jueves, 28 de enero de 2016




Programa Cátedra de Sede Manuel Ancízar 
“Camilo: Su obra y su tiempo”
Auditorio León de Greiff sábados 9 a.m. – 12 m

Fecha
sesión
Temática
Invitados
6 febrero
1
Inauguración. Camilo Torres Restrepo. El personaje su obra y su tiempo.
Ignacio Mantilla
Ramón Fayad
José Félix Patiño
Genaro Sánchez
Ricardo Sánchez Ángel
Víctor Manuel Moncayo
Guillermo Páramo
13 febrero
2
Contexto Internacional en el que se desarrolla la Vida de Camilo Torres Restrepo
Francisco Leal
Álvaro Tirado                                  
Miguel Hernández
César Augusto Ayala
20 febrero
3
La Violencia liberal-conservadora y la Dictadura Militar. Balances nuevos enfoques e interpretaciones.
Luis Emiro Valencia
César Augusto Ayala


27 febrero
4
El Frente Nacional. Contexto social, económico y político
Ricardo Sánchez Ángel
Alejo Vargas
Jaime Caycedo
05 marzo
5
Trabajo en grupo. Talleres-evaluación

12 marzo
6
El Frente Nacional. Movimientos sociales y lucha política. Las Guerrillas durante el Frente Nacional.
Alfredo Molano
Galo Burbano
Carlos Medina
Mario Aguilera
19 marzo
7
Camilo Torres del sacerdocio, al activismo político. El hombre y su tiempo. 
Presentación del libro. Sacerdocio y Política (Alberto Parra)
Carlos Enrique Angarita
Walter Joe Broderick



26 marzo
Semana santa


2  abril
8
Trabajo en grupo. Talleres-evaluación

9 abril
9
La obra política de Camilo Torres Restrepo   
Alonso Ojeda Awad
Carlos Medina
Donka Atanassova
Víctor Manuel Moncayo
16 abril
10
El impacto de Camilo en la iglesia Católica. Camilo Torres y la Teología de Liberación.
Francisco de Roux



23 abril
11
Testimonios sobre la vida y obra de Camilo Torres Restrepo 
Gloria Triana
María Elvira Naranjo


30 abril
12
El impacto de Camilo en la Colombia de la época y los movimientos sociales
Mauricio Archila
Orlando Villanueva

7 mayo
13
Camilo Torres y las ciencias sociales 
Miguel Ángel Hernández
Boris Esguerra
Gonzalo Cataño
Normando Suárez
14 mayo
14
La obra académica de Camilo Torres Restrepo – Fundación de la Facultad de Ciencias Humanas
Gonzalo Cataño
Víctor Reyes
Jaime Eduardo Jaramillo
Hesper Eduardo Pérez
21 mayo
15
¿Qué significa Camilo hoy?  
Javier Giraldo
Vladimir Zabala
Luis Ignacio
28 mayo
16
Evaluación general



jueves, 21 de enero de 2016



JUSTICIA E IMPUNIDAD
Saldar cuentas con el pasado para construir el futuro


CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente-Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz

El pasado 15 de diciembre de 2015, el Gobierno Nacional y las Farc dieron a conocer al país los acuerdos del punto cinco que coloco al centro los derechos humanos de la víctimas, las causas, determinantes y permanencias del conflicto, el problema de la verdad y, de manera polémica, el tema de la justicia cuyo tratamiento contó con la participación de expertos, juristas y constitucionalistas, que hicieron sus aportes, conforme a las exigencias y limitantes  de los estándares internacionales de justicia  en relación con crímenes de guerra y lesa humanidad.

El concepto de impunidad sobre el que se ha construido la oposición al proceso de paz y a los acuerdos se erige sobre un modelo de justicia que no toma en consideración el desarrollo de un proceso de solución política y que pretende,  en lo esencial, que el régimen justicia que se aplique contemple la privación de la libertad y largas condenas, como si los miembros de la insurgencia hubiesen sido capturados, derrotados y sometidos a la justicia del vencedor en condición de vencidos.

Una primera enseñanza que dejan los procesos de solución política a los conflictos armados en el mundo es que toda sociedad que aspire a conseguir ciento por ciento de justicia y cero de impunidad,  sin modificar el régimen de justicia, está condenada a vivir eternamente en guerra.

