jueves, 10 de diciembre de 2015

DDR o DNP
La ruta de finalización del conflicto

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente – Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz

El proceso de conversaciones de La Habana en general va bien, pese a las múltiples dificultades por las que atraviesa,  a los estancamientos a los que se ha visto sometido por los condicionantes del tema de justicia en el punto de victimas, a raíz del incidente de la firma del pasado 23 de septiembre, que reabrió la discusión en un momento crucial y simbólico del proceso, que quedara en la memoria de los colombianos: El encuentro del presidente  Juan Manuel Santos con el Comandante de las FARC, Timoleón Jiménez. 

No creo que el acuerdo final se pueda firmar, como quiere el gobierno, el próximo 23 de Marzo del 2016, porque aun son muchos los temas por abordar y no son pocas las dificultades que existen para hacerlo, recordemos que quedan en cada uno de los puntos tratados unas “salvedades” que no son de cualquier tamaño y cuyo abordaje es complejo. Ya las FARC han anunciado que los seis meses corren a partir del momento en que se llegue a un acuerdo en el tema de Justicia, que según se dice se dará a conocer en los próximos días. De todas formas lo que determina el tiempo del proceso es la voluntad de las partes para llegar a acuerdos.    

No hay un acuerdo todavia sobre el mecanismo de refrendación. La iniciativa unilateral del gobierno sobre el plebiscito, seguramente tendrá en la mesa de conversaciones las discusiones pertinentes, hasta que las partes encuentren un mecanismo, cualquiera que sea, que las satisfaga.

No obstante todo lo anterior, las conversaciones ya iniciaron de manera directa el tema de Fin del conflicto que se corresponde en la agenda con el punto tres y que compromete: 1. Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. 2. Dejación de las armas. Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil - en lo económico, lo social y lo político -, de acuerdo con sus intereses. 3. La revisión por parte del Gobierno Nacional de la situación de las personas privadas de la libertad, procesadas o condenadas, por pertenecer o colaborar con las FARC-EP. 4. La intensificación por parte del Gobierno Nacional del combate para acabar con las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacre o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos. 5. La revisión, las reformas y los ajustes institucionales por parte del Gobierno necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz. Y,  6. Garantías de seguridad, para los miembros de las FARC.

Este punto nos coloca frente a un proceso que es sustancialmente distinto a otros procesos de paz desarrollados en Colombia y en el mundo, que nos obligan a ampliar los imaginarios y a encontrarnos con nuevas elaboraciones que se adecuen a las particularidades del conflicto colombiano.

Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR)  o Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP)    

Lo primero que es necesario señalar es que el proceso se desarrolla entre partes que se conciben como iguales y que las FARC no están en la mesa de conversaciones como una fuerza derrotada, ni el gobierno como una fuerza victoriosa, independientemente,  de lo que se refleje en el campo de batalla. Esta situación crea en materia de aplicación de instrumentos y manejo del lenguaje unas condiciones y necesidades específicas, para que se vea reflejado en la fase de fin del conflicto.

Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR)

No es útil para este proceso la formula de Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR) utilizado con frecuencia con organizaciones que han sido derrotadas o que han decidido someterse a la institucionalidad. 

En estos procesos, las fuerzas ilegales o insurgentes entregan las armas al Estado, quien procede en distintas direcciones según los acuerdos; por lo general, las destruyen o elaboran monumentos para la memoria. Las fuerzas se desmovilizan y entran en programas de reinserción con una oferta estatal de ayudas, durante un periodo  de tiempo específico,  mientras logran las estabilidades que les permiten retomar sus proyectos de vida con autonomía. En algunos casos, sobre todo cuando se trata de insurgencias, intentan la construcción de proyectos políticos que se disuelven en el tiempo permaneciendo solo algunos protagonistas en el escenario político nacional al interior de distintas fuerzas políticas, de izquierda y derecha. Una parte importante de reinsertados, cuando se agotan las ayudas e incluso antes,  reinciden en prácticas de violencia o de delincuencia. Recoger la experiencia de los procesos que se han dado no solo en nuestro país, sino, igualmente, en otros procesos como los centro americanos es importante, para innovar en los procedimientos y evitar la mayor cantidad de reveses que puedan presentarse.

Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP).

En las conversaciones entre Gobierno y FARC, se ha comenzado a poner en evidencia que este proceso va seguir una ruta distinta a la de DDR, que podríamos denominar como de Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP).

La dejación de armas es un requisito fundamental para la terminación de la guerra, pero la ruta seguida por estas es necesario tenerla clara. Primero,  la dejación de armas es antes que nada una declaración política que hacen las partes, esto es Gobierno y Farc, ante la comunidad nacional e internacional, de no volver a utilizar las armas en los conflictos políticos internos, contra las distintas fuerzas políticas, las instituciones o la población. Segundo, en el caso de las armas del Estado estas deben estar al servicio de la nación en los fines y propósitos, que les fija la Constitución Nacional para la defensa de la soberanía, la nación y las instituciones democráticas. Tercero, en el caso de las armas de la insurgencia, pueden seguir varias rutas: si lo que se establece es un armisticio, que no es muy factible que la sociedad colombiana lo acepte,  las FARC permanecerían con las armas en silencio y lo que garantizaría esto es su declaración pública de dejación de armas. Si no es este el caso, tampoco es el de que las FARC vayan a entregar las armas al Estado, pues esto sería considerado como un acto de derrota, lo que no está en los imaginarios de esta organización. No habrá entrega de armas al Estado a la manera de procesos anteriores. Existen dos posibilidades para sacar las armas del conflicto, una es que se recojan y se depositen bajo un protectorado internacional hasta que se decida que hacer con ellas. La otra es colocarlas en venta para que el Estado que esté interesado en comprarlas lo haga y los recursos se destinen al fortalecimiento de la organización política nueva y en el proceso de normalización.

Es necesario tener claro que no son las armas por si solas las que definen la guerra, es la intención de usarlas con fines políticos la que la definen. Si esa intención desaparece, desaparece la guerra. Cuando la intención aparece, aparecen las armas.

El tema de la Normalización es muy importante y ya las FARC lo vienen planteando conforme a los enunciados del acuerdo general que al respecto señalan: “Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil - en lo económico, lo social y lo político -, de acuerdo con sus intereses”. Este proceso debe garantizar a los miembros de la organización las condiciones para que se puedan incorporar con derechos y garantías al ejercicio de la vida social y económica en los territorios.

Las FARC han hecho una propuesta que es necesario tomar en consideración y eso no significa que tenga que aceptarse, pero tampoco, que tenga que descalificarse, es la referente a los territorios de paz, llamados Terrapaz. Es necesario que se haga una juiciosa reflexión y discusión sobre esta propuesta, en la que las partes estén dispuestas a acordar lo que es posible. En esos territorios de paz, llámense como se quieran llamar, debe ofrecerse la oportunidad en el proceso de normalización que se establezca las condiciones para que vivan con seguridad los miembros de la organización, construyan sus propios proyectos económicos y productivos y desarrollen el trabajo político organizativo que permitan hacer vida política en el país. Desde luego que deben desmilitarizarse esos territorios, porque ya no existe razones para la presencia militar, la guerra se acabo. Lo que no significa que el Estado debe dejar de existir y hacer presencia allí, con políticas de bienestar y seguridad.

Que durante el tiempo que sea necesario los miembros de las FARC, sobre todo las comandancias,  puedan contar con sus propios esquemas de seguridad constituidos por miembros de la organización, es viable, incluso hay amplias experiencias al respecto en la historia del país. No obstante es necesario señalar que ese personal debe ser reentrenado y articulado a la institucionalidad en la Unidad de Protección que está adscrita al Ministerio del Interior, porque serán trabajadores del Estado.

En síntesis, la normalización crea las condiciones institucionales, sociales, económicas y políticas para que en el pos-acuerdo los miembros de la organización puedan usufructuar sus derechos en las mismas condiciones que todos los ciudadanos del país. En ese proceso, las comandancias y el gobierno nacional, tienen una mayor responsabilidad de garantizar que las bases tengan una ruta de normalización cargada de garantías y opciones de vida digna.  

