jueves, 8 de julio de 2021

 


Movilización Fractal y Explosión Popular

Una reflexión sobre la protesta legítima en Colombia

 

CARLOS MEDINA GALLEGO

Docente – Investigador

Universidad Nacional de Colombia

 

 

Movilización fractal y explosión popular

 Caracterizar el movimiento de la protesta social fractal, entendida está,  como una particular forma de la protesta social legítima que, en el marco de los problemas estructurales de la sociedad, repite de manera semejante el mismo patrón de protestas  a diferentes escalas y con diferente orientación,  dependiente  en lo esencial de las especificidades de los territorios y de las poblaciones, así como, de la multitud de agendas reivindicativas y transformadoras expresadas en una coyuntura específica frente a un problema particular que adquiere  distintos componentes conforme se va transformando en sus propósitos y en sus dinámicas, es un primer acercamiento para explicar lo que está ocurriendo en las últimas décadas en Colombia y en general en América Latina.

 Este modelo de resistencia y movilización fractal tiene unas dinámicas particulares que irrumpen con fuerza a través de la movilización multitudinaria y pacífica, acompañada de explosiones de inconformidad popular por fuera de todo ordenamiento  que constituye una fuerza de no fácil control y coordinación realizada  con desiguales niveles de intensidad en los territorios, por los pobladores articulados a distintas expresiones de organización e intereses y,  que se disuelve y reactiva de manera permanente a través de distintas expresiones de movilización pacífica cargadas de imaginación, creatividad, fiesta, arte y poesía, con  bloqueos y hechos de violencia aislada.   

 La particularidad de estas formas de la protesta social y la movilización en general es que se expresan de la misma forma o estructura en todo lugar, sin que necesariamente estén bajo un único centro de coordinación y articulación,  lo que genera que se den a diferente escala, con distintos propósitos y duraciones. Se expresan como pálpito acumulado de la inconformidad social que explotan a distinto nivel, ligeramente deformados por hechos delictivos o de violencia de naturaleza variada, que van desde el convencimiento que el Estado solo entiende y atiende el lenguaje de la violencia, usada como amplificador comunicativo de la protesta, pasando por violencias de desesperanza y hambre que se expresan en el saqueo a almacenes de alimento y ropas o actos de delincuencia común oportunista que asaltan los propósitos de la movilización y la deslegitiman, hasta  la violencia institucional infiltrada de confrontación y ruptura con propósitos dispersores o, la violencia institucional abierta que se expresa en el ejercicio de la brutalidad policial y las prácticas de criminalidad y terrorismo de estado con fuerzas parapoliciales y paramilitares que operan en connivencia.

 Causas y determinantes de la movilización

 La legitimidad de la movilización se construye desde las causas y determinantes que la generan, unidas siempre, a la defensa de los derechos fundamentales que garanticen una vida digna de los ciudadanos y sus familias, la defensa de las poblaciones y sus territorios, las luchas reivindicativas de los movimientos sociales y étnicos, las reivindicaciones específicas de los movimientos juveniles, universitarios y populares,  la creciente movilización por causas ambientalistas y de género,  la conformación de nuevas ciudadanías con sus propias agendas entre un centenar de motivaciones  que buscan confrontar las políticas públicas restrictivas de derechos, la conversión de estos en mercancías por la vía de la privatización neoliberal y,  cada vez más, la creciente situación de desesperanza e incertidumbre generada por los problemas estructurales de la pobreza multidimensional, el hambre crónica y el desempleo absoluto.

 Amplios sectores de la población se sienten a la deriva de cualquier posibilidad de vida digna, desconocidos e ignorados por la sociedad y el estado, atropellados por políticas económicas criminales que los arrojan a las redes de la informalidad y la delincuencia, al rebusque diario para la subsistencia, a economías subterráneas de expoliación criminal, a la degradación extrema de sus condiciones de existencia en un modelo moderno de esclavismo indigente. A estos sectores se están sumando trabajadores de las clases medias articulados a los sistemas productivos por relaciones laborales y prestacionales precarizadas que ven derrumbarse en el día a día, entre el endeudamiento y la necesidad, su nivel de vida digna y el espectro de sus comodidades sostenidas con grandes esfuerzos e incertidumbres. Nadie está libre del empobrecimiento creciente que es consustancial a las relaciones de poder económico y político que domina y gobierna el planeta a través del capitalismo neoliberal que ha construido un orden de desigualdad, inequidad y exclusión insostenible.

 Las condiciones de violencia estructural en que viven las poblaciones con el recorte permanente y sostenido del ejercicio de sus derechos a la vida, alimentación, vivienda digna, educación, salud, recreación y seguridad han alimentado durante años su inconformidad popular y social, que ha sido adormecida por falsas promesas de los gobernantes con la estrategia de engaño y alienación de los medios de comunicación, la instrumentalización emocional del odio contra sí mismos y sus semejantes en una execrable discriminación entre las “gentes de bien” y las “gentes del común”, consideradas como un lastre y desechables.

 Esas gentes del común han acumulado su inconformidad y sus rabias durante décadas y han madurado en el convencimiento de que el Estado y los gobiernos, no resuelven nada, no atienden sus demandas, no cumplen los acuerdos y cada vez de manera más inaceptable e irresponsable impulsan políticas públicas y reformas profundamente lesivas, que aumentan el empobrecimiento al nivel del hambre extrema obligando a la movilización y a la protesta social y ciudadana como única salida.

 La explicación de las causas de la movilización y la violencia por parte de la institucionalidad siempre es la misma: atribuir a la movilización una estrategia desestabilizadora, una conspiración internacional contra la sociedad y el Estado; la existencia de intereses políticos ocultos para colocarse contra el orden institucional y legal, entre otro mundo de falacias que desconocen que son sus políticas, sus subordinados planes de desarrollo a las economías extractivistas y a los interés transnacionales los que han ido generando esta bomba de tiempo que explota en las protestas y en la movilización y que cada vez es más difícil de detener porque no existe desde ese modelo de explotación ninguna oferta de salidas. Lo que ha hecho crisis es el modelo neoliberal y que esa crisis se vea reflejada en el espejo de la protesta y la movilización social.  El modelo neoliberal es estrecho para esta sociedad y sostenerlo es posible únicamente, a través de la fuerza. Se utilizan las armas de la nación contra la nación misma. No se sabe si es el fin del modelo neoliberal, lo que se sabe  es que es el tiempo de la resistencia popular y los cambios urgentes y necesarios.

 El hambre derrotó los miedos…

 Cuando la gente del común se pone en la primera línea de la protesta y la movilización popular, se entiende  que lo que la motiva es el hambre. No existe otra opción que las vías de hecho para llamar la atención, este es un movimiento que es necesario entenderlo en su propia lógica. Desde luego que hay cientos de agendas, variadas y diversas, pero detrás de todas lo que está en juego es la vida misma, como vida digna, como derechos fundamentales.

 Estamos en una coyuntura muy particular en la que se mezclan los problemas estructurales con las especificidades de la coyuntura. Hay una expresión de la inconformidad y el hastío de la pobreza y el empobrecimiento creciente en el país, que se articula y se manifiesta frente a un paquete de reformas que sucumben ante las necesidades del hambre y la pobreza. Mas allá de la reforma tributaria, a la salud, laboral o pensional lo que habita en la protesta es la rabia del hambre y esa rabia se ha desprendido de todo miedo, porque cuando la única oferta de vida que existe es la muerte, entonces la muerte pierde el sentido aterrador que tiene y se vuelve causa de vida y de protesta.