El reconocimiento del carácter político del conflicto armado brinda la posibilidad de recurrir a un régimen de justicia de excepción que estable nuevos parámetros para que la sociedad pueda dar curso a un propósito superior como lo es la paz, sin que se produzca un sacrificio absoluto de la justicia y se institucionalice un régimen de impunidad total.

La justicia transicional tiene esas características, es más benévola en el tratamiento a los actores del conflicto en relación con los crímenes cometidos durante el mismo y,  busca reducir la impunidad dándole a la misma un nuevo orden jurídico en el marco de unos estándares mínimos de sanción que posibiliten la legitimación del proceso de paz y los acuerdos resultantes del mismo.

En cualquier régimen de justicia se evita la impunidad si se investigan los crímenes, se establece la verdad de lo acontecido, se juzga en tribunales los delitos y se producen y ejecutan las sanciones. Esto no desaparece en la justicia transicional, lo que se modifica es el régimen de sanciones en el marco de unos nuevos parámetros que busca favorecer el proceso por razones del interés superior de la paz, el bienestar, la tranquilidad y la seguridad de la Nación.

El nuevo régimen de sanciones puede contemplar desde la privación y restricción de la libertad, hasta la sanción de inhabilidad política y administrativa por un tiempo determinado, unido con actividades de reparación integral de las víctimas y recuperación productiva de los territorios entre otras muchas opciones entre las que figuran el compromiso de no repeticion.

El acuerdo de víctimas en materia de justicia ha establecido un orden de responsabilidades múltiples en el desarrollo del conflicto que no solo convoca al Estado y a la insurgencia, sino, que también busca establecer la responsabilidad de quienes desde distintos sectores agenciaron, financiaron y se beneficiaron de la guerra a través de procesos de acumulación criminal mediante prácticas de despojo, desplazamiento y desarraigo, cuando no de asesinatos selectivos y masacres, a través de grupos paramilitares. Es en estos sectores donde se desarrolla con más fortaleza la oposición al proceso de paz desde un cinismo extremo que se esconde en el reclamo de paz sin impunidad.

Durante la administración Uribe Vélez, el proceso de desmovilización de los paramilitares se dio bajo un régimen de justicia de excepción que coloco penas hasta de ocho años en una ruta de esclarecimiento de la verdad y reparación de las víctimas, que se vino a pique con la extradición de los comandantes y las confesiones de los beneficiarios de los tribunales de Justicia y Paz a través de verdades necrófilas que involucraban la responsabilidad total en los jefes muertos y desaparecidos.

A pesar de esto, quienes se acogieron y medio colaboraron han comenzado a quedar libres y, eso querámoslo o no, siendo el resultado de un proceso a medias adelantado por el Estado, con su propio marco jurídico, cargado de "impunidad", hay que aceptarlo.

La jurisdicción especial para la paz debe hacer en el marco de los términos establecidos la mayor justicia posible, para todos los actores del conflicto y hacer efectivo el régimen de sanciones establecido en el mismo. En ese régimen debe prevalecer el principio de igualdad que compromete a insurgentes, militares y civiles, con un tratamiento que no por diferenciado debe ser desigual.

No hay que olvidar que no hay otra justicia que es la que encarna el interés del más fuerte, que las leyes las hacen los gobiernos para su propia ventaja y que no existe una norma superior e impersonal para apelar en las contiendas por el poder. Esperemos que la Democracia resultante de este proceso sea la mejor para que se evite el incumplimiento y la venganza contra los otrora "enemigos internos", y que cualquier pretexto no cubierto por el régimen de justicia sirva para perseguirlos y estigmatizarlos.

Es indiscutible que garantizar a las victimas sus derechos fundamentales y humanos debe ser el primer propósito de todo sistema de justicia transicional, pero igualmente, saldar cuentas con los victimarios de tal manera que las heridas puedan cicatrizar, se produzcan con sinceridad los actos de perdón y la verdad y la memoria ocupen el lugar del olvido y la impunidad, en un periodo de reconciliaciones verdaderas.