La movilización hacia la  Participación Política, en este periodo, es tal vez el mayor reto que tiene la organización para permanecer en la vida política de la nación a partir del pos-acuerdo. La crisis por la que atraviesa la izquierda tradicional los coloca frente a retos superiores en el que deben refundarse como organización y refundar la política como practica social en una concepción que les permita ser reconocidos y respetados como una nueva fuerza política en un escenario de luchas democráticas. La posibilidad de contar con un número de curules en senado, cámara, asambleas y concejos, durante al menos dos periodos,  resulta positivo para su consolidación como fuerza política. Pero su participación en la vida política y en la ampliación y profundización de la democracia, como ya lo han planteado no se reduce a eso.  


Diciembre 9 de 2015. 

viernes, 20 de noviembre de 2015


MENSAJE DEL ELN A LA SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL POR LA PAZ

 Veredicto
 Participación en Política
 Uno de los temas que debate la opinión pública es la posible participación en política de los integrantes de las FARC, si se firman los acuerdos en La Habana. Muchos consideran que esto debe ocurrir como consecuencia del proceso; otros, que muchos deben tener restricciones y prohibiciones por los delitos cometidos.
Con  Edward Rodriguez Centro Democrático fiscal y Carlos Medina en defensa.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Los diálogos con el ELN, se fueron para el 2016…

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente – Investigador
Centro de Pensamiento y Seguimiento a los Diálogos de Paz
Universidad Nacional de Colombia

No obstante los avances alcanzados entre la delegación del Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos y la delegación de paz del ELN, en relación con un acuerdo de paz y de una agenda de conversaciones en la fase exploratoria que precede la mesa pública, el país no escuchara este año ese anuncio. Esa mesa de conversaciones se fue para el 2016. Las partes han hecho pública y reiterada manifestación de la voluntad para iniciar un proceso de conversaciones de paz, pero,  todo parece indicar,  que aun no están dadas las condiciones para que se de inicio a ese proceso.

 El presidente Juan Manuel Santos, es el más interesado en sacar adelante una mesa de conversaciones, con esta organización en la medida en que es consciente que sin el ELN, no solo la paz es incompleta, sino que la guerra continuaría, con todo lo que ello implica en costos económicos, políticos y sociales para el país. El ELN, ha declarado a través de Pablo Beltrán, miembro de la delegación de paz de esta organización, en mensaje a la II ASAMBLEA NACIONAL POR LA PAZ, convocada por la Unión Sindical Obrera, La Universidad Nacional de Colombia y el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social,  que tienen toda la voluntad para marchar en un proceso de paz que comprometa la participación de la sociedad civil y que entienden que este es el momento histórico de la paz. No obstante, esas manifestaciones de voluntad aun no logran encontrar el camino que los conduce a una mesa pública.

El gobierno tiene serias dudas de la unidad interna del ELN y considera que el sector económica y militarmente más fuerte y más radical se está consumiendo el conjunto de la organización influyendo en estructuras debilitadas, las que apoya y recompone a su favor transformando la correlación de fuerzas en materia de los poderes de conducción interna. Señala que no fueron mayores los avances del Quinto Congreso y que no han tomado de manera clara y definitiva la decisión de irse de la guerra y, que así como existen dirigentes del COCE convencidos de la necesidad de marchar hacia la paz, existen otros que ven en los diálogos un escenario de legitimación del discurso insurgente. Igualmente el gobierno lee dinámicas de grupos de interés que le impiden avanzar a la organización en la toma de decisiones, a lo que se suma una especie de deuda solidaria con el gobierno venezolano, al cual el ELN buscaría darle el mayor protagonismo posible en los diálogos, en un momento en que la situación interna venezolana y las tensiones de fronteras dificultan decisiones del gobierno en ese sentido.  

No obstante, estos elementos de percepción, existe la orden presidencial de mantener la dinámica de los diálogos exploratorios y de hacer lo que se requiera en el marco de las posibilidades existentes y con el mayor realismo, para llegar a una mesa pública y dar curso a la discusión de la agenda acordada.