 La instrumentalización criminal de la fuerza pública por el gobierno del presidente Iván Duque y su coalición, no muestra otra cosa que su incapacidad para encontrar salidas distintas a la utilización de la violencia y esto lo ha entendido la población en la protesta, que con la construcción de las primeras líneas ha perdido todo temor a la acción criminal de la fuerza pública y con desproporcionalidad absoluta busca enfrentarla con imaginación. Ha ocurrido algo inédito en la historia de la protesta y la movilización ciudadana, le han traslado el miedo a la fuerza pública que es ahora, una fuerza temerosa actuando con torpeza bajo la dirección de mandos irresponsables que miran el espectáculo desde los puestos de mando unificado o los centros de operaciones, cuando no por los televisores donde los noticieros tuertos, mirando los conflictos desde el ojo de los intereses dominantes.   

 La población que está en las calles estuvo durante décadas rumiando su rabia y desesperanza en la intimidad de los dolores de sus necesidades, el fin parcial de la guerra a través del proceso de paz, dio origen a un periodo de transición cuya característica más sobresaliente es que la gente del común retomó las banderas de la movilización y la protesta y se lanzó a las calles libre de toda estigmatización. Al miedo lo derrotó  el hambre.

 Las movilizaciones son un producto del proceso de paz, porque en el inconsciente colectivo surgió la necesidad de superar el miedo, tomar sus propias agendas reivindicativas y propiciar la lucha política y transformadora. La agenda de los movimientos sociales es independiente de las guerrillas, hay una maduración en la sociedad y la juventud para salir a movilizarse o participar y no optan por la violencia como forma de lucha sino la presencia multitudinaria en las calles. Esa juventud ha generado una esperanza muy grande que, aunque se expresa espontáneamente no se expresa mayoritariamente en torno a formas organizativas convencionales, ni a las prácticas de violencia. Hay una guerra sucia contra la movilización social, criminal y calculada desde el Estado y eso hay que detenerlo.

 No hay que perder de vista que este es un gobierno ultra neoliberal con políticas exacerbadas neoliberales que la pandemia puso de relieve con todos los indicadores de pobreza y hambre en un proceso de enriquecimiento y acumulación descarada de las élites económicas soportado sobre prácticas de violencia institucional y es contra esto, que se está enfrentando la sociedad movilizada. La corrupción y la guerra son el mecanismo de manejo del poder del Estado en el actual gobierno, es un narcoestado, capturado por las élites emergentes que se sometió a las élites tradicionales corruptas.  La estrategia de la guerra contra el narcotráfico se dirige contra la sociedad. Un gobierno débil, autoritario y en declive es muy peligroso porque recurre con más fuerza a la violencia, utilizando todo su potencial criminal de la ley y de la fuerza.

 La salida:  Un laberinto de búsquedas

 Los que están en las calles son los jóvenes de Colombia y los sectores populares, estamos hablando de una multitud dispersa que se convoca a la movilización desde distintas consignas y a través de distintos medios. Las formas y las maneras en que se organiza la gente son muy diversas, así como las formas de protección que se están construyendo. La protesta se dirige contra símbolos que representan la opresión y son la razón de la inconformidad de los sectores populares.

 No es una protesta desestabilizadora es una protesta de agendas reivindicativas diversas que han sido incumplidas por décadas y, esta situación hace que no haya una fórmula para resolver este problema, hay incertidumbre en relación con las salidas, porque hay rabia y hastío contra la institucionalidad y hay incredulidad absoluta, en un escenario de usurpaciones de la representatividad legítima.

 Ahora no funciona la simulación de un diálogo con fuerzas que no representan a nadie, para luego incumplir acuerdos o llenar el imaginario de promesas desmovilizadoras. Es necesario entender a profundidad la naturaleza de la protesta para poderle dar una salida.

 En las últimos tres décadas en Colombia se han generado unas circunstancias de victimización que fueron reconfigurando las lógicas de la protesta. Las ciudades se han tocado en sus realidades y se han desprendido de la comodidad de lo urbano en un contexto donde la guerra estaba en lo rural. Los medios digitales nos pusieron en tiempo real frente a la movilización y la violencia y han generado una dinámica de solidaridad no solo nacional sino internacional. El volumen de información que circula por las redes pone en evidencia la crudeza del comportamiento institucional frente a la protesta, la barbaridad policial, la presencia militar, los desgarradores hechos de tortura, la violencia y la muerte.

 Estos hechos han conmovido al planeta.  La movilización está regada por el mundo en las principales ciudades de Estados Unidos, Europa, Asia y América latina; se ha manifestado la solidaridad mundial en plazas, calles, sitios emblemáticos y en las puertas de los consulados y embajadas han levantado las banderas de la Colombia enlutada y herida por el terror del Estado. La protesta ha convocado pronunciamientos de la alta comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, de la Comunidad Europea, del responsable de los Derechos Humanos del Congreso de los Estados Unidos, de la comunidad académica e intelectual del mundo, de los premios nobel y ha llenado los más importantes noticieros y periódicos del mundo. El único que no ha entendido la dimensión de la protesta es el gobierno autista, experto en engaño y simulación, del presidente Iván Duque Márquez.

 La protesta y la comunidad internacional reclama con urgencia la desmilitarización de las ciudades, parar la violencia desbordada y criminal en la ciudad de Cali, llevar la educación política a las calles en el camino de consolidar una nueva cultura política ciudadana centrada en la defensa de los derechos.

 En las calles están los hijos y las hijas de los éxodos y las desesperanzas. Están los jóvenes de las universidades de todas las clases al lado de los sectores populares, rechazando la época que se les quiere heredar porque es una época de pobreza, hambre, desempleo y deshumanización.

 Hay una rebeldía urbana-rural que ha coincidido en un mismo propósito de movilización que obliga a pensar en un escenario transformador porque la oferta de solución institucional no es la que reclama la sociedad actualmente. 

 La calle se ha convertido en un lugar para la democracia descalza. El barrio y la vereda están entrando en la geopolítica y las políticas de seguridad global y los escenarios de la disputa política democrática. Hay que releer el mundo y pensar en las lógicas políticas que están asumiendo los poderes económicos y la extrema derecha. Hay que superar la dialéctica de los odios premodernos en la que nos quieren mantener enfrentados y sometidos.

 Sí, lo que está pasando en el país es un estallido popular, pero este estallido no va a permanecer eternamente en las calles, se va a mover entre la movilización efectiva y la movilización latente, es necesario encontrar una salida que conserve la capacidad de movilización de la gente.  El movimiento se aplacará un poco, pero resurgirá con frecuencia contra un Estado social de Derecho que niega los derechos y reprime.

 Este es un momento difícil, seguramente algunos sectores quieren resolver sus problemas de manera definitiva. Es un momento de crisis crónico de grandes incertidumbres. El gobierno está ganando tiempo para poder enfrentar este proceso. Está buscando impulsar el proceso de refundación de la patria que se planeó desde la década de los noventa entre las clases emergentes, el narcotráfico y el paramilitarismo y se la va a jugar toda por defender ese proceso de captura criminal del Estado.

 Teniendo presente estas circunstancias es necesario construir una ruta para sortear las demandas en torno a las cuales se mueve el PARO NACIONAL a partir del reconocimiento de todas las fuerzas y agendas que participan en él, que no son solamente de las organizaciones políticas, los movimientos sociales y el Comité Nacional de paro. Para garantizar esa participación amplia es necesario que el estado en su conjunto, esto es, el estado nacional, departamental y municipal, convoque mesas de conversación y acuerdos con los organizadores y representantes de la movilización social en los territorios. 