Bogotá, enero, 21 de 2016.       

martes, 19 de enero de 2016

Carta abierta al ELN
Seis  "percepciones" del gobierno por las cuales no hay luz verde para iniciar mesa publica....

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente – Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz


SEÑORES:
NICOLAS RODRIGUEZ BAUTISTA,
Antonio García,
Pablo Beltrán y demás miembros del COCE y la Dirección Nacional.




Desde hace varios meses la nación colombiana y,  en particular,  importantes sectores democráticos y movimientos sociales, amigos y artesanos anónimos del proceso de paz, han esperado con especial expectativa el anuncio por parte del gobierno y ELN del inicio de la mesa publica de conversaciones sobre una agenda temática que en palabras de Nicolás Rodríguez Bautista : "No le falta  ni una coma... ",   Sin embargo, el tan esperado anuncio no se produce.

Es posible que cada una de las partes tenga su propia explicación y no haya aun madurado las circunstancias reales y confianzas suficientes para que el proceso se ponga en marcha. Tengo la impresión que el gobierno nacional tiene seis percepciones que no lo motivan suficientemente a poner en marcha el mismo, pese a la urgencia que se tiene para cerrar de manera definitiva el conflicto armado. Seguramente, sobre el gobierno ustedes tendrán otras percepciones.

Me permito enumerarlas para que ustedes hagan las claridades que sean necesarias si lo consideran pertinente y útil al proceso.

Primera. El gobierno nacional considera que existe una dependencia moral a manera de deuda de la organización que no le permite desprenderse del proceso Venezolano. La estrecha relación de la organización con el gobierno de Venezuela del Presidente Nicolás Maduro y su solidaridad con la revolución Bolivariana, en la que podrían verse comprometidos en su defensa ante los avances de la oposición, genera cierta cautelas en la toma de decisiones.

La crisis venezolana, sin la menor duda,  debe tener para el bien de los venezolanos un desenlace político que ayude a fortalecer una democracia menos polarizada y más incluyente. Lo peor que le podría pasar a Venezuela es verse abocado a una guerra civil. Los venezolanos de todos los sectores deben aprender a vivir en la diferencia y a respetar al adversario. El ELN debe ponderar esta situación y asumir en autonomía su propio proceso sin que ello implique la renuncia a su solidaridad política.

Agradecer la gestión realizada por Venezuela y disponerse completamente para marchar hacia el proceso de paz es, al entender del gobierno una necesidad.


Segundo.  El gobierno considera que existe un peso muy fuerte del Bloque Nororiental liderado por el Frente Domingo Laín y que no obstante y en razón de ello el ingreso de "Pablito" al COCE obedece al intento de mantener frente al proceso de paz la organización unida. Para el gobierno no son suficientes las declaraciones de "Pablito" de subordinación al COCE y de apoyo al Proceso de paz,  pues considera que en la práctica lo que ocurre es que el FDL, se está "consumiendo" la organización y que no existe en este sector una autentica voluntad de paz.


Pese a las reiteradas declaraciones de voluntad del FDL, el gobierno considera que estas deben hacerse explícitas en la mesa de conversaciones, para llenar de seguridades el proceso y no tener la impresión de estar dando un salto al vacío.

Tercero. Aun el gobierno no se convence que el ELN haya tomado con suficiente convicción la decisión de dejar las armas en el marco de un proceso de solución política y considera que aun milita en un fetichismo armado que le resulta difícil superar.  No ve en las declaraciones del V Congreso una decisión sólida tomada al respecto, sino un "puede ser,  si... en el tiempo ocurre... ".

Tal vez la decisión militar más valiente e importante que toma un comandante de ejercito es la de poner fin a la guerra, y esa, considera el gobierno,  no se ha tomado al interior del ELN. Aun se tiene muy viva la consigna de NUPALOM y ella se corresponde más con la intención de guerra que con la disposición de paz.

Cuarto. El gobierno tiene la impresión que al no haber una decisión definitiva e irreversible de irse de la guerra, el ELN tendría como propósito utilizar los diálogos para ventilar “todos los problemas del país”, revistiendo su lucha de legitimidad y esperando que en algún momento y por alguna razón los diálogos se suspendan.