Por su parte, el ELN no ve suficiente voluntad del gobierno para emprender cambios democráticos que favorezcan a la población, amplíen la democracia y posibiliten el desarrollo de los conflictos en un contexto de seguridades que no conduzcan ni a la judicialización, ni a la criminalización. Perciben al gobierno buscando desarmar a la insurgencia para ofertar con mayor seguridad a los inversionistas extranjeros los recursos naturales en el marco de economías extractivas arrasadoras de territorios y de poblaciones. Tienen grandes prevenciones sobre la voluntad real de las elites económicas y políticas de comprometerse y de cumplir con los acuerdos a que se llegue con la insurgencia y la sociedad civil, y no ven que pese a los acuerdos que se han alcanzado en la Habana con las FARC, el gobierno este ajustando la fase de transición que conduce a la implementación de los mismos, sino, por el contrario, lo ven gobernar y legislar en contravía. En síntesis, todavía no se ha construido la confianza suficiente como para involucrarse a fondo en un proceso de paz.

Pero igual que el gobierno, el ELN tiene como orientación persistir en la búsqueda de la salida política al conflicto armado, buscando en lo esencial, en sus palabras, una paz con justicia social, democracia y soberanía.

Estoy convencido que en ese proceso se ha avanzado, que se reconoce al ELN como una organización diferente, que se le toma en serio y que seguramente tendrá una mesa y agenda propia cuando así lo determinen las circunstancias, ojala más pronto que lejos. Ya nos hemos convencido todos aquellos que le trabajamos 24 horas a la paz que no va a ser este año y que seguramente, no será antes de febrero, porque ni el momento es el propicio, ni las condiciones están dadas.

No deja de preocupar el tiempo, si el proceso de paz con las FARC avanza y se firma un acuerdo para someter a refrendación - que con toda seguridad no será el 23 de Marzo-,  el proceso del ELN estaría comenzando en el cierre de las conversaciones con las FARC y, quiérase o no,  algunos de los temas de agenda con el ELN, tienen que coincidir con los de la Habana, porque son dos mesas distintas, pero es una sola paz y es un solo país. Los temas de justicia, victimas y democracia seguramente tendrán similitudes. El proceso de refrendación no tendría un mecanismo distinto, entre otros temas de interés común.  

La llegada del ELN al proceso de paz, puede producirse como un factor renovador y dinamizador de las dinámicas de acuerdo de finalización del conflicto, sin que por ello pierda su especificidad.

Por ahora me permito informar a la opinión pública que el proceso con el ELN se va para el 2016…, al no ser, que al Gobierno Nacional y al ELN, les dé por llevarme la contraía… lo que el país agradecería.

Bogotá, 19 de Noviembre de 2015 

domingo, 8 de noviembre de 2015

Conversaciones GOBIERNO –ELN
Lo único que queda pendiente… es instalar MESA PUBLICA

El largo proceso de conversaciones exploratorias entre el Gobierno Nacional y el ELN, para acordar una agenda de diálogos de paz ha llegado a su fin. Las partes han logrado cerrar los puntos de agenda y han centrado en las últimas reuniones la atención es lo estrictamente formal: Donde se van a realizar las conversaciones, quienes van a ser los países acompañantes y garantes, cuando y en que condiciones se anuncia al país el inicio de la mesa publica, entre otros aspectos de orden logístico y operativo.

Lo importante de esta etapa es que se ha respetado el carácter diferente del proceso del ELN con el que se adelanta con las FARC en la Habana. Se ha entendido que son dos procesos distintos, pero que es una sola la paz de Colombia; que hay temas afines y que es la disposición de las partes la que puede hacer coincidir los acuerdos cuando estos competan al interés del proceso y de la paz. Se ha reconocido que en la agenda de conversaciones con el ELN, hay nuevos e importantes ejes de reflexión que van a ayudar a darle mayor solidez a la construcción de una paz estable y duradera con mayor justicia social, entre ellos, la paz pensada desde los territorios y con las poblaciones.

Recordemos que el Gobierno Nacional y el ELN se han puesto de acuerdo y han cerrado los temas que han de discutirse en la mesa de conversaciones PUBLICA  en lo pertinente a la participación de la sociedad civil, la construcción de un modelo democracia incluyente y pluralista, las transformaciones necesarias para la paz, el tema de las víctimas del conflicto armado y lo referente a la terminación del conflicto y los mecanismos que se deben utilizar para refrendar los acuerdos.