 No sólo hay que atender la agenda central, sino, igualmente las agendas regionales qué son las que constituyen las reivindicaciones más sentidas de las poblaciones que se han movilizado. Hay que sentar en esas mesas al protagonista central de estas movilizaciones y quién ha puesto la mayor cuota de sacrificio, la juventud universitaria y popular para atender sus reclamos y darles protagonismo en las soluciones.

 Hay que colocar al centro de la solución tres problemas que son estructurales: la pobreza, el hambre y el desempleo. La situación económica de los colombianos obliga a tomar en consideración la propuesta de RENTA BASICA.Las reformas a la salud, laboral y pensional deben ser el resultado de un larguísimo proceso de conversaciones y de consensos con todos los sectores de la sociedad, trabajadores, empresarios y pensionados. 

 Una reflexión especial y un acuerdo al respecto debe resultar del tratamiento del comportamiento de la fuerza pública frente a la legítima protesta y esto obliga a determinar la regulación efectiva del uso de las armas en el marco del ordenamiento constitucional. De este punto se deriva necesariamente una reforma a las fuerzas militares y de policía que les permita cumplir de manera efectiva con su misión constitucional y la salvaguarda de los derechos humanos en el camino de recuperar el ordenamiento legal la legitimidad de la qué debe gozar, por el reconocimiento que la población hace de su desempeño. 

 Es muy importante mantener en alto el optimismo y el entusiasmo de la movilización legítima y pacífica como un patrimonio de una sociedad que se construye en la ampliación de la democracia descalza y llamar la solidaridad permanente de las Naciones Unidas , el Comité de la Cruz Roja y la comunidad internacional para que actúen en solidaridad con las comunidades y demanden al Estado por la política oficial de abuso policial generalizado que opera en todo el país que ya tiene muertos, desaparecidos, violación sexual y un elevado número de heridos. Las organizaciones de Derechos Humanos tienen la responsabilidad de evidenciar los hechos de violencia institucional y llamar el acompañamiento internacional.

  La movilización no va a detener sus pálpitos de protesta legítima, se va a mantener de manera constante en los próximos años en la historia del país hasta encontrarse con la satisfacción de derechos fundamentales.  Hay una conciencia mayor de la población en las razones de la movilización de las comunidades.

 Es necesario entender este momento, poder explicarlo e interpretarlo correctamente, para poder actuar adecuadamente conforme a las exigencias del momento concreto.

 Hay que ponderar en alta estima la solidaridad ciudadana de los profesionales de la salud y la valentía de la juventud. Esta movilización no atiende a ninguna agenda reivindicativa, es la explosión de años y décadas de abusos de la explotación a la que ha sido sometido el pueblo.   Este es un movimiento por la dignidad y contra la violencia criminal y opresiva del Estado y las élites políticas y económicas del país.

 Referencias. Este artículo se escribió con las notas de investigación del autor que han dado origen a varios textos a lo largo de las últimas semanas en particular Colombia: Resistencia y movilización Fractal, publicado por la plataforma analítica de El comején, en Europa; Diez ideas fuerza para construir una salida. Así como las reflexiones realizadas al respecto de la movilización en Aula Libre y en el Centro de Pensamiento. Punto de Encuentro.

 

 

 

 

 


 


 

¡¡¡Un PARO NACIONAL con muchas enseñanzas!!!

Carlos Medina Gallego

Docente investigador

Universidad Nacional de Colombia

 

Una movilización que se reinventa a cada momento.

 

El hambre, la pobreza, la desocupación forzada, el reclamo de los derechos fundamentales y el respeto por la vida se vistió de fiesta para celebrar el carnaval de la protesta legitima, los jóvenes universitarios y de los sectores populares se reinventaron la protesta y la movilización cargados de imaginación, cultura y poesía, llenaron las plazas y las calles, de colores y sonidos, de consignas y melodías, de conciertos de indignación y resistencia, territorializaron sus reclamos en bloqueos y barricadas, y se colocaron en la primera línea con escudos hechizos para defender las comunidades y los territorios abandonados por la política social de la violencia institucional y parapolicial. 

 A su lado fueron formando multitud las organizaciones de trabajadores, las comunidades populares, afrodescendientes e indígenas, las mujeres y los ambientalistas, los músicos y los artistas, distintas expresiones de la inconformidad acumulada por décadas en las políticas de incumplimiento de gobiernos que administran y saquean lo publico en favor de corruptos empresarios, nacionales y trasnacionales, que han hecho de los presupuestos y patrimonios públicos un blanco de sus acciones criminales. La multitud salió a la calle cargada de agendas incumplidas, de reclamos que han permanecido en el tiempo engordando en la desesperanza y la incredulidad, salió llena de razones y de rabias masticadas en la soledad de las incertidumbres de futuro, en las angustias de las necesidades diarias. Salieron a confrontar nuevas reformas y ajustes, impuestos por las lógicas neoliberales de privatización y mercantilización del derecho a la salud y a la educación, salieron contra una reforma tributaria impuesta a ciudadanos agobiados por un mar de impuestos directos e indirectos, cada vez mas empobrecidos por sistemas de contratación huérfanos de derechos laborales y prestacionales, salieron a exigir una renta básica digna para los millones de familia que viven en la pobreza a la deriva de sus desengaños e inseguridades padeciendo todo tipo de limitaciones materiales y negados en todos sus derechos, salieron por múltiples y justas razones que concretaron en un modesto pliego de peticiones de emergencia, que el gobierno colombiano del presidente Iván Duque Márquez y su partido y coalición de gobierno ha desconocido y se ha negado a tomar en consideración y negociar.

 La represión institucional y su balance

 La respuesta del gobierno a estas demandas ha sido la dilación y la represión. La fuerza publica en su conjunto se colocó en los lugares de la protesta para ejercer de manera criminal el ejercicio de la fuerza; setenta muertos se contabilizaron durante 50 días de movilización, decenas de heridas oculares como si se tratara de una cruzada enceguecimiento de la luchas de resistencia, una ofensiva criminal se dirigió contra las mujeres que fueron víctimas de violación y abuso sexual y un incontable numero de detenido y desaparecidos muchos de los cuales seguramente fueron asesinados y arrojados a la impunidad del rio Cauca.

 Las estadísticas oficiales del Ministerio de defensa muestran la dimensión de la protesta; en los 49 días que van del 28 de abril al 15 de junio de 2021; durante este periodo se registraron 13. 544 actividades de Paro en 864 municipios, en 32 departamentos y en la Capital de la republica la ciudad de Bogotá.  Esto da una idea de la magnitud del Paro y de su carácter nacional; de esas actividades, 6977 fueron concentraciones de población en plazas y avenidas, 2412 marchas de manifestantes; 3450 bloqueos; 670 movilizaciones y se realizaron 35 asambleas comunitarias y populares que arrojaron importantes manifiestos y ajustaron agendas y pliegos regionales.  