El gobierno tiene la preocupación que el ELN tenga una estrategia la dilación de las conversaciones sin acuerdos sustanciales hasta que las mismas se agoten. Por eso considera que si ha de meterse en un proceso es porque realmente se tiene el interés de poner fin al conflicto armado y no para que se agoten en él las expectativas de paz y se instrumentalice políticamente y mediaticamente el proceso.

Quinto. El gobierno nacional considera que las llamadas "Barras Bravas", ejercen sobre la organización una influencia negativa en la medida en que,  sin estar en la guerra, consideran que "todo proceso de paz es una traición a las causas del pueblo". Se considera que hay una sobre valoración de la sociedad civil y que los aportes que esta pueda hacer a la lucha social y reivindicativa, los pueden lograrlo a través de sus propias rutas con mayor legitimidad.

Sexto. El gobierno tiene la percepción que los conflictos de poder interno no dejar avanzar con suficiente fortaleza  y dinamismo el proceso de solución política y que no hay todavía una unidad de propósito en la dirección del ELN en relación con la paz. Que existe una disposición diferenciada para asumir el proceso y que ninguno quiere pagar el costo de ser en el marco de una concepción "radical",  el "más débil",  por ser el más objetivo y realista.

Todas estas “percepciones” no explicitas por parte del gobierno a través de su equipo de paz mantienen estático el paso de la fase exploratoria hacia la mesa pública.
El país entero espera que elGobierno y el ELN superen inseguridades y desconfianzas y que ambas partes lleguen ya a una mesa publica que ponga fin a esta parto de mula que sigue representando la fase exploratoria.

Espero esta carta sirva para que se hagan reflexiones debidas y las claridades pertinentes si lo tienen a bien las que seguramente no tienen que romper confidencialidad alguna.


Un gran homenaje se le haría la sacerdote revolucionario CAMILO TORRES RESTREPO, si antes de conmemorarse los 50 años de su desaparición física el ELN anunciara al país conjuntamente con el Gobierno la instalación de esa MESA PUBLICA y que en el proceso la organización  tomara la iniciativa de venirse de la lucha armada a la lucha política a retomar conjuntamente con otras fuerzas sociales y políticas las banderas del Frente Unido del Pueblo en un escenario de luchas democráticas.   

Cordialmente

CARLOS MEDINA GALLEGO

sábado, 2 de enero de 2016




SIMACOTA y las posibilidades de un proceso de paz con el ELN


CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz- CPSPP
Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa- GISDE 


En la historia del Ejército de Liberación Nacional –ELN- hay tres momentos fundacionales importantes: la conformación de la brigada pro-liberación José Antonio Galán, con la adopción de la consigna comunera de ni un paso atrás liberación o muerte (NUPALOM), en el marco de un pacto revolucionario de jóvenes rebeldes en un ritual donde está presente Ernesto “che” Guevara y se decide el impulso de la teoría insurreccional del foco guerrillero en Colombia en los primeros meses de 1963, en el marco del fervor de la revolución Cubana; el segundo momento lo constituye la primera marcha guerrillera, emprendida el 4 de Julio de 1964 en el municipio de San Vicente de Chucuri para hacer efectivo el compromiso adquirido y, el último, la toma de Simacota el 7 de enero de 1965, como el hecho práctico del inicio de la lucha armada. De ese momento a hoy han transcurrido 51 años de historias de compromiso, guerra, tragedia y dolor que hoy buscan afanosamente un escenario posible de solución política negociada. 
  
La aparición pública del ELN, su primera acción militar en Simacota, se acompaña de un manifiesto que en enunciados breves busca expresar el punto de vista de la organización acerca de la propiedad agraria, las condiciones de existencia de los obreros, los pequeños y medianos productores, la educación, la salud, la vivienda,  asumir una posición antiimperialista e informar el inicio de la lucha revolucionaria, sin otro objetivo, en el momento, que el de derrocar el gobierno convocando a los protagonistas del conflicto social y llamando al pueblo liberal y conservador,  a hacer frente a la oligarquía de ambos partidos.
  