No pueden ser mejores las condiciones que existen actualmente para que los diálogos se inicien, hay una declarada disposición de la Conferencia Episcopal para acompañar los diálogos y hacer las gestiones que sean necesarias para que estos echen a andar, si el gobierno lo autoriza, y no creo que el gobierno y el presidente Juan Manuel Santos tengan ninguna objeción para que la iglesia pueda prestar sus buenos oficios a este proceso. Naciones Unidas y el Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz de la Universidad Nacional, igual han mostrado su mayor disposición para acompañar los diálogos con el ELN.

Las embajadas de Noruega, Suecia y Suiza, entre muchas otras han mostrado toda su disposición para apoyar y acompañar ese proceso. Países como Cuba, Venezuela, Ecuador, que han estado comprometidos con la fase exploratoria así como Uruguay, Brasil y en general todos los países de América Latina que han mostrado su interés en apoyar estos diálogos están pendientes de su inicio y de servir como garantes, acompañantes o auxiliares de lo que se requiera.
Instituciones como UNASUR y la OEA, no tendrían inconveniente en apoyar y acompañar los diálogos, es decir hay ambiente favorable y de apoyo estatal e institucional decidido para que estos diálogos se den en el marco de las mayores garantías.

Pero,  igualmente y de manera muy importante,  hay un apoyo de la sociedad civil que ha trabajado en los ultimos años en la creación de las condiciones para que la paz pueda darse. La Mesa Social por la Paz, La II Asamblea Nacional por la PAZ, La Mesa Ecuménica por las PAZ, Las distintas iglesias,  la Minga Indígena, El Coordinador Nacional Agrario, La cumbre Agraria, Obrera, Campesina y Popular, el Congreso de los Pueblos, Marcha Patriótica, entre muchas otras organizaciones sociales y populares están en el camino de apoyar esos diálogos porque están comprometidos con la paz de Colombia.

No menos importante es el apoyo que pueda prestar la academia que ha publicado ya dos libros en relación con las posibilidades de poner en marcha un proceso de conversaciones con el ELN y que ha abordado la agenda conocida de manera solidaria y propositiva. Las publicaciones ¿Por qué negociar con el ELN? e Y sin embargo se mueve,  son documentos de un gran valor para esa organización que seguramente tendrán a la mano en el desarrollo de las conversaciones.

Las FARC han mostrado su disposición para aportar desde su propia experiencia al desarrollo de las conversaciones respetando la autonomía e independencia del ELN para transitar su propia ruta.


En síntesis, todo está dado para que se puedan iniciar las conversaciones entre Gobierno y ELN, en la fase que le corresponde a una mesa pública. Seguramente se está esperando el momento oportuno para que se dé a conocer al país la iniciación de los diálogos Gobierno Nacional –ELN que será sin duda una muy importante y significativa noticia para todos los colombianos.      

domingo, 16 de agosto de 2015



TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA DEJACIÓN DE ARMAS
La ruta del ELN…

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz

A su propio ritmo y seguramente en un universo de inseguridades e incertidumbre de las partes, marcha la fase exploratoria del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos con el Ejército de Liberación Nacional –ELN- sobre las posibilidades de llegar a un acuerdo y a una agenda de conversaciones para la terminación del conflicto armado. No es mucho lo que se sabe de la letra menuda de las conversaciones adelantadas en esta fase exploratoria que debe conducir a una mesa pública, en donde de cara al país se construyan los acuerdos políticos que se requieren para avanzar hacia la construcción de una paz estable y duradera, que sin la menor duda no es posible si la insurgencia del ELN, no llega a un acuerdo con el gobierno.  

La muerte de Megateo, comandante del último reducto de la guerrilla del EPL, que opera en la región del Catatumbo y que seguramente generará al interior de esta organización un proceso que puede conducir hacia la descomposición total, al sometimiento a la justicia o a la búsqueda de un acuerdo con el gobierno para la desmovilización de lo que queda de estructura armada y la entrega de las armas en unas condiciones de favorabilidad jurídica, deja al ELN como minoría determinante de la finalización real del conflicto armado en el país.