  Del total de manifestaciones el Ministerio de Defensa señala que 12.005 fueron de carácter pacífico y que solo algo menos del 10% (1339) presentaron disturbios en los que se hizo presente el ESMAD. El reporte de muertos, heridos y capturados se distancia sustancialmente de reportes de ONGs y organismos de derechos humanos. Mientras el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ) documenta 70 muertes durante el paro con fecha, día hora y lugar, para el Ministerio de defensa solo se produjeron 51 muerte de las cuales solo reconoce 31 en el marco de las protestas y 20 por fuera de ellas. Se tiene unas estadísticas de 1113 heridos civiles y 1364 uniformados lesionados de dentro de los cuales se encuentran 60 mujeres, en hechos de protesta que se dieron principalmente en ciudades como Bogotá, Cali, Neiva, Medellín, Bucaramanga, Pasto, Popayán, Pereira, Tuluá, Cartago, Yumbo, y otros municipios de Valle del Cauca.  El numero de detenciones fue de 1508 en fragancia, menores de edad o personas con ordenes de captura. La población “desaparecida” reportadas por la fiscalía fue de 422 personas de las cuales se señala que 322 fueron ubicadas, con 91 se activó la búsqueda urgente y 3 denuncias por presunta desaparición forzada. 

 La fiscalía general de la Nación, la Procuraduría y la inspección general de la policía han abierto aproximadamente 209 investigaciones por presuntas faltas disciplinarias a miembros de la policía, 102 por abuso de autoridad, 14 por homicidio, 39 por agresiones físicas en estado de indefensión absoluta, 24 por lesiones personales, 2 por acoso sexual y 28 por otras causas no determinadas. De 498 casos de civiles heridos en manifestaciones priorizados, existen 429 noticias criminales abiertas por presunto abuso de autoridad y lesiones personales. La procuraduría General de la Nación tiene 143 expedientes 139 en indagaciones preliminares y 4 investigaciones disciplinarias. En general las cifras muestras la intensidad de la protesta y la respuesta violenta del Estado frente a la población. Afirmación esta que no desconoce la reacción violenta de la población y los hechos de vandalismo que se han presentado durante las protestas.

 Enseñanzas y aprendizajes

 No obstante, la crudeza con la que se ha producido la reacción institucional y la respuesta ciudadana, el Paro ha estado lleno de enseñanzas y de aprendizajes que constituyen su principal logro.  Más allá de las conquistas alcanzadas en el proceso mismo y que se concretan en haber echado atrás una reforma tributaria y una reforma a la salud, haber sacado el ministro de hacienda y su equipo, llevar a la renuncia a una canciller que no pudo enfrentar con la mentira contra evidente la comunidad internacional, lograr la renuncia de comandantes de la policía impotentes de confrontar civilizadamente la protesta e involucrados con acciones parapoliciales y criminales, detener el gasto innecesario en aviones de guerra y denunciar el uso de armas letales en el control de las protestas, así como colocar en evidencia el comportamiento criminal de los Escuadrones Antidisturbios ESMAD, frente a la población indefensa y abrir el debate sobre la necesidad de revisar la doctrina militar y pensar en sacar a la policía del ministerio de defensa hacia un ministerio de seguridad y convivencia ciudadana que haga mayor énfasis en una doctrina policial civilista y en la salvaguarda de los derechos humanos. Entre otras conquistas parciales como, por ejemplo, la posibilidad de que los estudiantes puedan gozar de una educación gratuita a través de la figura de matricula cero o, haber colocado en la agenda de las problemáticas nacionales la lucha por la renta básica y haber hecho evidente el creciente deterioro de las condiciones de vida de las clases medias y populares, colocando a flor de piel el hambre, la pobreza y el desempleo como problemas estructurales que el gobierno del presidente Duque ha agudizado profundizando la crisis social y política que vive el país desde hace décadas y que se une a la crisis económica generada por la pandemia que afecta con mayor fuerza a la pequeña y mediana empresa que son quienes, en la práctica, generan mayor empleo, hay una “victorias” políticas, en el buen sentido de la palabra, que es aquello que tiene que ver con el ejercicio del poder para la construcción del bien común.  

 Los logros políticos “intangibles” del paro nacional.

 Es importante ponderar en alta estima los logros del estallido popular y sus manifestaciones multitudinarias en el campo de lo estrictamente político que en nada tiene que ver con lo partidista electoral, ni con lo reivindicativo:

 Primero, emerge con fuerza un nuevo sujeto político que protagoniza desde el interés y los propósitos generales el desarrollo de la protesta legitima y la lucha social reivindicativa, reconociéndose a si mismo como un sujeto trasformador, esto es la juventud de los sectores populares que constituyen la defensa del territorio, que se politizan en la acción y se reinventan, con sus primeras líneas, la protesta, pero que además la territorializan. Surge una generación de nuevos liderazgos juveniles y populares que ya no volverán a ser los mismos porque han entendido el valor de la movilización y de la protesta legitima en el reclamo de sus mas urgentes derechos.

 Segundo, surgen nuevos modelos de organización popular y social que está más allá de las viejos ordenamientos y jerarquías en el ámbito de un modelo de democracia plebeya, de carácter popular y naturaleza asamblearia que se piensa en torno a los problemas locales y estructurales, construye sus propios manifiestos y de fine sus agendas reivindicativas independientemente de los alcances que puedan tener las mismas.

 Tercero, se produce un desborde de imaginación en la utilización de las herramientas tecnológicas en el campo de la comunicación que posibilita que cada hecho se reporte al mundo con crudeza y con especial creatividad, despertando redes de solidaridad que alimentan el entusiasmo del movimiento popular y le permite manifestarse en amplitud de posibilidades.

 Cuarto. Frente al comportamiento institucional surgen las segundas y terceras líneas en materia de una oferta amplia de acompañamiento en las áreas de salud y derechos humanos que blinda de la mejor manera posible la movilización social y la resistencia popular. Pero igualmente, irrumpen las primeras líneas de madres, maestros y sacerdotes para acompañar la protesta y construir las ollas comunitarias desde las cuales se cocina con solidaridad el sentido de lo comunitario y se aplaca las cicatrices del hambre.

 Quinto, se produce un fenómeno de internacionalización del paro con concentraciones en plazas y avenidas de distintas ciudades del mundo para visibilizar el desarrollo de la protesta y publicitar los objetivos del paro en un discurso que adquiere nuevos contenidos y se enriquece con la inteligencia de quienes participan. Las embajadas y los consulados se constituyen en escenarios de protestas creativas que adquieren diversas formas y per-formas.

 Sexto, la protesta multitudinaria en su forma de carnaval y de fiesta se nutre de las expresiones artísticas y culturales e involucra sectores institucionales de las artes en conciertos de una gran calidad artística e interpretativa, se adaptan y ejecutan piezas convencionales y conocidas con nuevos contenidos y significados pertinentes a la movilización, en ello, no solo juega un papel fundamental las expresiones musicales cultas, sino, igualmente, la música urbana y étnica, así como los sentires y expresiones populares. Decenas de jóvenes artistas colocan su talento al servicio de la movilización popular y de sus causas legitimas.

 Séptimo. Resulta significativo y un importante logro político las expresiones de solidaridad de la comunidad internacional, de la comunidad europea, de las Naciones Unidas, incluso de la Comisión de Derechos Humanos del congreso de los Estados Unidos, así como los pronunciamientos de los intelectuales y de los académicos de prestigiosas universidades del mundo, de personajes, intelectuales y premios nobel de paz.

 Octavo. La cruzada de legitimación institucional de la acción criminal del gobierno contra la movilización social a través de las cancillerías y de la diplomacia del engaño y la posverdad no pudo evitar la presencia de distintas delegaciones de derechos humanos del movimientos social y político internacional en el país para tomar el pulso en directo de la gravedad de los ocurrido. Todos los obstáculos colocados por el gobierno de la seguridad con legalidad para que no hiciera presencia la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se vino al piso. La Comisión pudo recibir las distintas versiones sobre el desarrollo del paro en materia de violación a los derechos humanos y el cruce de información sopesa a favor de las comunidades el balance general.