Han transcurrido 51 años desde el momento en que se da a conocer el Manifiesto de Simacota, es claro que el país y el mundo se han transformado de manera sustancial y que el régimen de explotación, exclusión, pobreza y desigualdad permanecen… También es claro,  que el ELN se ha transformado, el más joven de todos los combatientes, que asistió a la toma de Simacota, Nicolás Rodríguez Bautista,  hoy tiene 63 años, persiste en las ideas que dan origen a su compromiso y, desde hace algo más de 25 años, conduce la organización hacia un proceso de solución política negociada y paz.

El ELN debe ser caracterizado como una organización social y política en armas, cuya  fortaleza no está en su capacidad de ejército, sino, en lo esencial, en su relacionamiento con la población y su compromiso con los cambios de las regiones en que hace presencia, de ahí su insistencia en la participación decidida de la sociedad civil en los procesos de negociación y que la paz se construya desde los territorios.

Más allá de las temáticas generales que se corresponden con la canasta de derechos sociales que han de mover la conflictividad futura  (trabajo, salud, educación, vivienda…), de la lucha por una democracia incluyente y respetuosa de la diferencia, del tema de las víctimas del conflicto y los derechos humanos de la población,  el tema central del ELN tiene que ver con la política minero energética, el medio ambiente y los recursos naturales, aspectos  que la organización ha reivindicado desde mediados de la década de los ochenta.
  
 Hoy el ELN, puede contar con un mayor apoyo si toca con suficiente y pragmática inteligencia el tema minero energético, prestando especial atención a la minería artesanal y tradicional, a la pequeña y mediana minería, a la legalización de los títulos mineros de pequeños y medianos propietarios, a la revisión de la política de distribución y condiciones de inversión de regalías en los territorios productivos, al manejo ambiental por parte de las trasnacionales, a la conservación de los recursos naturales como recursos estratégicos de la nación (aguas, páramos, humedales, selvas y ecosistemas frágiles…entre otros), al compromiso social empresarial con las poblaciones y los territorios. Si enfrenta con decisión la minería ilegal en manos de paramilitares y bandas criminales y legaliza socialmente su propia minería.

La experiencia ha demostrado que no existe ningún inconveniente para que la sociedad civil participe en un proceso de conversaciones y haga sus aportes correspondientes a la construcción de imaginarios de paz y convivencia democrática, en el marco de una propuesta metodológica viable y un propósito específico. Los puntos de agenda que se conocen, acordados entre el gobierno y el ELN, seguramente tomaran en consideración obligados aspectos de los temas acordados en La Habana que competen al interés general en un único sistema político y para una única nación.  

 Este 7 de enero de 2016,  se cumplen cincuenta y un años del inicio de la lucha armada del ELN.  El país entero está esperando que el ELN y el Gobierno  superen todos los inconvenientes y marchen conjuntamente hacia un escenario de conversaciones  para la solución política negociada del conflicto armado. El presidente Juan Manuel Santos tiene mayor interés en este proceso y Nicolás Rodríguez Bautista ha dicho recientemente que a la agenda resultante de la fase exploratoria que precede la MESA PUBLICA no le falta ni una coma.  Esperamos con ansiedad ese importante y trascendente anuncio. 


4 de Enero de 2014-2016

jueves, 10 de diciembre de 2015

DDR o DNP
La ruta de finalización del conflicto

CARLOS MEDINA GALLEGO
Docente – Investigador
Universidad Nacional de Colombia
Centro de Pensamiento y Seguimiento al Proceso de Paz

El proceso de conversaciones de La Habana en general va bien, pese a las múltiples dificultades por las que atraviesa,  a los estancamientos a los que se ha visto sometido por los condicionantes del tema de justicia en el punto de victimas, a raíz del incidente de la firma del pasado 23 de septiembre, que reabrió la discusión en un momento crucial y simbólico del proceso, que quedara en la memoria de los colombianos: El encuentro del presidente  Juan Manuel Santos con el Comandante de las FARC, Timoleón Jiménez. 

