científicas… a sus problemas; pero igual se preocupa por llamar la atención y  establecer la diferencia entre lo que social, política y económicamente justo e injusto. Y lo justo en Camilo es la construcción permanente de la dignidad humana a través de la práctica del amor eficaz. Por eso Camilo le da un lugar a las creencias y a la fe de los militantes de izquierda y no concibe para ellos, ni para los cristianos y su compromiso con los cambios estructurales de la sociedad y el Estado, que allí haya contradicción alguna.   

Es indiscutible el papel jugado por los medios de comunicación, por lo general en manos de los grupos económicos, en la construcción de una cultura del señalamiento la estigmatización y el escalamiento del conflicto. No existe una responsabilidad social e institucional de esos medios y esos grupos en la construcción de una cultura de convivencia democrática. Camilo ya lo había señalado en su momento y lo grave es que no ha cambiado en cincuenta años la actitud de los medios en el incremento de la polarización.

Un papel  especial tienen los cristianos y los católicos que jugar en el proceso de las transformaciones del orden social y político. Su compromiso con sus creencias tiene que revestirse de una práctica eficaz que los conduzca a la realización plena del ser humano. Por esto Camilo, no deja de lado la responsabilidad que en general tienen los católicos con la construcción del bienestar y de la paz.

Camilo sabe que la “revolución”, que tanto espanta a las clases dominantes, no es otra cosa que la materialización de una agenda mínima de derechos, en un proceso de construcciones democráticas en que el pueblo, los sectores marginados,  puedan acceder al ejercicio del poder para impulsar desde allí los cambios que se requieran, la “revolución”  para él, es la manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos.

Una principal preocupación siente Camilo por las comunidades y problemas de la vida urbana, tema que hasta ahora poco ha sido trabajado en las mesas de conversación con la insurgencia; hoy las ciudades requieren de especial atención, de juiciosos estudios e investigaciones que definan rutas de futuro y bienestar para sus pobladores porque lo que se visualiza dadas las particulares condiciones de la vida urbana, es la intensificación de los conflictos urbanos girando desde la miseria y la exclusión hacia los problemas de la inseguridad y la violencia urbana. Pero sin duda el mayor problema de las ciudades, sin que deje de existir en las zonas rurales es el desempleo. Camilo no dejo de tomar en consideración la crítica situación de los desempleados y la necesidad de que se organicen y movilicen en torno a sus derechos.

Más allá de las trasformaciones políticas y de la solución de los problemas tradicionales unidos al mapa de propiedad, tenencia y usos de la tierra; al reconocimiento de los derechos de los campesino, Camilo,  llama la atención sobre la necesidad de luchar porque la sociedad y el Estado garanticen el ejercicio pleno y de calidad de uno de los derechos fundamentales de la condición humana porque a través de él se garantiza la construcción de la vida digna: El derecho al trabajo.

Más allá de las ridículas estadísticas oficiales sobre el desempleo el reclamo que debe animar hoy a amplios sectores de la población es cuales son las rutas que ha de seguir la economía y la política pública para garantizarles a los colombianos en condiciones de trabajar un empleo digno y de calidad. Porque sin la menor duda el ejercicio del derecho al trabajo es uno de los cimientos más fuertes que puede tener una paz estable y duradera.

Las universidades y los jóvenes universitarios tienen una responsabilidad mayor con la consolidación un proceso de paz y la construcción de una sociedad más democrática y justa. Una amplia reflexión ha hecho Camilo Torres Restrepo sobre el papel de las universidades en la construcción del desarrollo del país y en la formación de los profesionales más idóneos para desempeñarse en los distintos frentes de trabajo. No solo hizo referencia a la pertinencia de los programas, sino al compromiso efectivo de los mismos con las comunidades; El fue sin la menor duda el primero en llevarse los estudiantes a servir a las comunidades barriales a través del Movimiento Universitario de Promoción Comunal (MUNIPROC). Para Camilo, unir la universidad a las comunidades a través de los jóvenes en un contacto cargado de aprendizajes y compromisos  fue siempre esencial. Su condición de capellán de la Universidad Nacional de Colombia, lo coloco frente a la realidad del mundo juvenil, de sus inquietudes, niveles de compromiso y, desde luego, con sus carencias y limitaciones. No deja de ser válida hoy la radiografía que con crudeza y realismo hace del papel de los estudiantes en la vida social y política del país, en su propia condición social y sobre todo en las dificultades que tienen para organizarse y comprometerse con los cambios del país.         

Desde muy temprano, Camilo, al abordar la relación entre la universidad y los problemas sociales,  advertía que para preocuparse por ellos se requería de una dosis mínima de altruismo, porque, no de otra manera se sale de espacio del egoísmo, para colocarse en dirección de la conquista y la salvaguarda del interés colectivo.  Para Camilo,  la universidad ha tenido siempre el papel de formar los dirigentes de un país, tanto desde el punto de vista científico, como desde el punto de vista ético. Desde el punto de vista científico dotando a los futuros profesionales de aquellos conocimientos indispensables para investigar y resolver los problemas del país, de su sociedad. Desde el punto de vista ético…dirigiendo sus inquietudes científicas, al servicio de su prójimo…, esta que fue una preocupación de su tiempo sigue siendo vigente, contiene en su esencia el concepto de pertinencia, una universidad que se construye alrededor de los problemas de la nación y la sociedad, pero que adicionalmente, a su desarrollo académico y científico se erige como un proyecto político y ético en el servicio de los intereses comunes. Camilo tuvo como preocupación central, no solo la formación de nuevos liderazgos comprometidos con las urgencias y necesidades de las poblaciones y territorios, sino, de los nuevos dirigentes del país comprometidos con la solución de los problemas estructurales de la nación. 