 El movimiento del PARO NACIONAL ha entrado en un momento de latencia, de valoraciones, de nuevos esfuerzos imaginativos para reinventarse y superar la fatiga natural de una jornada que se fue extendiendo en el tiempo por la terquedad de un gobierno que utilizo la dilación y la mentira para desmontar un movimiento que hace tiempo no le cree porque las comunidades han sido victimas de todas las traiciones e incumplimientos. El paro respira, toma aire y espera el momento de retornar a las calles con mas fuerza e imaginación.       

 

Bogotá, miércoles 16 de Junio de 2021.                  

         


martes, 17 de marzo de 2020

 




LA ETICA EN COLOMBIA
Insumos para un conversatorio

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia

1.     El momento actual que vive Colombia se corresponde a una serie de circunstancias y fenómenos internos que han erosionado profundamente la espiritualidad de la nación como el conflicto social y armado interno, el desarrollo de las economías ilegales del narcotráfico, la corrupción y el clientelismo, marginalidad y pobreza generalizada, violencia social y política fenómenos todos unidos a enconamientos de la mentalidad de la sociedad sobre la lógicas y valores que deben guiar la vida individual y social del conjunto de la población. Existe una marcada tendencia a moverse hacia los extremos en temas que marcan diferencias sustancias en la definición de los escenarios de la conflictividad nacional.   
2.     Esto se produce en el marco del desarrollo de la globalización y del modelo del capitalismo neoliberal y de las formas como las revoluciones de la tecnología y la información impacta el desarrollo cultural a todos los niveles. 
3.     La sociedad colombiana ha cambiado y en este nuevo contexto surge la preocupación por los valores que deben guiar la vida individual, familiar, comunitaria y social de la nación colombiana en circunstancias en que las instituciones rectoras del comportamiento social se vienen erosionando: La familia, la escuela y la iglesia y el Estado,  dando paso a nuevos referentes que se articulan en lo esencial a los procesos económicos y a las culturas de la acumulación y el consumo.
4.     Tal vez el mayor problema que estamos afrontando, más allá de lo social, lo económico y político, se ubica en el campo de la cultura y de la espiritualidad de la nación.
5.     Se está produciendo una profundad crisis en la espiritualidad nacional que afecta los valores morales y éticos que deben guiar la sociedad, en lo individual y lo colectivo, hacia formas cada vez más elevadas de bienestar social, convivencia pacífica y desarrollo democrático.
6.     Esa crisis es el resultado de la evolución histórica de los fundamentos morales y éticos con los que se ha venido construyendo las relaciones sociales que afectan profundamente las posibilidades de un proyecto de nación que se erige en el reconocimiento de los derechos fundamentales de las personas, comenzando por el derecho a la vida.
7.     Es una crisis que se fortalece en la banalización de la vida humana y en la desacralización de la misma y, que se refleja en una sociedad engañada, temerosa y violenta.  

Elementos históricos en la construcción del comportamiento ético y moral en Colombia   

8.     Los fundamentos sobre los que se construyó la espiritualidad nacional son la herencia del régimen de dominación colonial que se construyó sobre la violencia, la dominación, la esclavitud, la explotación de la vida humana y su aniquilamiento físico y espiritual. La herencia cultural de la colonia nos dejó una sociedad patriarcal y creyente sometida al doble régimen de la autoridad política y la autoridad religiosa.
9.     Pese a que las ideas de la ilustración nutrieron la luchas de independencia, solo sectores de las clases dominantes y de las elites se beneficiaron de ellas y alimentaron sus confrontaciones, a lo largo del siglo XIX, en la constitución del Estado Nacional, en una aguda tensión entre la herencia colonial y las ideas liberales de la ilustración.
10.                       El peso del poder de la iglesia con su carga moral e ideológica, que se erigió sobre la sumisión, la pobreza, el misticismo, la obediencia, el sacrificio y el analfabetismo cultural se confronto con las ideas progresistas y laicas que se preocuparon por la formación en valores enfocada a culturizar la población con las ideas provenientes de la ilustración, las ideas de libertad individual, democracia, soberanía popular, pacto social y el racionalismo como fundamento del dominio sobre la naturaleza y los hombres. La lucha de la Fe, contra la razón. La pre-modernidad contra la modernidad.
11.                       Los valores de obediencia y subordinación política se tornaron en rebeldía y luchas de independencia contra el régimen colonial guiado por las ideas de libertad, igualdad y justicia.
12.                       Los preceptos morales cristianos se vieron fuertemente confrontados por la introducción de doctrinas que chocaban con las de la iglesia, como las de Jeremy Bentham.
13.                        En la primera y segunda república la educación estuvo orientada hacia la formación de buenos ciudadanos, quienes tenían deberes y derechos con el estado. La formación en valores dentro de un ámbito de moral, buenas costumbres, obediencia al estado, respeto a la autoridad, civismo, patriotismo, libertad, igualdad y justicia, la puntualidad, la compostura, los gestos, el respeto y la formalidad, entre otras actitudes y valores fueron dando origen a la espiritualidad de la nación y al comportamiento social colectivo.
14.                       En la segunda mitad del siglo XIX, con la aparición de los dos partidos políticos tradicionales, se estructura dos formas de pensarse y existir en la nación colombiana, que son el resultado de no otra cosas que de las contradicciones entre lo religioso y lo laico. Contradicción que persiste en un modelo social y político polarizado y desfigurado de las premisas esenciales de su origen. 
15.                       Con el origen de los partidos y la lucha por el poder político en la conducción del Estado, se da origen a prácticas estructurales que limitan y envilecen la lucha político y la construcción democrática de la nación. La corrupción, ya Bolívar, desde antes, llamaba la atención sobre este fenómeno, y legislaba con la pena de muerte para sus ejecutantes, en la medida que sus acciones son profundamente lesivas al interés publico y al bienestar general de la nación; el clientelismo que se fue fortaleciendo,  en torno al usufructo personal, en la afiliación políticas; el nepotismo sobre el cual se gestara el desarrollo del régimen oligárquico y su particular interés por mantenerse en el poder, lo que llevaría a problemáticas estructurales como el fraude electoral como forma de sustentarse en la administración de lo público.
16.                        La constitución de 1886 se refuerza el papel de la iglesia como la delineadora y conservadora de los preceptos morales de la nación y se le da la autoridad sobre las directrices a seguir en la educación. La regeneración consolida los fundamentos de la vieja sociedad colonial en un contexto histórico de conflictividad creciente y de lentos pero definitivos cambios en el escenario social económico.
17.                       En medio de las guerras de finales del siglo XIX, se desarrollan los procesos de colonización antioquena, se amplía la frontera agrícola, surge la hacienda cafetera y pequeñas empresas artesanales manufactureras que posibilitaron la acumulación originaria del capital aparecen otros intereses como el deseo de acumulación y  enriquecimiento, ambición por el dinero y la tenencia de cosas como muestra de poder económico.
18.                        Desde la colonia las economías ilegales se construyeron alrededor de la actividad minera, el contrabando de tabaco, naipes y aguardiente, construyeron corredores de la ilegalidad y generaron una cultura del beneficio acelerado al margen de la institucionalidad fiscal.
19.                         El desarrollo de las economías señoriales y el avance en el impulso de un modelo de capitalismo dependiente desde comienzos del siglo XX,  fue generando nuevos valores que dieron origen a nuevos comportamientos demarcados por las relaciones económicas. El individualismo, la búsqueda del lucro económico, el respeto a la autoridad, la superación personal, unido a la herencia colonial de las buenas costumbres y el fomento de la moral cristiana marcaron las pautas del comportamiento social hasta mediados del siglo XX.
20.                       Las tres primeras décadas del siglo redefinen las estructuras sociales y configuran los actores y las agendas de conflictividad de la Colombia del siglo XX, movidos por distintos intereses y lógicas sociales y políticas. 
21.                        A partir de 1930 y sobre todo con el gobierno de la revolución en marcha se producen nuevos y significativos cambios en el modelo social y educativo, se reconocen derechos y se configuran nuevos escenarios de conflictividad que da origen al periodo de violencia.
22.                       Las trasformaciones que se están dando en el mundo introduce nuevos elementos de juicio en el desarrollo de las luchas sociales y cierres en las posibilidades de ampliación de la democracia, en una confrontación de las ideas conservadoras contra un liberalismo reformista, al que ahora se le atribuye el calificativo de querer instaurar los ideales  comunistas.
23.                        En las décadas del cincuenta y sesenta se desarrolla un ciclo agudo de violencia interpartidaria, en la que los partidos, la iglesia, y la fuerza pública politizada llevan el país a una confrontación fratricida, que tiene curso de solución entre el gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla y el régimen del Frente Nacional, Un pacto politico de mutuas impunidades.
24.                       A partir del Frente Nacional  se da origen a una nueva caracterización del conflicto cuyo componente esencial será lo político-ideológico en un florecimiento de los imaginarios de una izquierda diversa, movida por valores distintos y con prácticas políticas diferenciadas, que se mueven entre lo legal y lo ilegal, entre lo electoral y la confrontación armada.
25.                       Al margen de las luchas sociales y políticas que se desarrollan desde la década de los sesenta, se da el fenómeno del desarrollo de las economías ilegales del narcotráfico con el Boom de la mariguana y la coca, lo que trasforma sustancialmente la vida social, económica y política de la nación e impone nuevos modelos de comportamiento que rompen radicalmente con los viejos preceptos que condicionaban y limitaban el comportamiento individual y colectivo.
26.                       Surge una narcocultura movida por antivalores como: consumismo dependiente, el dinero como fundamento de la existencia, el enriquecimiento rápido, ambición personal, corrupción sistemática y como practica de enriquecimiento, la vida fácil y cómoda a cualquier precio, la intolerancia creciente, perdida absoluta del respeto por la vida, los bienes ajenos, el desarrollo de las economías del despojo y el surgimiento de clases emergentes con poder económico y político capaces de apropiar el Estado
27.                       Todo esto unido al desarrollo de un modelo capitalista neoliberal devastador que saquea los recursos estratégicos de la nación en complicidad con la elites políticas y económicas criollas, generando profundos impactos y auténticas crisis ambientales y humanitarias.   El poder de la economía por encima de la vida humana.
28.                       A partir de la constitución de 1991 la moral cristiana y los valores cristianos como el amor al prójimo, la resignación, la humildad y la solidaridad dejan de ser el único referente moral bajo el cual los colombianos desplegaban su proceder social. La nueva constitución aparte de reconocer la complejidad de la nación colombiana, su carácter multiétnico y pluricultural y la condición de ser un país de regiones  y de culturas, instaura un pluralismo en todas las instancias sociales, también da razón de la presencia de un pluralismo ético.
29.                       En dos siglos se fue trasformando el ideal del sujeto social y su universo de valores éticos y morales, que buscaba la formación de ciudadanos participativos y civilizados a uno que coloca al ser humano en un ámbito productivista y consumista, en una sociedad sin mayores oportunidades productivas e inundada de ofertas consumistas desde donde se construye el valor de las personas.   
30.                        La irrupción de “valores degradantes” ha generado una crisis de valores que colocan en contradicción las relaciones entre calidad de vida -  consumismo; paz con justicia social y democracia - guerra conflicto armado y autoritarismo criminal; honestidad y trabajo de calidad - corrupción y vida fácil.