No creo que el acuerdo final se pueda firmar, como quiere el gobierno, el próximo 23 de Marzo del 2016, porque aun son muchos los temas por abordar y no son pocas las dificultades que existen para hacerlo, recordemos que quedan en cada uno de los puntos tratados unas “salvedades” que no son de cualquier tamaño y cuyo abordaje es complejo. Ya las FARC han anunciado que los seis meses corren a partir del momento en que se llegue a un acuerdo en el tema de Justicia, que según se dice se dará a conocer en los próximos días. De todas formas lo que determina el tiempo del proceso es la voluntad de las partes para llegar a acuerdos.    

No hay un acuerdo todavia sobre el mecanismo de refrendación. La iniciativa unilateral del gobierno sobre el plebiscito, seguramente tendrá en la mesa de conversaciones las discusiones pertinentes, hasta que las partes encuentren un mecanismo, cualquiera que sea, que las satisfaga.

No obstante todo lo anterior, las conversaciones ya iniciaron de manera directa el tema de Fin del conflicto que se corresponde en la agenda con el punto tres y que compromete: 1. Cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo. 2. Dejación de las armas. Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil - en lo económico, lo social y lo político -, de acuerdo con sus intereses. 3. La revisión por parte del Gobierno Nacional de la situación de las personas privadas de la libertad, procesadas o condenadas, por pertenecer o colaborar con las FARC-EP. 4. La intensificación por parte del Gobierno Nacional del combate para acabar con las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, incluyendo la lucha contra la corrupción y la impunidad, en particular contra cualquier organización responsable de homicidios y masacre o que atente contra defensores de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos. 5. La revisión, las reformas y los ajustes institucionales por parte del Gobierno necesarios para hacer frente a los retos de la construcción de la paz. Y,  6. Garantías de seguridad, para los miembros de las FARC.

Este punto nos coloca frente a un proceso que es sustancialmente distinto a otros procesos de paz desarrollados en Colombia y en el mundo, que nos obligan a ampliar los imaginarios y a encontrarnos con nuevas elaboraciones que se adecuen a las particularidades del conflicto colombiano.

Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR)  o Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP)    

Lo primero que es necesario señalar es que el proceso se desarrolla entre partes que se conciben como iguales y que las FARC no están en la mesa de conversaciones como una fuerza derrotada, ni el gobierno como una fuerza victoriosa, independientemente,  de lo que se refleje en el campo de batalla. Esta situación crea en materia de aplicación de instrumentos y manejo del lenguaje unas condiciones y necesidades específicas, para que se vea reflejado en la fase de fin del conflicto.

Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR)

No es útil para este proceso la formula de Desarme, Desmovilización y Reinserción (DDR) utilizado con frecuencia con organizaciones que han sido derrotadas o que han decidido someterse a la institucionalidad. 

En estos procesos, las fuerzas ilegales o insurgentes entregan las armas al Estado, quien procede en distintas direcciones según los acuerdos; por lo general, las destruyen o elaboran monumentos para la memoria. Las fuerzas se desmovilizan y entran en programas de reinserción con una oferta estatal de ayudas, durante un periodo  de tiempo específico,  mientras logran las estabilidades que les permiten retomar sus proyectos de vida con autonomía. En algunos casos, sobre todo cuando se trata de insurgencias, intentan la construcción de proyectos políticos que se disuelven en el tiempo permaneciendo solo algunos protagonistas en el escenario político nacional al interior de distintas fuerzas políticas, de izquierda y derecha. Una parte importante de reinsertados, cuando se agotan las ayudas e incluso antes,  reinciden en prácticas de violencia o de delincuencia. Recoger la experiencia de los procesos que se han dado no solo en nuestro país, sino, igualmente, en otros procesos como los centro americanos es importante, para innovar en los procedimientos y evitar la mayor cantidad de reveses que puedan presentarse.

Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP).

En las conversaciones entre Gobierno y FARC, se ha comenzado a poner en evidencia que este proceso va seguir una ruta distinta a la de DDR, que podríamos denominar como de Dejación de Armas, Normalización y Participación Política (DNP).