Esta preocupación de Camilo vuelve a tener vigencia en los ajustes que debe tener las universidades para responder a las urgencias presentes y futuras del país en materia de solución de sus más sentidos y estructurales problemas. Una universidad para la paz solo puede pensarse en relación con carreras pertinentes, nuevas lógicas de relacionamiento de la investigación con los problemas del país, una muy decidida y consistente política de extensión solidaria en la que participen de manera decidida los estudiantes y se relación desde la especificidad de sus saberes con las realidades sociales de sus ejercicio profesional. Cada unidad académica debe convertirse en una escuela de pensamiento, investigación y compromiso con las realidades del país.

8.      Una invitación para releer y visibilizar la vigencia del pensamiento de Camilo

Lo que requiere el país es hacer del pensamiento de Camilo una herramienta para la construcción del bienestar de la nación, la ampliación y profundización de la democracia , unido a un vigoroso proceso de unidad que convierta a los sectores populares  y a las fuerzas políticas democráticas en una autentica alternativa de poder. Camilo tiene que volver a ser la voz de los campesinos reivindicando el derecho a la propiedad de la tierra para el que la trabaja en un contexto de realidades en las que la tenencia empresarial no anula las posibilidades de una economía campesina pujante erigida sobre la sustentabilidad y la soberanía alimentaria de la nación, el mejoramiento de la calidad de vida de las familias y comunidades campesinas, el reconocimiento y valoración de sus condición social y cultural, en el marco de la afirmación plena de sus derechos ciudadanos.

Camilo debe volver a ser la voz de los trabajadores y de los obreros, de la amplia población de desempleados, en la recuperación y consolidación del derecho al trabajo, en el mejoramiento de la calidad del empleo y de todas las garantías laborales y prestacionales. Su voz debe volver a los sindicatos a reclamar a los dirigentes sindicales por su burocratización y su pérdida efectiva de compromiso con los derechos de los trabajadores. A demandarles estar del lado de las urgencias políticas del momento.

Camilo debe volver a ser la voz de las mujeres, construyéndose en procesos de empoderamiento y lucha por la deuda histórica que se tiene con ellas en materia de sacrificio y derechos. Las jóvenes tienen que emprender una cruzada de organización nacional de mujeres con una agenda propia y un proyecto ético y político democrático que las lleve al ejercicio político del poder. 

Nuevamente, debe amplificarse la crítica de Camilo a la incapacidad de los estudiantes para construir organización nacional y para estar del lado de los sectores populares en las luchas sociales y políticas por acceder al ejercicio del poder. Ellos mismos deben liberarse de falsos prejuicios para articularse desde muy temprano a la construcción de un modelo de democracia que se amplia y profundiza, con su presencio ética y política, en los órganos de dirección del estado y en los espacio de elección popular.

La voz de Camilo debe volver a sonar al interior de las brigadas, los batallones, y puestos de seguridad de la fuerza pública recordándoles que la patria es el pueblo y que defender la patria es proteger al pueblo. No pueden seguir siendo los bomberos de la inconformidad apagando con represión los incendios que generan las elites políticas y económicas con su desfachatez y ambición. Para recordar a los militares que su papel no es hacer la guerra contra los humildes, sino conservar y garantizar la paz.

Camilo y toda la iglesia debe volver a leer desde los pulpitos las encíclicas papales de Vaticano II, que dieron origen al compromiso de sectores de la institución con los pobres y sus problemas, que convirtieron el amor al prójimo, en amor eficaz. Hoy el país requiere que en todas las iglesias se hable de la paz y que se haga conciencia a católicos y cristianos de su compromiso con la construcción de la misma.

Camilo, debe volver a transitar por los barrios populares con sus grupos de estudiantes haciendo los nuevos diagnósticos de la pobreza y construyendo las agendas de derechos de los pobladores urbanos. Su prédica política se afianza en la necesidad en que la paz se construya desde los territorios, con las poblaciones y sus agendas de derechos.

Un camino largo esta por recorrerse en el proceso de solución política al conflicto armado y en él deben comprometerse todos los sectores sociales, económicos y políticos de la nación, con objetividad y realismo. El pensamiento de Camilo está cargado de propuestas esenciales.

Bogotá, Febrero, 15 de 2016  

Referencia Bibliográfica: Para el desarrollo de este articulo fueron tomados los documentos esenciales de Camilo Torres Restrepo en particular el mensaje a los campesino, a las mujeres, a la oligarquía, a los militares, a los sindicalistas, a los colombianos, a los cristianos, a los comunistas y a los estudiantes: igualmente los trabajos de Orlando Falsa Borda sobre el pluralismo utópico y la vigencia del pensamiento de Camilo; También fue objeto de consulta el trabajo de Eduardo Umaña Luna sobre el Humanismo en Camilo. Se consultaron textos de Camilo tales como: Universidad y Cambio Social (1964), Critica y autocritica (1964), entre otros documentos referenciados a sus vida en la Universidad Nacional. El texto se construye en el marco de una reflexión libre sobre las ideas de Camilo, en el que el autor se tomo el atrevimiento de escoger y ajustar algunos de los textos transcritos para hacer más evidente su vigencia en el contexto de los tiempos presentes.