Elementos para la construcción de un “nuevo” modelo ético

31.                       El comportamiento demarcado por fundamentos éticos y morales define en la práctica una nueva espiritualidad nacional, entendida como un proyecto de vida, individual y social, construido en valores éticos y morales, bastante más integral que el derivado de la aplicación del paradigma de valores sociales dominante.
32.                       Esa nueva espiritualidad compromete la acción social y ciudadana en distintos escenarios que a su vez requieren de estar orientados por valores éticos y morales que los llenen de sentido humano y de realización social y natural de una manera integral.  
33.                       La ética individual. Define los fundamentos y principios desde los cuales el ser humano concreta sus relaciones personales y sociales en un escenario de ejercicio pleno de la libertad, el ejercicio de la justicia y el comportamiento democrático que le permite reconocerse en la diferencia y respetarse en un proceso de dignificación creciente. 
34.                       Si bien el ser humano debe tener claro su carga de responsabilidades y al mismo tiempo su derecho a la libertad, también es cierto que hace parte de un entorno social y por ende político; lo que al mismo tiempo lo convierte en un sujeto que interactúa en un entorno de sustrato ético. A la condición individual le es inherente la naturaleza de sujeto social, que es a la vez un sujeto de derecho y un sujeto político.  
35.                        La condición de ser sujeto de derecho lo ubica en el escenario de lo público, en el que se hacen efectivos el reconocimiento de sus derechos fundamentales y humanos y se crean las posibilidades de que los mismos puedan ejercerse a plenitud. Pero el desempeño en lo público demanda de un comportamiento ético y moral política que reconozca los derechos individuales y colectivos, los respete, proteja y haga efectivos sobre el principio de responsabilidad social y solidaridad en el universo de la organización política de la sociedad, constituida no solo por el Estado y sus instituciones, sino, por las distintas formas de institucionalidad en las que se hacen efectivos los derechos de las personas, los ciudadanos y las comunidades.  

    La ética social. Se preocupa por el ejercicio de las normas y principios morales de la vida colectiva en un ámbito institucional y no institucional. La ética social constituye el complemento necesario de la ética individual, que considera la responsabilidad del individuo con respecto a los demás y para consigo mismo y de la ética política que define las lógicas a través de las cuales se hace ejercicio del poder para la construcción del bien común, el bienestar general y la convivencia democrática. 