La dejación de armas es un requisito fundamental para la terminación de la guerra, pero la ruta seguida por estas es necesario tenerla clara. Primero,  la dejación de armas es antes que nada una declaración política que hacen las partes, esto es Gobierno y Farc, ante la comunidad nacional e internacional, de no volver a utilizar las armas en los conflictos políticos internos, contra las distintas fuerzas políticas, las instituciones o la población. Segundo, en el caso de las armas del Estado estas deben estar al servicio de la nación en los fines y propósitos, que les fija la Constitución Nacional para la defensa de la soberanía, la nación y las instituciones democráticas. Tercero, en el caso de las armas de la insurgencia, pueden seguir varias rutas: si lo que se establece es un armisticio, que no es muy factible que la sociedad colombiana lo acepte,  las FARC permanecerían con las armas en silencio y lo que garantizaría esto es su declaración pública de dejación de armas. Si no es este el caso, tampoco es el de que las FARC vayan a entregar las armas al Estado, pues esto sería considerado como un acto de derrota, lo que no está en los imaginarios de esta organización. No habrá entrega de armas al Estado a la manera de procesos anteriores. Existen dos posibilidades para sacar las armas del conflicto, una es que se recojan y se depositen bajo un protectorado internacional hasta que se decida que hacer con ellas. La otra es colocarlas en venta para que el Estado que esté interesado en comprarlas lo haga y los recursos se destinen al fortalecimiento de la organización política nueva y en el proceso de normalización.

Es necesario tener claro que no son las armas por si solas las que definen la guerra, es la intención de usarlas con fines políticos la que la definen. Si esa intención desaparece, desaparece la guerra. Cuando la intención aparece, aparecen las armas.

El tema de la Normalización es muy importante y ya las FARC lo vienen planteando conforme a los enunciados del acuerdo general que al respecto señalan: “Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil - en lo económico, lo social y lo político -, de acuerdo con sus intereses”. Este proceso debe garantizar a los miembros de la organización las condiciones para que se puedan incorporar con derechos y garantías al ejercicio de la vida social y económica en los territorios.

Las FARC han hecho una propuesta que es necesario tomar en consideración y eso no significa que tenga que aceptarse, pero tampoco, que tenga que descalificarse, es la referente a los territorios de paz, llamados Terrapaz. Es necesario que se haga una juiciosa reflexión y discusión sobre esta propuesta, en la que las partes estén dispuestas a acordar lo que es posible. En esos territorios de paz, llámense como se quieran llamar, debe ofrecerse la oportunidad en el proceso de normalización que se establezca las condiciones para que vivan con seguridad los miembros de la organización, construyan sus propios proyectos económicos y productivos y desarrollen el trabajo político organizativo que permitan hacer vida política en el país. Desde luego que deben desmilitarizarse esos territorios, porque ya no existe razones para la presencia militar, la guerra se acabo. Lo que no significa que el Estado debe dejar de existir y hacer presencia allí, con políticas de bienestar y seguridad.

Que durante el tiempo que sea necesario los miembros de las FARC, sobre todo las comandancias,  puedan contar con sus propios esquemas de seguridad constituidos por miembros de la organización, es viable, incluso hay amplias experiencias al respecto en la historia del país. No obstante es necesario señalar que ese personal debe ser reentrenado y articulado a la institucionalidad en la Unidad de Protección que está adscrita al Ministerio del Interior, porque serán trabajadores del Estado.

En síntesis, la normalización crea las condiciones institucionales, sociales, económicas y políticas para que en el pos-acuerdo los miembros de la organización puedan usufructuar sus derechos en las mismas condiciones que todos los ciudadanos del país. En ese proceso, las comandancias y el gobierno nacional, tienen una mayor responsabilidad de garantizar que las bases tengan una ruta de normalización cargada de garantías y opciones de vida digna.  

La movilización hacia la  Participación Política, en este periodo, es tal vez el mayor reto que tiene la organización para permanecer en la vida política de la nación a partir del pos-acuerdo. La crisis por la que atraviesa la izquierda tradicional los coloca frente a retos superiores en el que deben refundarse como organización y refundar la política como practica social en una concepción que les permita ser reconocidos y respetados como una nueva fuerza política en un escenario de luchas democráticas. La posibilidad de contar con un número de curules en senado, cámara, asambleas y concejos, durante al menos dos periodos,  resulta positivo para su consolidación como fuerza política. Pero su participación en la vida política y en la ampliación y profundización de la democracia, como ya lo han planteado no se reduce a eso.  


Diciembre 9 de 2015.