Avanzar en el diálogo entre partes en la fase exploratoria cuando hay una experiencia en marcha en una mesa pública como son las conversaciones de la Habana entre el gobierno y las FARC,  no es fácil, porque ambas partes buscan superar los inconvenientes que se van presentando en esa mesa y establecer las diferencias que le dan identidad a los procesos. Hay temas que se comparten aunque se tengan visiones distintas y que obligan a acuerdos similares: los problemas agrarios, la participación política, el tema de víctimas, lo relacionado con drogas ilícitas, que aunque no es tan marcado con el ELN, no va a dejar de abordarse, la oferta de seguridades y de certidumbres jurídicas, la garantía del cumplimiento de acuerdos; el tema de la justicia, la verdad, la reparación y el compromiso de no repetición… entre muchos otros temas que conducen a dos que son definitivos: La terminación del conflicto y la dejación de armas.



Pese al hermetismo existente en el compromiso de mutua confidencialidad de parte del Gobierno Nacional y del ELN, se sabe que la agenda que puede guiar estas conversaciones va bastante avanzada y que se han afinado puntos importantes para unas conversaciones públicas que permitan llegar a acuerdos políticos sustanciales. No se ha saltado aun a la mesa pública porque no se han alcanzado los entendimientos suficientes sobre el tema de terminación del conflicto y dejación de armas, que en la práctica no tiene porque ser así, porque para eso está la mesa abierta a la sociedad colombiana, a los medios de comunicación y a la comunidad internacional. Es allí donde se llega a los acuerdos con respecto al tema y no en la mesa exploratoria que lo que define es que se va a conversar.

La agenda exploratoria establece los criterios de las conversaciones, los temas a conversar y las metodologías a seguir. Es la mesa pública, donde se llega a los acuerdos políticos que ponen fin al conflicto armado y a la dejación de las armas, en el marco de una oferta de oportunidades para el desarrollo de la lucha política democrática y el reconocimiento institucional y constitucional de la insurgencia como un actor legal y legitimo en la lucha política del país.

Lo que precede de manera ineludible un proceso de diálogo para la terminación del conflicto es la voluntad explícita de estar dispuestos a dejar las armas si se llega a un acuerdo político de terminación del conflicto que se refrenda frente a la opinión pública, por una vía mutuamente acordada y se instituyen los mecanismos de implementación de los acuerdos, con la veedurías, acompañamientos y respaldos tanto institucionales, como de la comunidad nacional e internacional.

Desde luego que existen todas las dudas e inseguridades sobre el cumplimiento de los acuerdos, heredados de proceso anteriores, irresponsablemente manejados,  que condujeron al asesinato de dirigentes de la insurgencia institucionalizados ya y en la lucha política democrática o, experiencias de extradición como en el caso de los comandantes paramilitares que quitaron a las víctimas la posibilidad de la verdad, la justicia y la reparación integral. Si el proceso se blinda política, social, jurídicamente, en oferta de seguridad y, se hace acompañar de una veeduría internacional y un observatorio permanente de la evolución del mismo seguramente tendrá menos incidentes desafortunados y mayor responsabilidad en el cumplimiento de los acuerdos.

Hay que acercar el tema de terminación del conflicto y dejación de armas a  consideraciones y condiciones similares a las que se dieron con las FARC, porque le resulta muy difícil al gobierno aceptarle al ELN unas condiciones distintas a las de esa organización, sin generar en esta las incomodidades y reclamos pertinentes, e incluso conflictos internos. Esas son las dificultades que resultan de tener unos acuerdos en marcha y estar buscando la concreción de otra agenda que respetando la especificidad se entienda en el marco de un proceso más amplio.

A partir de éste 18 de Agosto de 2015, se retoman las conversaciones en la fase exploratoria entre Gobierno y ELN; ojalá los esfuerzos que se realizan puedan dar frutos y el país reciba la buena nueva de que se abre la mesa pública con una agenda realista y de amplias posibilidades para generar significativos cambios en el marco de un nuevo orden democrático.          

Bogotá, 16 de agosto de 2015