viernes, 6 de marzo de 2020



EDUCACION PARA LA PAZ

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia

NOTAS PARA UN CONVERSATORIO


1.     El conflicto armado en Colombia ha dejado más de 8,7 millones de víctimas y más de 6,5 millones de personas desplazadas. Ha sido una guerra que ha permeado desde nuestra manera de pensar hasta nuestra manera de sentir; naturalizando o legitimando en muchos casos de la vida pública y privada el uso de la fuerza, la agresión o cualquier tipo de violencia para tramitar los múltiples conflictos que se presentan en la cotidianidad.
2.     Ante el gran reto de la construcción de una paz estable y duradera, necesitamos como sociedad romper con estereotipos y paradigmas que han alimentado la cultura de la guerra y propiciado que nos veamos los unos a los otros como enemigos, olvidando que todos somos colombianos independientemente de nuestro lugar ideológico o de procedencia; generando brechas profundas entre el campo y la ciudad; avivando las diferencias sin reconocerlas como necesarias dentro de una democracia.
3.     Es el momento de transformar estas dinámicas y hacer la transición hacia una cultura de paz, donde quepa la diferencia y la oposición; donde sea posible el encuentro y diálogo entre las zonas rurales y urbanas, y, sobre todo, donde empecemos a reconocernos como habitantes de un mismo país, con la responsabilidad de aportarle a la construcción de su paz.
4.     En palabras de Vicenç Fisas, “la guerra y cualquier forma de violencia organizada son fenómenos culturales, y, como tales, se aprenden y se desaprenden. Dicho en otros términos, tanto la guerra como la paz son frutos culturales, resultados de decisiones humanas y de empeños sociales. La paz, a fin de cuentas, no es otra cosa que la síntesis de la libertad, la justicia y la armonía; tres elementos vivos y dinámicos que no dependen de la biología. Pueden o podemos educarnos para una cosa o para la otra, por lo que el ideal de ilegitimar moralmente la violencia es un reto cultural de rimera magnitud”.
5.     Cotidianamente hemos escuchado la frase “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”. En el momento actual que atraviesa la sociedad colombiana, y para generaciones futuras, es fundamental conocer los múltiples y diversos esfuerzos de negociación que se han dado en nuestra historia con actores armados al margen de la ley. Reconocerlos nos permite dimensionar la magnitud de la influencia de la historia de la guerra en el desarrollo de nuestras generaciones.
6.     En Colombia, los esfuerzos por la paz, ha tenido varios procesos de negociación con actores armados al margen de la ley. Estos sirvieron como insumos y aportaron lecciones aprendidas para la negociación entre el Gobierno y las FARC.

7.     Algunos de los aprendizajes fueron:

8.     La mayoría de estos acuerdos presentaron un marco legal para un proceso de desarme, desmovilización y reintegración, donde el objetivo fue sacar a un grupo de personas de la lucha armada; pero no tuvieron en cuenta aquellos asuntos que facilitaron históricamente la reproducción del conflicto armado.
9.     En estos procesos se consideraron temas de reincorporación política como proyecto político colectivo; no obstante, algunos fracasaron debido a condiciones tales como la estigmatización, falta de garantías para la oposición y falta de condiciones para el ejercicio de la política en términos de apertura democrática.
10.                       Dentro de estos procesos se identificaron dificultades en términos de reincorporación económica y social, debido a la falta de apoyos y  seguimientos a los procesos.
11.                       Faltó un enfoque de perspectiva comunitaria en materia de reincorporación, que permitiera la armonización con los procesos locales y promoviera espacios de reconciliación y convivencia.
12.                       Fueron procesos que tuvieron poca o nula participación de las comunidades y de las diferentes regiones del país, lo cual generó poca apropiación y legitimidad.
13.                       En procesos pasados faltó el reconocimiento a las víctimas; además de mecanismos robustos, de verdad, justicia y reparación.

¿Qué es Educación para la Paz?

14.                       Los procesos de construcción de paz se componen de diferentes aspectos sociales, económicos, políticos, educativos, culturales y ambientales, que buscan la transformación de un contexto social y/o político determinado que se encuentra en conflicto armado o crisis.
15.                       Dentro de un proceso amplio de construcción de paz, se entiende al campo de la Educación para la Paz como uno epistemológico y de metodologías, que aporta las herramientas necesarias para aprender a abordar los conflictos humanos de una manera positiva y, por tanto, evita la expresión violenta de los conflictos, que son inherentes a la naturaleza humana.
16.                       Así mismo, la Educación para la Paz corresponde a un enfoque de análisis teórico del cual se desprenden muchos tipos de pedagogías y perspectivas para crear una cultura de paz.
17.                       La Educación para la Paz responde a nuevas formas educativas, es decir, nuevas prácticas para abordar los contextos sociales donde hay o ha habido varias expresiones de conflicto y violencia (directa, estructural y cultural, según Johan Galtung 1990).
18.                       La disciplina como campo teórico y práctico surgió en años posteriores a la Primera y Segunda Guerra Mundial, cuando las y los educadores buscaban herramientas para prevenir futuras guerras y se enfocaron en enseñar para la paz; para la no repetición de la guerra. En este sentido, distintos teóricos y pedagogos han desarrollado pedagogías para la paz cuyo fin último es la puesta en práctica de metodologías que pueden enseñar a las personas y a la sociedad a transformar la cultura de la violencia hacia una cultura de paz.
19.                       El término cultura de paz hace referencia a “un conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos basados en el respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la no-violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación” (Resolución No.53/243, Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, Asamblea General de la ONU).
20.                       Por tanto, el campo de la Educación para la Paz concibe la paz no solo como la ausencia de guerra y/o violencia, sino también como un proceso positivo, dinámico y participativo en el que se promueven el diálogo y la regulación de los conflictos, en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos (Ibídem. Resolución No. 53/243 ONU).
21.                       Las pedagogías que le apuestan a la transformación y construcción de una cultura de paz fomentan cambios en la forma de relacionarse las personas y colectivos, mediante prácticas de justicia social que incluyen relaciones justas, de tolerancia, inclusión, respeto de los Derechos Humanos en todas las esferas, mediación, encuentros interpersonales e interculturales, entre otros ámbitos que dignifican la existencia humana y permiten la convivencia pacífica y democrática. 
22.                       Así mismo, integran la propia experiencia con la realidad, estimulan la transformación y superación de las violencias transmitidas de generación en generación, y fomentan vías pacíficas y creativas para transformar conflictos, analizarlos dialogar, debatir con respeto, cooperar, arbitrar, reconocer intereses y necesidades propias y de las y los demás; entre otras muchas prácticas y capacidades.
23.                       Educar para la paz, en otras palabras, significa proveer a las personas y a los grupos sociales de la autonomía suficiente para que puedan discernir y razonar acerca de la realidad que los rodea y, finalmente, decidir con toda libertad la defensa de los derechos propios y de las y los demás; la aceptación de diferencias y divergencias de una manera no-violenta, donde además se reconozca y valore la diversidad y las particularidades de los distintos territorios en nuestro país. Igualmente, significa tener en cuenta de manera diferencial y prioritaria a grupos étnicos y mujeres, que, como ya ha sido expuesto por la Corte Constitucional de Colombia en repetidas sentencias y autos, han sido las poblaciones más afectadas por el contexto del conflicto armado.

24.                       ¿Cuáles son los contenidos que desarrollan una Educación y Pedagogía para la Paz?

25.                       La Educación para la Paz con el fin de comprender desde una perspectiva holística, integral, los tópicos necesarios para una formación orientada a una cultura de paz; demanda formar en valores y actitudes que promuevan la desnaturalización de la violencia, los Derechos Humanos, la reconciliación, la multiculturalidad, la solidaridad y el respeto por el medio ambiente.
26.                       Las amenazas más graves a la paz no se limitan a las guerras; opresión, exclusión, explotación, miseria, entre otras, promueven culturas de violencia. Cualquier esfuerzo por lograr una cultura de paz debe dirigirse al reconocimiento permanente del otro(a), a la comprensión, cooperación y responsabilidad entre personas, y a educar para el diálogo, la empatía, la comunicación no-violenta y la solidaridad. Esto significa inculcar valores y actitudes que permitan transformar todo paradigma e imaginario que impulsaba a prácticas violentas.
27.                       Educar para una cultura de paz significa fomentar espacios donde las personas puedan expresar sus desacuerdos, discutir, deliberar, contrastar, actuar, transformar su mundo individual y colectivo, adquiriendo un compromiso social y un grado de conciencia que lleve a la reflexión de la importancia frente al cuidado del otro(a) y de lo otro. Se trata así de fomentar una actitud que asuma los conflictos como posibles escenarios de oportunidades en lugar de escenarios violentos; con valores, actitudes, comportamientos y modos de vida basados en la no-violencia y el respeto de los derechos y libertades fundamentales de cada persona.
28.                       Es por esto que la Educación para la Paz debe ser asumida desde una perspectiva holística y sistémica en la que todo está vinculado y conectado. Swee-Hin Toh  propone entenderla desde los principios de Los Seis Pétalos de la Educación para la Paz, que se centran en:

Ø Educar para vivir con justicia y compasión.
Ø Educar para promover los Derechos Humanos y las responsabilidades.
Ø Educar para construir el respeto cultural, la reconciliación y la solidaridad.
Ø Educar para vivir en armonía con la Tierra.
Ø Educar para cultivar la paz interior.
Ø Educar para desmantelar la cultura de la guerra.

Educar para vivir con justicia y solidaridad

Palabras claves: empatía, conciencia, responsabilidad, reconocimiento, comunicación no-violenta.

29.                       Es importante relacionar el principio de justicia, con la solidaridad. La solidaridad es un principio ético que guía las interrelaciones de la vida, desde sus micro-niveles hasta sus macro-niveles. La solidaridad significa ser capaz de expresar sentimientos auténticos por el sufrimiento de los y las demás, y realizar un proceso de conciencia y reflexión para luego transformar las condiciones que conducen a tales sufrimientos e injusticias.

30.                       En otras palabras, la compasión requiere voluntad de reconocimiento de la responsabilidad por las condiciones de violencia estructural de la sociedad (exclusión, opresión, necesidades básicas insatisfechas). Esto es posible a partir de la empatía, entendida como la capacidad de comprender las necesidades y sentimientos del otro(a) a través de la identificación con sus emociones; esto, a su vez, se logra mediante procesos de comunicación no-violenta o empática.

31.                       Educar para la solidaridad y la justicia pasa por fortalecer las capacidades de comunicación no-violenta; en palabras de Marshall Rosenberg, el propósito de la comunicación no-violenta o empática es crear calidad de conexión humana para poder determinar los sentimientos reales de las personas y sus necesidades, con el fin de generar las condiciones necesarias para la cooperación y el bienestar.

Educar para promover los Derechos Humanos y la responsabilidad

Palabras claves: D.D.H.H, responsabilidades, ciudadanía, Declaración Universal de los Derechos Humanos.

32.                       Una cultura de paz requiere ciudadanos conocedores de sus derechos y deberes. Educar para la promoción y la protección de los Derechos Humanos implica el conocimiento de los derechos de primera, segunda y tercera generación, que en primera instancia pasa por conocer la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el análisis histórico y contextual de los derechos civiles y políticos; los derechos sociales y económicos, y los derechos llamados de “tercera generación” o “Derechos de Solidaridad”.

33.                       Los contenidos de la Educación para la Paz se deben poder vivenciar; por esta razón es clave que más allá de enseñar cuáles son los DD.HH. y sus mecanismos de protección, estos puedan leerse a la luz de las realidades que los estudiantes viven.

Educar para cultivar la paz interior

Palabras claves: espiritualidad, conciencia, responsabilidad, emancipación.

34.                       Hay un creciente consenso frente a que las fuentes de valores y prácticas pacíficas no deben ser ignoradas, junto con sus dimensiones internas. Educar para cultivar la paz interior significa reconocer las diversas tradiciones, creencias y culturas que apuestan por trabajar la espiritualidad, lo cual les permite a las personas un autorreconocimiento de sus debilidades y fortalezas y cómo canalizarlas.

35.                       Esto supone una mirada hacia nuestro interior, para darnos la posibilidad de decidir y ejercitar el derecho de pensar lo que queremos, imaginarnos un mejor futuro y practicar la política en primera persona, sin más intermediarios que nuestra propia conciencia, para después coparticipar con nuestras y nuestros semejantes reconociéndonos como autoridad con capacidad creativa (autoridad en términos de conocimiento, no de poder). Y asumir que estos actos pueden transformar la realidad.

36.                       Desde este enfoque, se puede establecer que el reto de la educación y de la cultura de paz es darles responsabilidad a las personas para hacerlas protagonistas de su propia historia, con instrumentos de transformación que no impliquen la destrucción u opresión ajena, intransigencia, odio ni exclusión, puesto que ello supondrá la anulación del propio proyecto de emancipación y desarrollo (Fisas, s.f.).

Educar para desmantelar la cultura de la guerra

Palabras claves: violencia directa, violencia estructural, violencia cultural, transformación de conflictos, cultura de paz.

37.                       Educar para desmantelar la cultura de la guerra pasa por educar para la transformación de los conflictos de manera no-violenta, y por educar para una conciencia crítica frente a las distintas violencias existentes (directa, cultural y estructural). Se trata, así, de generar procesos que permitan parar la reproducción de la violencia como algo ‘normal’, y fortalecer capacidades que permitan transformar los conflictos, comprendiendo que existen múltiples maneras de ejercer violencia.

38.                       En palabras de Fisas, “el empeño en construir una cultura de paz pasa por desacreditar todas aquellas conductas sociales que glorifican, idealizan o naturalizan el uso de la fuerza y la violencia, o que ensalzan el desprecio y el desinterés por los demás, empezando por disminuir al máximo posible el desinterés y el abandono de los más pequeños, con objeto de que estas criaturas puedan vivir experiencias de cariño, respeto, implicación, amor, perdón y protección; para que después, de mayores, puedan transmitir estas vivencias a otras personas con mayor facilidad” (Fisas, s.f.).

Entender los conflictos y saberlos transformar

39.                       La teoría de la Educación para la Paz ha enfatizado en el objetivo de educar para una conciencia crítica y transformadora que ayude a identificar patrones conflictivos en las sociedades, y a desaprender conductas violentas que resultan a veces invisibles debido a tan normalizadas que se encuentran. Esto supone trabajar la perspectiva positiva del conflicto y generar estrategias y habilidades que ayuden a las personas y a las sociedades en su conjunto a abordarlo de manera no-violenta.

40.                       El marco pedagógico de la Educación para la Paz empieza por entender los conflictos, sus causas, actores y dinámicas, para poder vislumbrar vías alternativas para su transformación. Tal como lo plantea Johan Galtung, “educar para la paz es enseñarle a la gente a encarar de manera más creativa, menos violenta, las situaciones de conflicto, y darles los medios para hacerlo” (Galtung 1997). En tal sentido, la transformación positiva de los conflictos pasa indefectiblemente por fortalecer la capacidad de tomar acciones por parte de quienes sufren directamente el conflicto, a través de un proceso que se ha llamado “empoderamiento”.

41.                       Es decir que muchos conflictos desaparecerían o disminuirían en intensidad, si en el momento oportuno y en sus primeras manifestaciones se promueve tanto el uso y desarrollo de las capacidades para la convivencia como los medios necesarios para que las y los actores se acerquen a procesos de diálogo horizontal e intervengan movilizando a tiempo las fuerzas tradicionales, económicas, sociales, culturales e intelectuales del contexto; por esto es necesario el empoderamiento de grupos sociales que puedan ser vulnerables.